Gabriel García Márquez, el grande de la literatura del siglo XX

Por redaccionnyl el 16/03/2017

Esta destacada frase fue mencionada durante la 52 Asamblea de la Sociedad Interamericana de prensa donde una vez más dejó en claro su gran pasión por servir a los demás.

Gabriel José de la Concordia García Márquez, mejor conocido como Gabriel García Márquez, nació en el 06 de marzo de 1927 en Aracataca, Colombia y se destacó por ser una las figuras más importantes de la literatura durante el siglo XX

Entre sus obras más destacas se encuentran, Cien Años de Soledad, El Otoño del Patriarca, El Amor en los Tiempos del Cólera, Crónica de una Muerte Anunciada.

El famoso escritor colombiano también recibió el Premio Nobel de Literatura en 1982, que según la auditoria de la academia Sueca le fue otorgado “por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real son combinados en un tranquilo mundo de imaginación rica, reflejando la vida y los conflictos de un continente”.

Su discurso fue titulado “La soledad de América Latina”. Cabe mencionar, que fue el primer colombiano y el cuarto latinoamericano en ganar un Premio Nobel de Literatura, por lo que manifestó que “Yo tengo la impresión de que al darme el premio han tenido en cuenta la literatura del subcontinente y me han otorgado como una forma de adjudicación de la totalidad de esta literatura”.

Frases célebres de García Márquez

La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.

La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado.

El problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que volver a reconstruirlo todas las mañanas antes del desayuno.

El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo.

Ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía.

Hay que ser infiel, pero nunca desleal.

El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.

Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.

Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir no cuando es no.

Así es -suspiró el coronel-. La vida es la cosa mejor que se ha inventado.

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