La escuela que enseña a las rusas a conseguir maridos millonarios

Por redaccionnyl el 26/02/2016

Lo único que quiere la rusa Elena Poriovska es un marido multimillonario. No le importa si es viejo, calvo, alcohólico, obeso o todo a la vez. No es el amor lo que le interesa a esa bellísima rubia de 24 años. Ella quiere estabilidad.

“Si es capaz de usar con inteligencia sus atributos, conseguirá lo que todas las jóvenes rusas buscan desde que desapareció la Unión Soviética: un oligarca”, afirma Vladimir Rasa, “profesor de amor” que imparte clases de sexo y seducción en Moscú .

Como Elena, son miles en todo el país. Se las llama gold diggers (buscadoras de oro) y están dispuestas a todo para conseguir al hombre que las sacará de la mediocridad.

En todo caso, ¿cómo no admirar un país donde las mujeres, espléndidas valkirias de estética impecable, caminan con tacos de 15 centímetros en la nieve como si fuera lo más natural? El secreto, al parecer, es moverse rápido sin jamás bajar la mirada y, sobre todo, practicar lo que los expertos llaman baby-steps: unos pasitos cortos como los que daba Betty Boop.

Después de semejante proeza, cualquiera podría creer que negociar un excelente matrimonio debe ser una trivialidad para las rusas actuales. Pues no es tan así, según Rasa. En la nueva Rusia capitalista, un país consumido por el afán de dinero y la búsqueda de estatus, “pescar” un candidato ideal es una aventura cada vez más complicada.

“Las mujeres buscan un marido que tenga avión privado, yate y un pozo de petróleo. No es imposible, pero para conseguirlo necesitan cualidades superfantásticas”, dice Verushka, otra profesora que sacude con gracia una cascada de bucles dorados, viste jeans negros como dibujados sobre un cuerpo de 1,80 metros y botas plateadas.

Mientras afuera el viento y el frío azotan, el subsuelo donde trabajan Vladimir y Verushka, muy cerca de la Plaza Roja de Moscú, se parece más bien a un sauna. Las candidatas al amor perfecto van para seguir cursos de “Cómo casarse en tres meses” o de “Sexo oral para expertos”.

“No usen alhajas en la primera cita. Él debe pensar que ustedes son pobres. Hay que inspirarle el deseo de comprarles joyas”, les explican. O también: “Contraigan los músculos de la vagina. Esto provocará una dilatación de las pupilas que las hará más atractivas”. Las chicas toman notas con aplicación.

Como Elena, otras 40 jóvenes desembolsaron unos 300 euros por seis semanas de cursos nocturnos donde aprenderán -entre otras cosas- buenas maneras, rudimentos de cultura general y cómo manipular a un hombre rico. Y, según Verushka, el famoso baby-trot consigue que oligarcas como Roman Abramovich levanten la mirada y presten atención.

Las escuelas de seducción son una de las nuevas -y muy lucrativas- actividades comerciales imaginadas para ayudar a las mujeres a hacerse un sitio en la Rusia poscomunista.

En este país, muchos empresarios no quieren emplear mujeres, convencidos de que las obligaciones familiares les impedirán cumplir con sus tareas correctamente. Aquellas que tienen la suerte de obtener un trabajo reciben un salario 60% inferior al de los hombres, según un informe de la ONG rusa Human Rights House.

Ahora, en un país donde la distancia entre ricos y pobres es gigantesca, hallar, atraer y “cazar” a un rico se transformó en una auténtica industria.

Todo empezó cuando el sistema económico soviético estalló en mil pedazos, permitiendo la emergencia de una clase de oligarcas multimillonarios que se apoderaron de los recursos naturales del Estado y se lanzaron frenéticamente al mundo de los negocios.

Por otra parte, y tal vez como reacción a la época soviética, cuando las mujeres padecían a la par de los hombres el sistema totalitario de las industrias estatales, muchas jóvenes prefieren en la actualidad casarse con un millonario que tomarse el trabajo de hacer dinero por cuenta propia.

“¿Por qué una mujer tendría que matarse trabajando? Eso es cosa de hombres”, dice Vladimir Rasa. Sus alumnas asienten.

La actividad de una bella amante moscovita se cotiza en unos 4000 euros mensuales en efectivo, un departamento nuevo, un auto y largos fines de semana en Turquía o Egipto. A cambio, la escort girl debe estar disponible para su sugar daddy cada vez que él lo dispone: siempre feliz e imaginativa.

Desde la época en que Mikhail Gorbachov aplicó su famosa política de glasnost(transparencia), no sólo florecieron escuelas como la de Vladimir y Verushka; también hay películas, shows de televisión y libros. Todos giran en torno a la alegoría de la Cenicienta. Novelas donde chicas encuentran felicidad y seguridad en los brazos de hombres ricos, de preferencia maduros? Internet está lleno de ofertas de escuelas que, de Moscú a Siberia, enseñan a las mujeres cómo lograrlo por tarifas que varían entre 200 y 2000 euros.

La contratapa de un popular manual de autoayuda, coescrito por la it-girl rusa Ksenia Sobchak -hija del ex intendente de San Petersburgo-, dice: “Hay suficientes oligarcas en Rusia para conquistar. El equipamiento necesario: una sonrisa, sentido del humor, optimismo y fervor. ¿Casarse con un príncipe? Es fácil”.

Probablemente Ksenia exagere. En la última década, el presidente ruso, Vladimir Putin, se encargó de perseguir, encarcelar y exiliar a muchos de los hombres más ricos del país. Es verdad que, según Vladimir Rasa, todavía quedan unos 50 multimillonarios, 120.000 millonarios y varios miles de señores muy acomodados.

Toda esa “gentry” masculina no titubea cuando se trata de gastar. Aunque muchos se hayan llamado al recato desde que Occidente aplicó una serie de sanciones contra los allegados a Putin por su política en Ucrania, la mayoría sigue tirando fortunas por la ventana en los clubes nocturnos más exclusivos de Moscú, viajando en jets privados a los Alpes y recorriendo las aguas azules del Mediterráneo en suntuosos yates.

Rusia tiene incluso su mago oficial para formar parejas fuera de lo común: Piotr Listerman, un sulfuroso personaje medio gurú, medio mafioso, organizador de encuentros en las esferas más altas de la oligarquía postsoviética, mezclado en sombríos escándalos de corrupción de menores. Dicen los iniciados que no hay pareja del top-10 formada en los últimos 15 años en la que Listerman no haya intervenido.

Cuando no está recorriendo bares y estaciones de esquí, Listerman actúa en un programa de televisión llamado Las bellas y la bestia, mientras maneja su imperio por teléfono e Internet. Según afirma, recibe unos 200 correos electrónicos diarios de mujeres que le piden ser presentadas a algún magnate. También se jacta de tener en su base de datos “unos 500 candidatos extremadamente ricos”. Dice que se reúne personalmente con cada joven que le llama la atención y arregla discretas citas con los oligarcas interesados.

“Al día siguiente la llamo para que me dé un informe. Y también lo llamo a él. Después? enciendo un cigarro, me sirvo un whisky. Y me siento como un dios”, confiesa.

Entre los milagros públicos de Listerman se cuenta la boda y el subsecuente divorcio de Ilya Golubovich, hijo de uno de los magnates del petróleo ruso, con la bella estudiante ucraniana Elena, concretado en 2011.

Elena nació en Donbass, una región minera de Ucrania ocupada por los padrinos de la mafia en los años 90. Su madre tenía allí una peluquería y Elena decidió seguir sus pasos. Pero el negocio quebró y, a los 20 años, la joven llegó a la capital rusa sin un centavo y empezó a trabajar como stripper en un casino, el Golden Girls. Allí conoció a Ilya Golubovich. Se enamoraron, vivieron juntos un tiempo y se casaron. Un año y medio después, la corte de apelaciones en Londres pronunció la sentencia de divorcio y le adjudicó a la bella Elena la módica suma de 2,85 millones de libras esterlinas (unos 4,37 millones de dólares).

Elena se transformó en el ídolo absoluto de las pretendientes a geishas. Una de sus admiradoras es Ilena Kurkova. Mientras recorre la sala con tres libros en la cabeza para aprender a “mantener el porte”, esa espectacular sirena de 1,78 metros, cabellos rubios, sonrisa despampanante y piernas interminables declama de memoria los principios de marketing que le repiten en la escuela de la mañana a la noche: “En el comercio, hay que estar siempre atenta al deseo del consumidor. Ese principio se aplica a la búsqueda de un millonario”.

“En la primera cita hay algunas reglas fundamentales: jamás hablar de una misma y estudiar sus pasatiempos, de esa forma después habrá temas de conversación”, enumera.

-¿Y cómo se hace para conseguir que el candidato comience a hacerte regalos?
-Cuando hay algo que te interesa, te colocas a su izquierda, que es su lado emocional. El costado derecho es el racional, allí hay que ubicarse para hablar de negocios -dice con la seguridad de una Mata Hari.

Ilena todavía no consiguió la perla rara, pero no se desalienta. Su amiga -y abuela de 60 años- Ella Gorlanova también se graduó en la escuela de geishas y terminó encontrando a su quinto marido. “Eso me llena de esperanzas”, dice la joven.

“Mis maridos anteriores siempre dependieron de mí”, confiesa, por su parte, la escultural Ella, una empleada gubernamental. Cuenta que, cuando se incorporó a los cursos, ya salía con un señor que parecía decididamente generoso. “Lo mejor que aprendí aquí fue a nunca decir que no. Y funcionó muy bien”, reconoce. No sólo se casó con ella, sino que comenzó a hacerle fantásticos regalos: “Un televisor plasma y un auto para mi cumpleaños”.

Las mujeres casadas también van a buscar consejos al sótano de Verushka y Vladimir para conservar al hombre que ya tienen.

“Después de nueve años de vida en común, mi marido dejó de mirarme”, dice Olga Unbegan, una atractiva pelirroja de 37 años, que trabaja en una agencia inmobiliaria.

Olga se inscribió en el curso “Cómo hacer volver la luna de miel”, que incluye tanto consejos sexuales “avanzados” como formas de poner un poco de picante a la vida cotidiana.

“Antes, sólo vestía con jeans y chatitas. Después comencé a comprar minis, tacos altísimos y a maquillarme”, dice. Combinado con sus nuevas capacidades eróticas, el efecto en su marido fue aparentemente instantáneo: “No solo está mucho más atento y cariñoso, sino que me da todo lo que le pido”, concluye, con un guiño de satisfacción.

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