La desconcertante historia del autor del ‘Alma Llanera’

Por redaccionnyl el 14/03/2016

En Francia asumen el malditismo de sus artistas con orgullo y mito; en España y América Latina prefieren que los poetas, pintores y escultores sean santos o que no sean nada.

Así, si algún escritor en lengua castellana resulta ser “raro” en alguna de sus facetas humanas, será muy difícil que entre en el canon de la biblioteca familiar. Esa denuncia ya la hizo Paco Umbral al referirse a García Lorca: cuenta que una vez quiso hablarle a un hermano del poeta sobre la homosexualidad del bardo, y que eso disgustó al doliente al punto de no volver a dirigirle la palabra a don Paco.

 
 

En Francia, sin embargo, como notó el mismo Umbral, les encantan los pecados de sus poetas y se emocionan al narrar, por ejemplo, los encuentros sexuales entre Rimbaud y Verlaine como parte de esa circunstancia humana que acompañó a los grandes cerebros.

En Venezuela desde hace un siglo ocurre una injusticia de esa naturaleza. Toda la cultura del país celebra con entusiasmo una vez al año el nacimiento del compositor Pedro Elías Gutiérrez para recordar el segundo himno nacional del país: el “Alma llanera”.

Pero Gutiérrez solo le dio música a una letra del brillante Rafael Bolívar Coronado, personaje oscuro de la historia venezolana: estafador inusual, enemigo de poderosos; un tramposo de película que Francia soñaría tener entre sus hijos, pero que nació venezolano.

Pese al éxito que tuvo el “Alma llanera” desde su presentación en 1914, Rafael Bolívar Coronado consideraría años después: “De todos mis adefesios, es la letra del Alma Llanera del que más me arrepiento”.

Bolívar Coronado jamás percibió, en los años posteriores, dinero alguno por la letra de la composición, ya que Pedro Elías Gutiérrez se atribuyó la autoría, aunque varios años después sus familiares cobrarían tales derechos.

En lo que sí le sirvió a Bolívar Coronado la letra del “Alma Llanera” fue en una beca para estudiar en España que le dio el dictador Juan Vicente Gómez como premio por su talento. Pero una vez en Europa, el joven se convirtió en el más activo antigomecista desde el exilio.

Aquella posición política en contra de su gran benefactor lo dejó sin dinero y sin trabajo, por lo que decidió convencer al poeta poeta Francisco Villaespesa de que lo dejara trabajar como corrector en la revista Cervantes, de donde fue despedido poco después tanto por los errores ortográficos en su trabajo, como por pasar algunos escritos propios como si fuesen de insignes escritores latinoamericanos.

Luego consiguió trabajo de copiador de manuscritos en la Biblioteca Nacional de Madrid para la Editorial América, propiedad de su compatriota Rufino Blanco Fombona.

Sin embargo, Bolívar Coronado nunca asistió a la biblioteca, limitándose a inventar cinco crónicas firmadas como Fray Nemesio de la Concepción Zapata, Maestre Juan de Ocampo, F. Salcedo Ordoñez, Diego Albéniz de la Cerrada y Mateo Montalvo de Jarama. Estas falsificaciones fueron descubiertas por el escritor e historiador venezolano Vicente Lecuna debido a la presencia de estructuras de redacción y vocablos, inexistentes en la época en que presuntamente se escribieron.

Gracias a su habilidad para copiar estilos, hizo pasar por legítimos desde poemas hasta crónicas imaginarias de la conquista de América. Muchas de estas obras fueron publicadas por “Editorial América”, que desconocía la falta de autenticidad de estas.

Lecuna avisó a Blanco Fombona, quien, tras cotejar los libros contra los de la biblioteca en Madrid, confirmó que no eran iguales. En la editorial también consiguió obras falsas como El llanero (Estudio de sociología venezolana) de Daniel Mendoza, Letras españolas, primera mitad del siglo XIX de Rafael María Baralt y Obras científicas de Agustín Codazzi, entre muchas otras, incluyendo trabajos supuestos del mismo Blanco Fombona, Andrés Eloy Blanco, Andrés Bello, Juan Antonio Pérez Bonalde, Juan Vicente Gómez, Pío Gil, José Antonio Calcaño y Arturo Uslar Pietri, entre otros.

En total, Coronado utilizó alrededor de 600 nombres, entre falsos y verdaderos, para firmar sus escritos, que incluyeron además antologías de poetas que nunca existieron. Las falsificaciones de Bolívar fueron reveladas en Venezuela en un aviso anónimo publicado en la revista venezolana “Billiken” en su edición del 6 de diciembre de 1919.

El aviso denunció la edición de un libro con un prologo de Luis Felipe Blanco Meaño (hermano de Andrés Eloy Blanco) que este nunca escribió.

En sus escritos más personales, Bolívar Coronado justificó sus acciones como asunto de necesidad.

Descubierto su engaño, Bolívar Coronado se ganó la enemistad de Rufino Blanco Fombona, quien lo persiguió por toda Europa, sin éxito. En su fuga, obtuvo empleo como corresponsal de guerra en África. Nunca realizó el viaje, pero escribió crónicas con las informaciones que lograba recoger en el puerto.

Finalmente, sin mayores recursos económicos, murió en Barcelona, España, como consecuencia de una epidemia de gripe, el 31 de enero de 1924.

A Rafael Bolívar Coronado no lo perdona el olvido, y aunque ya quedó demostrado que Pedro Elías Gutiérrez quiso aprovecharse de su mala fama para quedarse con todo el mérito del “Alma Llanera”, hay que seguir reivindicando el paso por la tierra de aquel escritor que hizo muchas cosas malas y que se arrepiente solo de la única cosa buena que hizo.

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