Karagöz, el teatro de sombras que en ramadán refleja la vida del pueblo turco

Por redaccionnyl el 23/06/2017

El mes de ramadán en Turquía es época de revivir muchos oficios y artes tradicionales, con siglos de historia, especialmente el del teatro de sombras otomano, conocido como “Karagöz y Hacivat”, según sus dos personajes principales.

Las herramientas de este arte, que tiene siglos de tradición, son sencillas: una pantalla traslúcida, un conjunto de figuras pintadas y un foco, pero la puesta en escena exige dotes teatrales al titiritero, que mueve los personajes con unas varillas.

“Es un arte costumbrista que viene desde el siglo XIV, formamos una especie de cofradía y se aprende en una relación de maestro-alumno: yo lo aprendí de mi hermano mayor y lo he enseñado a muchos jóvenes”, cuenta Suat Veral, uno de los el “hayalis” (ilusionistas) más reconocidos del país.

Es una de las últimas noches de ramadán -acaba mañana- en un municipio de la periferia de Estambul, y Veral ameniza la noche a un público infantil, muy participativo con los diálogos que recita desde detrás de la fina pantalla.

“¿Es un gato?” pregunta a sus espectadores, al aparecer un animal en escena. “¡Noooo, es un oso!” gritan decenas de voces infantiles en un juego interactivo habitual en el “Karagöz”.

Provisto de micrófono, altavoces y foco eléctrico, Veral no rechaza la tecnología moderna para mantener vivo este arte tradicional, pero las figuras son las de siempre: fabricadas a mano con cuero y pintura, como hace siglos ya.

El protagonista de todas las escenas es Karagöz (“Ojos negros”), de traje rojo, un hombre que “siempre se mete en líos” y “nunca tiene trabajo fijo”, según lo caracteriza el maestro.

Su principal interlocutor es su amigo Hacivat, reconocible por su traje verde y su barba puntiaguda, un hombre exitoso que maneja con soltura el árabe y el farsi -componentes del lenguaje culto otomano-, lo que suele llevar a malentendidos con Karagöz.

De hecho, el hábito de Karagöz de interpretar de forma literal todo lo que escucha es uno de los principales recursos narrativos de las breves escenas que se suceden en la pantalla.

Pero Suat Veral no se limita a reproducir historias y escenas clásicas, sino que escribe nuevas para adaptar y mantener vivo este arte que, a su juicio, “refleja la sociedad turca, el pueblo turco”.

Entre los demás personajes tradicionales de las escenas destacan representantes de algunas etnias del Imperio otomano, como los albaneses, pero también personajes de oficios tradicionales como un vendedor de empanadillas o una gitana que hace bailar a un oso.

Veral, nacido en Estambul hace 51 años, lleva desde los 14 años de edad trabajando en este oficio.

Ha dado otro paso innovador al poner en escena una versión “gigantesca” de su teatro, que ha llegado a representar una vez en Sarajevo (Bosnia-Herzegovina) en un estadio ante 6.000 niños.

Es frecuente en Estambul encontrarse las figuras de Karagöz y Hacivat en algún cartel de anuncios comerciales, pero es mucho más difícil encontrar una representación fuera del mes de ramadán.

Las alarmas sonaron hace unos años en Turquía al difundirse el rumor de que Grecia, donde también se representa una versión propia de este teatro, iba a registrarlo como patrimonio cultural helénico.

Sin embargo, lo que pudo convertirse en un conflicto diplomático quedó zanjado en 2009, cuando la Unesco registró Karagöz como “tradicional teatro de sombras turco” en su lista de patrimonio intangible de la humanidad.

Con ese respaldo, Suat Veral se esfuerza de dar a conocer esta tradición en todo el mundo, al representar su arte en festivales de las Américas, Italia, Francia, Inglaterra o Corea.

“Al formar parte de este arte tradicional hacemos felices a personas del mundo entero, porque es un arte que da placer a cualquiera, a los más jóvenes y a los más mayores”, concluye.

Ilya U. Topper

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