La desgarradora vida de Marcos Ana, el poeta que pasó 23 años en una cárcel de Franco

Por redaccionnyl el 22/08/2017

Marcos Ana (1920 – 2016) escribió versos secos, calientes y evocadores. Marcos Ana no era su verdadero nombre, sino los de sus padres. Se puso así para recordarles en la cárcel donde pasó 23 años desde 1939 por delitos que no cometió.

En la prisión descubrió su tendencia hacia la poesía. Sus versos influyeron a los revolucionarios españoles y también a artistas como Roberto Iniesta, de Extremoduro. Iniesta fundó en 1987 en Plasencia (Cáceres) el grupo Extremoduro. Marcos Ana tenía entonces 67 años, hacía 25 que había salido de la cárcel y 48 años desde que fue condenado a muerte dos veces.

Su mensaje, cuando fui a entrevistarle con 94 años, seguía siendo el mismo que llevó por el mundo desde que salió de prisión: que vale la pena luchar y que el odio es como llevar una piedra en el bolsillo. El poema en el que se inspiró Extremoduro fue Decidme cómo es un árbol, pero en Mi corazón es patio emergen todos los años de soledad en una prisión:

De sus inicios poéticos, Marcos Ana cuenta: “Fue en una celda de castigo donde inicié una creación adolescente y temblorosa. Los amigos me pasaron lecturas, introduciendo en mi petate unas hojas suelta con poemas de Alberti, Neruda, Machado… Los leía y releía mil veces. Me los aprendí de memoria y me los recitaba en voz alta, llenando de ritmo y de imágenes la soledad y el silencio de mi celda. Y en aquel clima, comencé a escribir, o a construir memorizando, sin apenas conocer la carpintería del poema, dejándome llevar por una cadencia musical que subía de mí mismo”.

Marcos Ana salió a la vida en 1962 y lo primero que descubrió es que su costumbre a los espacios verticales le impedía admirar el campo abierto. Vomitaba contemplando la línea del horizonte. Su adaptación a la libertad fue penosa, pero muy intensa: conoció a Rafael Alberti, al Che Guevara, a Pablo Neruda. Viajó por el mundo y apenas conocía a las mujeres. Llevó el mensaje de la paz y su ideal comunista a la tierra de Salvador Allende. Conoció a su mujer, que se llama Vida, y tuvo a su hijo, Marcos.

Los pasos del funcionario

Los últimos versos del poema Decidme cómo es un árbol dan cuenta de la soledad y la represión que sufrió Marcos Ana en la cárcel: “no puedo seguir, escucho los pasos del funcionario”. Más de dos décadas encarcelado borran el paisaje natural de un hombre: decidme, reclama, cómo es un árbol. Entre paredes, los pasos de un funcionario del régimen de Franco.

Decidme cómo es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire.

Recitadme un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre,
decidme cómo es el beso de una mujer,
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo.

¿Aún las noches se perfuman de enamorados
tiemblos de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa,
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa?

22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas,
su olor, su aroma,
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.

Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron.

No puedo seguir:
escucho los pasos del funcionario.

Te juzgarán solo por tus errores (yo no)

En 1989 Extremoduro publicó el álbum Rock Transgresivo. Se reeditó en 1994 con nuevas piezas, en especial la pista número 9 del casete. La canción inspirada en Marcos Ana pudo pasar desapercibida porque no se incluyó en la edición original de Rock Transgresvio. Además era un tiempo en que las canciones más comerciales se ponían en las primeras posiciones de la cinta. Era difícil llegar a voluntad hasta las últimas, a no ser que se estuviera en un largo trayecto en coche. No existía ni el discman, que facilitó la tarea a quienes no escuchaban todo el trabajo de un artista.

La canción se tituló Te juzgarán solo por tus errores. Fue algo distinto al rock de la banda. Unos coros inquietan los versos principales, surge alguna rabia y alguna acusación evocadas con ironía sobre la dictadura: por tantas piedras y fuego que puso sobre las voces críticas que se pronunciaban sobre la libertad. “Talad, talad, que no descuelle el corazón de música oprimida”, canta Iniesta: “Si se arranca a volar, gritadle a voces su culpa: ¡que recuerde!”, “Si hay un hombre que tiene el corazón de viento, llenádselo de piedras y hundidle la rodilla sobre el pecho”.

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