Instrucciones para destruir un país

Por redaccionnyl el 10/05/2016

¿Quiere pasar a la historia como la persona que arruinó a su país? Siga estas sencillas instrucciones e inténtelo. De antemano le garantizamos una vida de diversiones, lujos, poder y profunda admiración por parte de quienes no lo odien.

Aunque algunos catedráticos de la catástrofe siguen insistiendo en que para acabar con todo bastan la desidia y las alegres orgías de los gobernantes, recientes investigaciones han demostrado que a la hecatombe nacional del tipo “no natural” solo puede llegarse a través de un plan sistemático del que los ciudadanos deben ser cómplices con o sin conocimiento de causa.

Lo primero que hay que hacer para volver todo añicos es meterse en la política e intentar llegar lo más alto posible. No pierda su tiempo cuidando las formas ni tratando de dar el ejemplo con una larga y correcta carrera política: lo suyo debe ser irrumpir en la realidad con una revuelta basada en la trillada pero efectiva lucha de clases. Los pasos son sencillos: protagonice un hecho impactante, hágase la víctima, pronuncie discursos cargados de odio y levántese como caudillo de los marginados.

Cuando llegue al poder, evite la repartición del excedente económico para que el número de marginados crezca y échele la culpa de todo a las minorías de profesionales, intelectuales y empresarios. Es importante que usted sepa que en su gobierno valen son los votos, y los votos de 100 analfabetas son más importantes que los de cinco burguesitos.

En caso de que los azares de la globalización le den fortaleza a la economía de su país, resuélvalo quitándole independencia al Banco Central para imprimir muchos billetes y garantizar una inflación que mantenga a la población tan pobre como usted lo desee. A continuación, insista con lo del socialismo y expropie todos los medios de producción posibles. Eso sí: mucho cuidado con que esos medios sigan produciendo: todo lo que se expropie debe ser entregado en manos de los marginados para que no sepan qué hacer y terminen destruyéndolo.

La ausencia del antiguo dueño en cada empresa de la nación desencadenará en hermosas e inevitables peleas entre mafias por el control y en cero producción. Si esa conducta se repite a nivel nacional, la destrucción de la economía estará garantizada, y con ella la aniquilación de los valores, porque donde hay hambre no hay tiempo para hacerse el buena gente.

Con suerte los precios de lo que su país exporta para sobrevivir bajarán en algún momento y ya no habrá dinero para nada. ¿La solución? Imprima más billetes y hágase a un lado porque todo arderá tarde o temprano.

Pedro R. González, México, 1995 (?)

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