Javier Cercas alerta sobre la diferencia entre razón política y razón moral

Por redaccionnyl el 01/05/2017

Todos cargamos con una “herencia de violencia”, pero la única forma de no repetir los errores de nuestros antepasados es tener “siempre presente el pasado”, aseguró a Efe el escritor español Javier Cercas, de visita en Buenos Aires para presentar su más reciente novela, “El monarca de las sombras”.

“La gente que ha vivido experiencias traumáticas no habla de ellas y eso es universal”, afirmó en la entrevista Cercas, quien viajó a la capital argentina para presentar la que es su novena novela en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

En “El monarca de las sombras”, Cercas va tras el rastro casi perdido de Manuel Mena, su tío abuelo, quien en 1936 se alistó en “el bando equivocado” de la Guerra Civil, con el ejército de Franco, y murió a los 19 en la batalla del Ebro, en 1938, en defensa del golpe de Estado contra la República.

La breve vida de Mena, quien más que tío fue como un hermano para Blanca, la madre de Cercas, se reconstruye a partir de dos relatos paralelos, una narración “objetiva” en tercera persona y otra, la del escritor extremeño, que en primera persona relata -confiesa- sus dudas y sensaciones más íntimas a la hora de abordar esta historia.

Según Cercas, que, como su madre y Manuel Mena, nació en el pueblo extremeño de Ibahernando, el verdadero personaje principal del libro es “la herencia de la violencia”, un pasado que, en su caso, por muchos años le avergonzó y no podía asumir a tal punto de resistirse a escribir sobre ello.

Con todo decidió investigar sobre Mena, recuperar lo que se pudiese de su rastro “en ruinas”, una aventura vital que le llevó a entrevistar familiares y vecinos de Ibahernando, donde regresó con su amigo y cineasta David Trueba, para finalmente asomarse a los últimos minutos de la vida de Mena en Bot (Cataluña).

Solo se decidió a escribir el libro -un proceso de dubitaciones que es en sí mismo la otra gran historia de la novela- cuando por fin Mena deja de ser para Cercas “como una estatua, un símbolo” para convertirse en un hombre “de carne y hueso”.

Así, Cercas cae en la cuenta de que Mena, quien para su madre era “una leyenda, un héroe” familiar, había sido en realidad una “víctima de ideologías tóxicas, como el fascismo, que prometen el paraíso y acaban llevando al infierno y que literalmente lo envenenaron”.

“Este chaval era un niño. Y son los niños los que hacen las guerras. Siempre ha sido así y sigue ocurriendo”, sostiene el autor de “Soldados de Salamina” (2001).

Gravemente herido, Manuel “se encontró con el horror y ya era demasiado tarde”, “no era más que un soldado perdido en una guerra que no era la suya”.

“No tengo la menor duda que él, como tantos niños que van a la guerra voluntariamente, entendió que se había equivocado, que le habían engañado”, sostiene.

Como el mítico Aquiles, el “hombre de la vida breve y la muerte gloriosa”, pero que ya en el reino de los muertos confesó que hubiera preferido ser un “siervo en el campo” de la tierra de los vivos, Mena es, a final de cuentas, un “perdedor”: el que lo ha perdido todo.

Para Cercas, Mena, aun equivocado en su opción política, actuó “de buena fe”, movido por convicción, como ha sucedido con gente de uno y otro bando en la Guerra Civil.

“Aquí hay una diferencia entre razón política y razón moral. En España no hay ninguna duda de quién tenía la razón política en 1936: hubo un golpe contra una república democrática. Quienes tenían la razón política eran los republicanos y quienes no la tenían era mi familia, Manuel Mena el primero y todos los demás, que eran franquistas”, sostiene.

Pero eso, aclara, “no significa que todos los republicanos fueran buenas personas” -“los que mataron miles de curas y monjas a sangre fría no lo eran”- y “hubo gente que se equivocó de buena fe, que luchó por el franquismo creyendo que era la solución”.

“Me he pasado la vida investigando sobre este chaval. No tengo ninguna razón para pensar que era peor persona que yo. Al contrario, tengo todas las razones para pensar que era mejor persona que yo, entre otras cosas porque fue capaz de hacer una cosa que yo felizmente nunca he tenido que hacer: jugarme la vida y perderla por los valores en los que creo”, dijo.

Según Cercas, “todos cargamos como una herencia de violencia” y es “indispensable” conocerla y asumirla para “poder manejarla” y “no ser víctima de esa herencia”.

“A menudo se dice que hay que olvidar el pasado porque es un freno. Es un error inmenso: la única forma de hacer algo útil por el futuro es tener el pasado siempre presente, intentar no incurrir en los mismos errores. Incurrimos en los mismos errores porque olvidamos el pasado, sobre todo el peor pasado”, advierte.

Manueles Mena hay muchos por allí y los libros, en un conjuro contra el olvido, pueden, como en este caso, rescatarles para la memoria colectiva.

Sin embargo, como el propio Cercas admite, “el olvido es el destino de todos”, también el de los libros.

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