Sexo, libros y rock and roll: insólitos puentes que se tendieron para siempre

 

 

El escritor argentino Jorge Luis Borges estaba sentado un día en el restaurante de un hotel madrileño, cuando un hombre se arrodilló frente a él y dijo tomándole las manos: “Maestro, yo lo admiro”.

 El célebre cuentista, que estaba ciego, preguntó el nombre de su entusiasta seguidor y la respuesta comprobó que el rock y la literatura tienen mucho en común: “Mi nombre es MickJagger”.

El líder de los RollingStones casi se desmaya de alegría cuando su escritor favorito le dijo que sabía quién era él y que escuchaba temas de la banda. Aunque esta anécdota parezca un hecho aislado, muchos de los más grandes íconos del rock tienen pasión por la palabra escrita y hasta la disposición de sentarse a escribir poemas, cuentos y ficciones de todo tipo.

Uno de los casos más notorios es el de Bob Dylan, quien ha sido considerado alrededor de diez veces al Premio Nobel de Literatura por la altísima calidad de las letras de sus canciones. Incluso el poeta británico Andrew Motion declaró a The Times que el autor de “Knockingonheaven’sdoors” debía ser estudiado en la cátedra de lengua de las escuelas.

También el genial escritor Julio Cortázar se refirió a Bob Dylan equiparando su voz con la del mágico poeta Walt Whitman; y el crítico Christopher Ricks escribió un ensayo superior a las quinientas páginas elogiando su aporte a las letras universales.

Malditismo y estrellato

En otra categoría, la más oscura, aparece la polémica figura de JimMorrison, vocalista del grupo TheDoors. En 1966 la banda no era todavía el paradigma mundial del rock psicodélico, por eso ofrecía conciertos en un local de Los Ángeles llamado Whisky a GoGo. Todo marchó bien durante varias noches hasta que la interpretación del tema “The End” se salió de control.

En medio de las improvisaciones propias de esa canción, Morrison dijo bajo los efectos de varias drogas: “padre, quiero matarte; madre, quiero follarte”, lo cual desencadenó la total furia del dueño del establecimiento y tuvieron que bajarse del escenario con la suerte de que un productor estaba presente y quedó tan impresionado por su talento que les ofreció grabar un disco.

Lo interesante del incidente es que tiempo después el mismo cantante confesaría que esas palabras tan sucias dentro de su tema realmente eran su propia versión de Edipo Rey, obra del griego Sófocles en la cual el protagonista mata a su padre y se enamora de su madre sin saber las identidades de éstos. Contra todo pronóstico, esta súper estrella salida de Melbourne, Florida, resultó ser un gigante en conocimientos de la cultura helénica.

La verdad es que JimMorrison era poeta antes que músico. Sus antiguos profesores en la Universidad de California relataron que leía libros demasiado profundos incluso para ellos, y que conocía de memoria a autores como William Blake y AldousHuxley. Estos nombres influyeron notoriamente en su obra, uno por su estética y el otro por su pensamiento, la mescalina y el LSD.

AldousHuxley había publicado un libro escrito bajo los efectos de la mescalina titulado “Thedoors of theperception”. A JimMorrison le gustaba tanto su obra, que además escribió tratados sobre las drogas psicodélicas y bautizó su grupo basándose en ese peculiar libro.

Es el líder de la banda TheDoors quien mejor cumple la máxima de René Descartes según la cual: “Los malos libros provoca malas costumbres, y las malas costumbres buenos libros”.

Curioso es que recién al convertirse en la estrella norteamericana de rock más importante de su generación, y siendo el único capaz de competir con la invasión británica de los Beatles y los RollingStones, el cantautor se mudara a París para dedicarse de lleno a su verdadera pasión: la poesía. Firmaba sus versos como James Douglas Morrison.

Un carro muy viejo

En 1997, Los Fabulosos Cádillacs dedicaron una canción a Ernesto Sabato –es curioso que se escriba Sabato y se pronuncie Sábato por ser un apellido italiano-, escritor favorito del grupo. A propósito de aquel agasajo, los músicos se presentaron en la residencia del autor de El Túnel y compartieron una jornada histórica.

Lo primero que Sabato le preguntó a Vicentico era si en su casa no había peine, luego les reclamó por el nombre de la banda: “¿Por qué un carro tan viejo?”. En todo caso, y según fue publicado en el diario El Clarín en aquel año, Sábato se confesó amante de los Beatles y Vicentico aseguró: “nuestras canciones son simples artesanías delante de sus libros, maestro”.

Ernesto Sábato, que en aquel entonces contaba 86 años, de igual manera relató a los fabulosos Cádillacs su afición por la música negra, la cual dijo haber conocido en Bagdad y luego a través de un amigo senegalés, mucho antes de que se convirtiera en uno de los sonidos emblemáticos de los Estados Unidos y contribuyese a la formación del rock and roll.

Albert Einstein decía que la ciencia sin la religión es coja y la religión sin la ciencia es ciega. Más o menos así también funciona la relación entre la literatura y la música popular. Cuando una se olvida de la otra pierde. Por eso puede afirmarse que los libros sin el rock son obsoletos y el rock sin los libros es vacío.

Néstor Luis González