La pisoteada y viva voz de los poetas palestinos

Por Luis Figuera el 03/02/2016

Tawfiq Az-Zayyad fue tal vez el primer palestino que supo macerar y revalorizar la poesía popular de su país, y cultivar entre frondosos setos, los frutos de una poesía milenaria rica en resistencias contra la ausencia y el dolor, y donde la ansiedad se hizo un hermoso Pegaso que ligero galopa los abandonos de una patria que vive en la otra orilla de sus grandes ríos.

La poesía de Palestina le canta a la historia de un pueblo que camina en la oscuridad, apartado violentamente de sus más sagrados valores, o como dirían los árabes int-ta-fa-da arrojados violentamente de sí, expulsados espiritualmente de todo lo que represente su origen, es desde ese punto de vista un mosaico de sufrimiento perenne que habita en la memoria.

Pero también ha sido desde sus inicios de lucha y fe inquebrantable. A partir de los versos anónimos del joven poeta ahorcado en 1936. Hasta llegar a la vital y esplendorosa poesía de combate que se inicia en la década de los sesenta, y que como el proverbio árabe “somos como el olivo solo machacados damos lo mejor”, ha enseñado al mundo la fuerza volcánica de unos versos que nacen bañados en el perfume de los aceites sagrados e incendiados en los pechos de sus cantores que convierten fiestas, banquetes, bodas e incluso funerales, en verdaderos recitales de la más ejemplar y hermosa poesía de resistencia.

El pueblo Palestino libra así a través del canto de sus hijos, una terrible crucial y definitiva cruzada contra los últimos restos de la más horrenda forma de dominio colonial que ha conocido el mundo moderno, que priva al súbdito hasta de los derechos elementales en toda civilización: expresar su arte.

El canto de la joven poesía Palestina que creció de las ausencias y el dolor, y que ha podido dar voces magnificas como las de Darwish, Zayyad, Al Qasim o Touqan, que le enseñan al mundo moderno, tecnológico, euro céntrico y financiero, sentimientos de dignidad, forjados como filoso acero en los más bellos rincones del alma humana.

La poesía Palestina de la actualidad tiene en su rostro la huella de un pueblo, cuyo antecedente más cercano por afinidad espiritual, proviene de los grandes poetas árabes, que engendraron los lazos históricos de una nación, de un sentido de pertenencia enraizado en un pedazo de tierra que el maestro Darwish, sintetiza “Mi gente plantó sus tiendas en la arena/ y yo estoy despierto con la lluvia/ soy el hijo de Ulises el que esperó el correo del norte/ me llamó un marinero pero yo no partí/atraque la barca y subí a la cima de una montaña…”

El tema recurrente en los versos de poetas Palestinos, es el dolor espiritual en sus múltiples expresiones, el sentimiento trágico de la vida como diría Unamuno, parece haber nacido en este territorio, surcado por ríos transparentes, bañado por grandes y limpios cielos, apretujado en las plantaciones de olivo. Ese sufrimiento lo representa para el hombre común el sentido práctico de verse separado de sus raíces, de morir fuera de su terruño, lejos de sus infancias.

El drama de la separación hombre-tierra es sin duda una de las expresiones más trágicas que tiene que mostrar la poesía palestina “la tierra resquebrajada/ y los troncos de vuestros olivos/como nidos de búhos o de cuervos/ ¿Quién preparó este año la carreta?/ ¿quién laboró la tierra?…”

Los palestinos además de los combates históricos por su libertad, y para que se acabe la ocupación de su tierra, deben librar luchas prácticas muy dolorosas para poder difundir sus versos, Fadwa Touqan, es una poetisa encarcelada en su propio territorio, Salim Jabran, es uno de los poetas más importantes al cual se le prohíbe desplazarse fuera de Galilea. Sin embargo la fe inquebrantable y el amor de un pueblo es una especie de combustión para los grandes cambios que impulsa el alma humana.

Sólo quiero estar en su seno

Sólo quiero morir en mi tierra,
Que me entierren en ella,
Fundirme y desvanecerme en su fertilidad
Para resucitar siendo hierba en mi tierra,
Resucitar siendo flor
Que deshoje un niño crecido
En mi país.
Sólo quiero estar en el seno de mi patria
Siendo tierra
Hierba
O flor

Fadwa Touqan
(Perteneciente al poemario: La noche y los jinetes (1969).

Emigración

Todos se fueron
En la dirección de aquel lugar al norte
Donde la grama crece
Hasta la altura del pecho
Dejaron atrás de sí
Tiras de harapos de las ropas de sus hijos
Y el varal de sus carpas
Se fueron
Sus niños en los lomos de las mulas
Sus jóvenes cargando cestos
Y con los cencerros de sus ovejas
Ellos eran como una nube
Subiendo el cielo
Cuanto más ellos penetraban en la tierra
Tanto más se expandían sus sombras
Retornando en dirección a los campos
Sus perros estaban enmudecidos
Ellos debían pasar la migración, y entonces sentarse
Con sus ojos vigilando
El movimiento de las sombras
Cuando ellas corrían de vuelta
Como un rio oscuro.

Zakara Mohammed

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