La carne que nos humaniza: interpretación del Ulises

Por redaccionnyl el 02/02/2016

Carolina Estrada Gutiérrez

Atrapado en una dicotomía eterna, que lo sume en la permanente lucha de los sentidos contra el espíritu, el hombre es alma y cuerpo. Pareciera que su alma se halla prisionera, cercada por las fronteras dolorosas e impúdicas de un cuerpo que lo mismo besa que ama, hiede que siente. Es a través del cuerpo como nos comunicamos con el exterior, pero es también el cuerpo la jaula que encierra al alma y que la aisla del exterior, impidiéndole, quizá, fundirse con el todo.

Ulises de James Joyce, es una obra cumbre de la literatura. Mucho se ha dicho, escrito y se seguirá analizando al respecto, probablemente sin que sea posible nunca llegar a agotarla. Sobra hablar de la complejidad y riqueza de la obra. La interpretación, sin embargo, es un ejercicio siempre vigente, siempre necesario, porque al interpretar nos humanizamos, al dar sentido a lo que acontece a nuestro alrededor. La interpretación de una obra como ésta es un ejercicio vital de reconocimiento de lo humano, nos permite hallar las claves individuales para descifrar la esencia de lo que nos hace hombres. Ulises lo mismo nos demuestra que los héroes somos cada uno asumiéndonos como protagonistas de nuestra vida por minúscula e insignificante que parezca, que nos revela la importancia de las más pequeñas y hasta despreciables cosas. Comprendemos, a través de sus páginas, la importancia de los fenómenos cotidianos, esos que nos llevan a construir y poblar nuestros mundos interiores despertándonos ideas, que con su existencia crean universos regidos por sus propios códigos y que tienen sentido incluso a través de su propio lenguaje. Porque el lenguaje, en cierto modo, es una construcción universal que cobra sentido sólo en lo individual, en los procesos de interpretación simbólica que cada uno realizamos. ¿No está la obra plagada de palabras creadas por los propios personajes?, ¿no es eso lo que hacemos constantemente incluso con las palabras que ya existen? Hablamos un lenguaje que hemos aprendido, pero lo hacemos nuestro y es diferente en cada uno a pesar de ser el mismo.

A fin de realizar un ejercicio de interpretación que pueda ser abarcado por un comentario literario a la vez profundo pero concreto, este análisis se limita a tratar el tema del cuerpo, de la carne como su metáfora, partiendo del siguiente párrafo de la obra:

El señor Bloom señaló en seguida [sic]. Apurarse y caminar detrás de ella si iba despacio, detrás de sus jamones en movimiento. Agradables como primera vista de la mañana. Apúrate, maldito sea. Hay que aprovechar la ocasión. Ella se detuvo bajo el sol a la puerta del negocio, y comenzó a andar luego perezosamente hacia la derecha. Él suspiró con la nariz: ellas nunca entienden. Manos sodaagrietadas. Uñas de los pies encostradas también. Escapularios castaños en jirones, defendiéndola por los dos lados. El aguijón del desprecio se enardeció para debilitar el placer dentro de su pecho. Para otro: un alguacil fuera de servicio la abrazó en Eccles Lane. A ellos les gustan de buen tamaño. Salchicha de primera. Oh, por favor, señor policía, estoy perdida en el bosque.

Leopoldo Bloom ha entrado en la carnicería buscando un riñón, sumido en sus pensamientos, dando saltos mentales de una cosa a la otra, oliendo y deleitándose con la carne exhibida en el lugar. Mientras lo atienden, entra en la carnicería una mujer, quien compra unas salchichas. Inmediatamente después de atenderla, el carnicero pregunta a Leopoldo qué desea. Él responde rápidamente y sin dudarlo pues, como puede leerse en el párrafo, desea salir corriendo detás de la muchacha para seguir deleitándose con sus carnes.

La carne es pues, protagonista de esta imagen y es el vehículo a través del cual Joyce plantea al lector el peso de los opuestos: de lo tangible e intangible, de la materia y el pensamiento, del cuerpo y el alma. Carne, carnemuerta que escurre en un plato “saucedecorado” ; carne también viva, que da al protagonista el placer de deleitarse con las formas de lo femenino. La carne, la materia misma de lo que estamos constituidos. La carne alimenta, la carne sostiene, pero también hiede, la carne muere y se pudre. La carne inerte significa la muerte, la caída de lo vivo, pero no hay vida sin muerte y lo que ha muerto, cuando aún está fresco, es el vital alimento para el que vive. Estamos pues ante dos vertientes psicológicas de un fenómeno orgánico. En primera instancia está la carne como alimento, la carne que Leopoldo busca para el desayuno mientras Molly, su esposa, se ha quedado recostada en su casa esperándolo. El símil es inconfundible: el hombre que sale de caza para llevar a su tribu el alimento que requiere para vivir. En segundo plano está la carne de lo femenino, la carne que se bambolea provocativa y que le recuerda que también tiene otro tipo de instintos. La carne plantea aquí una dicotomía que al final acaba mostrándonos que el hombre está hecho de instinto y pulsión y que es lo intangible, el pensamiento, el juicio, las convenciones sociales, lo que lo contiene.

Una vez establecido esto, vayamos frase por frase para descifrar el mensaje de Joyce: “Apurarse y caminar detrás de ella si iba despacio, detrás de sus jamones en movimiento.” La voz narrativa en este párrafo se da en tercera persona. El narrador describe fluidamente la escena, lo cual se logra a través del empleo de verbos que en modo subjuntivo e infinitivo dan cuenta de lo que debe hacer Bloom para alcanzar a la muchacha que le interesa: “apurarse” y “caminar”, como si estuviera cazando, sin perder de vista a su presa pero sin correr, sin emprender ninguna acción abrupta. El modo subjuntivo e infinitivo, sin embargo, obedecen a la traducción y, sin duda, ponen el nivel de la acción en una perspectiva diferente al de la versión original, quizá preparando al lector para el monólogo interior en segunda persona que viene a continuación. Esto permite que el lector sea trasladado a un nivel distinto dentro del mismo discurso narrativo: el nivel de los pensamientos de Bloom. En la versión en inglés, Joyce dice: “Mr Bloom pointed quickly. To catch up and walk behind her if she went slowly, behind her moving hams.” Jamones, no nalgas, pompas, glúteos… jamones, como los de los jabalíes salvajes, como los de los cerdos. Y si el símil todavía no es fuerte, añade la frase: “Agradables como primera vista de la mañana” . ¿Cuándo es el momento más propicio para ir a cazar? A primera hora de la mañana la necesidad apremia y también los instintos están despejados, aún no clarea suficiente para que el sol caiga pesado y agobie, por lo cual no sería errado pensar que a esa hora es propicio salir de caza. Por otro lado, durante ese momento del día todo está más fresco. Joyce no escogió la tarde o la noche, escogió la mañana, cuando recién abrimos los ojos y todo se nos muestra claro y fresco, lo cual remite a la juventud de la joven a cuyos jamones se refiere. De acuerdo con el símil, los suyos deben ser unos jamones firmes y juveniles.

“Apúrate, maldito sea. Hay que aprovechar la ocasión”. En la versión en inglés se lee “Hurry up, damn it. Make hay shile the sun shines.” Las diferencias entre la versión original y la traducción de Salas Subirat muestran un fenómeno interesante: Leopoldo no maldice al carnicero, pero tampoco dice “maldito sea”, dice en realidad una suerte de maldición que no va dirigida a alguien en específico, sino a la situación. “Damn it” es una expresión indefinida que Salas Subirat, a fuerza de traducir de manera literal y debido a las diferencias en el uso de los pronombres personales del inglés y el español, se ve forzado a traducir como “maldito sea”, dejando la maldición indefinida entre una lengua y otra, ya que lo escrito por Joyce no significa que maldice al carnicero, pero tampoco se sabe a ciencia cierta qué maldice, de ahí el sentido extraño de la expresión “Apúrate, maldito sea”: ¿quién? Definitivamente no el carnicero, pues no dice “maldito seas”, ¿entonces? El lector no puede estar del todo seguro. En cambio, de haber dicho “maldición”, quizá el enunciado habría tenido un sentido más cierto. Por otro lado, al decir “apúrate”, la acción se traslada a un nuevo nivel narrativo, el de la segunda persona en monólogo interior, lo cual nos lleva directamente a los pensamientos de Bloom. Por tanto, aunque a nivel gramatical la frase no tenga sentido, las palabras y el modo en que fueron dispuestas están justificadas, pues cuando pensamos no necesariamente hilamos frases gramaticalmente perfectas.

La frase “Make hay shile the sun shines”, es un dicho popular inglés.Es una forma de decir que hay que aprovechar todo lo que se pueda mientras que el sol esté presente y forma parte de la jerga del campo. A nivel narrativo sirve para reforzar la prisa que quiere transmitirnos Joyce, la impaciencia de Bloom por salir tras su presa.

Las siguientes frases: “Ella se detuvo bajo el sol a la puerta del negocio, y comenzó a andar luego perezosamente hacia la derecha. Él suspiró con la nariz: ellas nunca entienden.” La acción va aquí de uno a otro tiempo verbal: “se detuvo”, voz subjuntiva en pasado; “comenzó”, indicativo en pasado; “andar”, infinitivo; “suspiró”, pasado en modo indicativo; para rematar con una voz en presente indicativo: “entienden”. En la versión en inglés se lee: “She stood outside the shop in sunlight and auntered lazily to the right. He sighed down his nose: they never understand.” La voz narrativa va de pasado a presente. Las acciones nos sumen también en la dicotomía que se plantea como signo principal del párrafo en su totalidad y la idea de oposición que entraña. Vamos de un tiempo al otro y de un nivel de acción a la otra, así como del ambiente narrativo exterior a la mente del personaje protagonista. Ahora bien, a nivel discursivo, a qué se refiere el autor, ¿quién no entiende y qué no entiende? Leopoldo ve a la muchacha ir lento, como si algo estuviera esperando, y esa visión le provoca una reacción: un suspiro que da lugar a la expresión “they never understand”, ¿las muchachas? ¿Quiénes? Hasta antes de esa imagen, Leopoldo estaba molesto con el carnicero que no parecía coincidir con sus necesidades. De pronto, toda su atención se centró en la muchacha que comienza a caminar de forma lenta, para entonces declarar que ciertas personas nunca entienden. Sin duda, la traducción afecta el discurso de Joyce. ¿Por qué Salas Subirat infiere que se refiere a las mujeres, al género femenino en general? Me inclino mucho más a pensar que quienes no entienden son los comerciantes en general, la gente que trabaja en una tienda y que no tiene atención por la prisa de sus clientes. Es posible notar que la salida que Salas Subirat encuentra para manejar las diferencias de sentido entre una lengua y otra es el empleo del modo subjuntivo que, sin embargo, tiende a trasladar al lector a un nivel discursivo distinto al que quizá originalmente planteó el autor y que confiere a la obra en español características particulares.

Lo que viene a continuación es una descripción de la muchacha: “Manos sodaagrietadas. Uñas de los pies encostradas también. Escapularios castaños en jirones, defendiéndola por los dos lados.” En el original en inglés versa: “Sodachapped hands. Crusted toenails too. Brown scapulars in tatters, defending her both ways”. La expresión “sodachapped” es un neologismo de Joyce, es parte de ese lenguaje personal de Leopoldo, que va por la vida, como todos nosotros, volviendo al lenguaje su propio código ?trátese de la lengua que sea?, creándolo de manera constante no sólo al darle vida a nuevas palabras, sino al interpretar las que éste mismo posee. El bicarbonato es un polvo que contiene sal, sodio, y que se emplea para cocinar; disuelto en agua, también para limpiar. La palabra “chapped”, de la que también está compuesto este vocablo, hace referencia a una condición de la piel que la pone roja, seca y agrietada . Unas manos “sodachapped”, o “sodaagrietadas” como traduce Subirat, son las manos de alguien que trabaja limpiando, como las trabajadoras domésticas que emplean cloro para fregar y lavar y cuyas manos son inconfundibles después de un tiempo. Las uñas de los pies encostradas nos remiten a una imagen más de pobreza y trabajo, de inferioridad social: para poder ver sus uñas, la muchacha debía estar descalza o calzando algún tipo de sandalia que dejara al aire sus dedos. Si pensamos que la novela estaba ambientada en Dublín, no es errado suponer la muy baja condición de la mujer que con el clima de esa ciudad debió andar descalza y cuyas uñas se habían encostrado por la falta de cuidado y quizá también por el tipo de labores que realizaba. El escapulario en jirones habla de nueva cuenta sobre quién es esa muchacha. Los escapularios tienen por fin proteger a las personas, son una suerte de amuleto que alimenta la superstición católica. De acuerdo con la teoría popular, no debe quitarse nunca y deben cubrir por delante y por detrás a la persona ?de lo que viene y de lo que ha dejado atrás?, lo cual hace comprensible que el de la muchacha esté hecho jirones. El escapulario además, sirve para reforzar la imagen de pobreza y baja condición social de la joven, que depende de supersticiones para sentirse segura.

Todo lo que Bloom ha visto de la muchacha lo hace despreciarla, mirarla hacia abajo y disminuir su gozo: “El aguijón del desprecio se enardeció para debilitar el placer dentro de su pecho. Para otro: un alguacil fuera de servicio la abrazó en Eccles Lane. A ellos les gustan de buen tamaño. Salchicha de primera” . Una vez más la mujer se transforma en un objeto, al nivel de la carne que le está vendiendo el carnicero. Sin embargo, no será para él, es demasiado tosca, demasiado rústica y es otro, como el alguacil que es rudo y también de baja condición, quien se la comerá. Al final, para Leopoldo es a gente de su tipo a la que le gustan las mujeres así: toscas y vulgares, pobres pero de primera, indudablemente. Son mejores carnívoros los alguaciles que él mismo. Por otro lado, en esta frase nuevamente encontramos la dicotomía que desde un inicio se ha señalado: las palabras “desprecio” y “placer” nos refieren a significados distintos y contrapuestos sobre lo que Leopoldo siente por la muchacha. Estamos a un nivel corpóreo en el que las sensaciones son tan despreciables como placenteras: como ir al baño y defecar o incluso como pudiera llegar a ser el acto sexual mismo. El cuerpo miserable, caduco y que perece, es un foco de desprecio y deshonra y al mismo tiempo es el templo máximo del placer y el delirio.

“Oh, por favor, señor policía, estoy perdida en el bosque” en un diálogo imaginario, es un nivel discursivo más en el que es capaz de sumergirnos el narrador tan solo en un párrafo. Se trata de lo que Bloom cree que diría la muchacha para coquetear a su alguacil, lo dice imaginándolo con un tono de sarcasmo y burla hacia su condición.Si no puede tenerla, entonces hay que despreciarla, para que el placer que se ha perdido sea menos doloroso. Sin duda, el alguacil ha demostrado ser mejor cazador que Bloom. Él se consuela por la pérdida de su presa en la baja condición de la muchacha y de quien la ha ganado. Usa los convencionalismos sociales como un escudo que de algún modo protege su hombría salvaje y palia su desventura institiva.

Después de que la muchacha se va, Bloom es por fin atendido, el carnicero le entrega la carne y, para rematar la lentitud con la que lo había atendido, toma moneda por moneda y las mete en el cajón. Bloom lo mira de reojo con furia, pero al mismo tiempo se consuela pensando que la presa no era lo suficientemente valiosa para ir tras ella. Después de resolver aquello, su mente se ocupó en cosas más propias de un hombre como él: negocios.

Algunas páginas más adelante, Leopoldo vuelve a dar rienda suelta a sus pulsiones sexuales, ésta vez, en cambio, es una mujer de mucha más clase la que llama su atención y a quien encuentra en una situación diametralmente distinta. Veamos:

“Ella permanecía quieta, esperando, mientras el hombre, esposo, hermano, parecido a ella registraba sus bolsillos en busca de cambio. Elegante estilo de tapado con ese cuello arrollado, caluroso para un día como éste, parece un género de frazada. Despreocupada postura de ella con las manos en esos bolsillos sobrepuestos. Como esa desdeñosa criatura en el partido de polo. Las mujeres son pura clase hasta que se toca el punto. Hermosa es y bien se arregla. Reserva próxima a desaparecer […]”

¿Qué hombre es éste que nos presenta Joyce? Es un hombre que mira, sin ningún reparo, los atributos físicos de una mujer, al que no le importa ningún convencionalismo cuando se trata de deleitarse, pero que se escuda en éstos cuando se trata de defenderse, de consolarse por lo que de cualquier modo no puede tener. A través de la carne, Joyce nos lleva a lo más esencial de nuestra naturaleza, nos permite verla tal como es y contemplar los instintos que nos rigen. La sexualidad es un instinto, pero a fuerza de mantenerla controlada, la sociedad ha creado reglas y convencionalismos para contenerla.

Leopoldo es un hombre común, muy común, un hombre que es capaz de ver a una mujer con lascivia y deleitarse visualmente con sus formas a placer. Un hombre que se permite cualquier pensamiento hacia ella, que sin conocerla infiere las más aventuradas ?y quizá ciertas? conclusiones sobre su persona. Imagina que es una mujer vulgar, coqueta y de fácil trato, capaz de sentirse atraída por el uniforme de un simple alguacil. No le importa quién es cuando le ve las nalgas, porque todas las mujeres, al fin y al cabo, tienen nalgas. Se deleita sin pensar en convencionalismos sociales, pero poco a poco, mientras va reconociendo a su presa, identifica y cataloga lo que tiene enfrente, para emplear ahora sí un convencionalismo social para juzgarla y dar al traste a su deleite. El hombre primitivo, en el lugar de Leopoldo, poco o nada habría reparado en las manos y pies de su presa. De haber tenido la oportunidad, se hubiera lanzado tras ésta sin ningún problema. Otras quizá habrían sido sus consideraciones, como el tamaño de sus pechos o la salud de sus dientes. ¿Qué nos dice pues Joyce con esta simple y pequeña escena..?

Somos carne, somos también un instinto, un instinto que ha sido contenido por la razón, que en la colectividad es controlado por los convencionalismos sociales, pero que a pesar de ello, sigue latente, sigue siendo parte de nuestra vida y que tarde o temprano, en uno o en otro momento, termina por salir a flote.

Fuentes consultadas:

Merriam-WebsterLearnersDictionary.
Joyce, James. Ulises. Trad. J. Salas Subirat. México: Colofón, 2011.
Joyce, James. Ulises. Feedbooks. 1922. http://gutenberg.org.
ThePhraseFinder.

Nalgas y Libros | contacto@nalgasylibros.com