La noche en que Antonio Armas no bateó

Por Luis Figuera el 05/01/2017

Su swing, que finalizaba con el bate en la espalda mostrando el número veinte, fue comparado por la fuerza, con el de Hank Aaron. Su entrega entre las rayas de cal no tuvo límites, llegando a jugar en nuestro país con un brazo lastimado, debido a un codo astillado, pero su sola presencia infundía temor a los lanzadores contrarios.

Los mexicanos decían que le daba con rencor a la pelota. Quienes seguimos su trayectoria recordamos aquel tablazo contra Mario Soto en la Serie del Caribe, o aquel laberíntico jonrón contra Kenh Forsch, su primero en LVBP; los batazos contra Luis Leal, una superestrella en aquel momento; o los duelos contra su compadre Luis Mercedes Sánchez, cerrador de los Angelinos de California.

Los aficionados de Oakland lo llamaban Tonydanger algo así como El explosivo Antonio. Fue además un apasionado del juego, respetuoso y cariñoso con los fanáticos, y nunca dejó de jugar en LVBP. Su capacidad de pelotero era tan asombrosa que jugaba center Filder y después Right Filder, siendo catalogado como un jardinero excelso que puso de moda esa idea de tirarse en slider y llegarle cómodamente a los batazos que otros atrapaban de cordón de zapatos, junto a David Concepción, que creo el tiro a primera rebotando la pelota en la grama, Marcano Trillo que hizo suyo el estilo de tirar por debajo del brazo y directo a la cabeza de los corredores, y Aparicio que popularizó el robo de base, son los venezolanos que han innovado en el Big Show.

La magnitud de héroe popular de Armas, llegó a ser tan profunda, que muchos fanáticos llegaron a prenderle velas, porque más allá de su calidad en el terreno, es un hombre de pueblo generoso, humilde que ha vivido su entrega al beisbol. El año 1981 fue convocado al juego de estrellas, siendo líder jonronero de la liga en ese momento. El mánager del equipo era el conocido Joe Altobelli, quien era considerado el mejor estratega esa temporada por aquello de utilizar dos equipos uno para los zurdos y otro para los derechos.

Aquel Estilo que Altobelli, impuso por tiempo muy breve en la MLB, fue un poco lo que Alfredo Pedrique, rubricó en la reciente temporada, al cambiar todos los días de Line Up, y de posición al bate a los jugadores, y que termino por causar molestias en un grupo de peloteros que buscaron cualquier excusa para solicitar su salida, aunque hay que hacer la salvedad que muchas veces lo hizo por necesidad.

Armas empezó el juego de las estrellas de 1981 en la banca, y muchos pensaban que saldría a batear un turno, buscando la conexión que lo catapultara, sin embargo nunca llegó, y lo más cerca que estuvo fue en el círculo de espera. Al otro día el revuelo de los aficionados contra el mánager, hicieron que éste lo llamara para preguntarle: “Tony, ¿que te hice? Los fanáticos me han llenado de cartas”.

Para muchos aficionados del Caracas, aquel bancazo era llamativo por estar tan reciente el recuerdo de Jim Leyland, piloto de mucha influencia en las mayores, y la disputa que se originó en Venezuela, con su despido de la jefatura de los Leones en la temporada 1980.

El Caracas parece siempre tomar un segundo aire cuando despide a un mánager, y en dos oportunidades ha llegado a ser campeón, la primera con el despido de Leyland, y la segunda con la sustitución de Omar Malavé. Sin embargo, esta vez el milagro o la recuperación no llegaron a tiempo, y el Caracas junto a su archirival, el Magallanes, acabaron eliminados en la primera ronda.

El Santo pelotero como una vez lo definieron en el apogeo de su gloria, parece alejado de la diatriba cotidiana, y la posibilidad de reestructuración del equipo melenudo, dedicado a su labor de instructor de bateo, enseñando a los jóvenes lo que significa la constancia y la disciplina. Nadie como él ha vivido las tempestades del club, el goce y los sin sabores, aún se recuerda aquella sprintada desde la primera base ante batazo de Greg Guinn , que termino dándole el triunfo a los leones y su posterior coronación en Hermosillo.

La re estructuración del Caracas además de ser un problema de revisión estratégica sobre el tipo de pitcher que se están criando en las granjas, y si ese prototipo es el más adecuado para una liga donde los lanzamientos quebrados predominan, los jugadores franquicia, el papel y la calidad de los técnicos de pitcheo, el rol de un verdadero liderazgo motivador en la cueva, debe empezar por rescatar el ejemplo del Santo Pelotero.

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