Cartas de amor que hicieron historia

Por Aglaia Berlutti el 11/02/2017

No celebro el día de San Valentin. De hecho, la fecha me resilta bastante indiferente. Y es que en los tiempos que corren, pareciera no tener mayor sentido que la ser un híbrido un poco patético entre estereotipos, las tarjetas adulcoradas y los osos de peluche.

 
 

Sin embargo, el amor persevera, el amor sobrevive incluso al cinismo y por ese motivo, quiero homenajear a todos los que celebran la fecha como algo más profundo y le otorgan significado. Deseo dedicar esta entrada a los cursis de corazón, a los románticos empedernidos, a los idealistas y simplemente, a los que sienten que la fecha representa algo verdadero para ellos. Para todos, incluyo aqui algunas cartas de amor históricas. Porque el amor es la fuerza más primitiva y magnifica, incluso para los poderosos, los trascendentes, los le dan rostro a la historia. Al final, quizá, todos somos humildes en el amor.

Carta de Beethoven a su “amada inmortal”

Beethoven-amor

Incluso cuando estoy en cama mis pensamientos van a hacia ti, mi eternamente querida, ahora y entonces alegremente, después otra vez tristemente, esperando para saber si el Destino oirá nuestra plegaria, para hacer frente a vida que debo vivir en conjunto contigo o nunca verte. Sí, estoy resuelto a ser un extranjero vagabundo hasta que pueda volar a tus brazos y decir que he encontrado mi hogar verdadero con usted y envuelto en tus brazos puedo dejar que mi alma flote hasta el reino de almas bendecidos. Ay!, desafortunadamente debe ser así. Debes estar tranquila, tanto más pues sabes que te soy fiel; ninguna otra mujer podrá nunca poseer mi corazón, nunca, nunca. Oh Dios, por qué debe uno ser separado de aquella que le es tan querida.

Para más, mi vida en Viena es actualmente desgraciada.Tu amor me ha hecho el más feliz y el más infeliz de los mortales. A mi edad necesito estabilidad y regularidad en mi vida, puede esto coexistir con nuestra relación? Ángel, acabo de oír que va el correo cada día, y por lo tanto debo cerrar ésta, de modo que puedas recibirla la inmediatamente. Mantente tranquila; solamente al considerar tranquilamente nuestras vidas podremos alcanzar nuestro propósito de vivir juntos. Mantente tranquila, amame, hoy, ayer. Qué nostalgia llena de lágrimas por tí, por tí, por tí, mi vida, mi todo. Todos los buenos deseos a tí. Oh, continúa amándome, nunca juzgues mal el corazón fiel de tu amado.
Siempre tuyo

Siempre mía

Siempre de ambos

L.

Carta de Simone de Beauvoir a Jean Paul Sartre

A rare moment of gender parity in philosophy: Simone de Beauvoir and Jean-Paul Sartre at a Paris cafe in May 1970.

Querido pequeño ser:

Quiero contarle algo extremadamente placentero e inesperado que me pasó: hace tres días me acosté con el pequeño Bost. Naturalmente fui yo quien lo propuso, el deseo era de ambos y durante el día manteníamos serias conversaciones mientras que las noches se hacían intolerablemente pesadas. Una noche lluviosa, en una granja de Tignes, estábamos tumbados de espaldas a diez centímetros uno del otro y nos estuvimos observando más de una hora, alargando con diversos pretextos el momento de ir a dormir. Al final me puse a reír tontamente mirándolo y él me dijo: “¿De que se ríe?”. Y le contesté: “Me estaba preguntando qué cara pondría si le propusiera acostarse conmigo”. Y replicó: “Yo estaba pensando que usted pensaba que tenía ganas de besarla y no me atrevía”. Remoloneamos aún un cuarto de hora más antes de que se atreviera a besarme. Le sorprendió muchísimo que le dijera que siempre había sentido muchísima ternura por él y anoche acabó por confesarme que hacía tiempo que me amaba. Le he tomado mucho cariño. Estamos pasando unos días idílicos y unas noches apasionadas.

Me parece una cosa preciosa e intensa, pero es leve y tiene un lugar muy determinado en mi vida: la feliz consecuencia de una relación que siempre me había sido grata. Hasta la vista querido pequeño ser; el sábado estaré en el andén y si no estoy en el andén estaré en la cantina. Tengo ganas de pasar unas interminables semanas a solas contigo.

Te beso tiernamente,
Simone.

Carta de Virginia Woolf a Leonard Woolf

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28 de Marzo de 1941

Querido,

Me siento segura de estar nuevamente enloqueciendo. Creo que no podemos atravesar otro de estos terribles períodos. No voy a reponerme esta vez. He empezado a oír voces y no me puedo concentrar. Por lo tanto, estoy haciendo lo que me parece mejor hacer. Tu me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todas las formas todo lo que alguien puede ser. No creo que dos personas hayan sido más felices hasta que apareció esta terrible enfermedad. No puedo luchar por más tiempo. Sé que estoy estropeando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y lo harás, lo sé. Te das cuenta, ni siquiera puedo escribir esto correctamente. No puedo leer. Cuanto te quiero decir es que te debo toda la felicidad en mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bondadoso. Quiero decirte que- todo el mundo lo sabe. Si alguien podía salvarme, hubieras sido tu. Nada queda en mí salvo la certidumbre de tu bondad. No puedo seguir destruyendo tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que nosotros hemos sido.

Carta de Napoleón a Josefina

Napoleón-Josefina

No le amo, en absoluto; por el contrario, le detesto, usted es una sin importancia, desgarbada, tonta Cenicienta. Usted nunca me escribe; usted no ama a su propio marido; usted sabe qué placeres sus letras me dan, pero ¡aún así usted no le ha escrito seis líneas, informales, a las corridas!

¿Qué usted hace todo el dia, señora? ¿Cuál es el asunto tan importante que no le deja tiempo para escribir a su amante devoto? ¿Qué afecto sofoca y pone a un lado el amor, el amor tierno y constante amor que usted le prometió? ¿De qué clase maravillosa puede ser, que nuevo amante reina sobre sus días, y evita darle cualquier atención a su marido? ¡Josephine, tenga cuidado! Una placentera noche, las puertas se abrirán de par en par y allí estaré.

De hecho, estoy muy preocupado, mi amor, por no recibir ninguna noticia de usted; escríbame rápidamente sus páginas, paginas llenas de cosas agradables que llenarán mi corazón de las sensaciones más placenteras.

Espero dentro de poco tiempo estrujarla entre mis brazos y cubrirla con un millón de besos debajo del ecuador.

Napoleón Bonaparte

Carta de Lord Byron a Caroline Lamb

Lord-Byron-y-Caroline-Lamb

Agosto de 1812

Mi muy querida Caroline,

Si las lágrimas, que usted vio y sabe que no soy aficionado a verter, si la agitación en la cual me separé de usted, agitación que usted debe haber percibido a través de todo este tenso, nerviosísimo proceso, no comenzaron hasta que el momento de dejarle se acercó, si todo lo que he dicho y hecho, y estoy aún preparado para decir y hacer, no han probado suficientemente cuáles son y serán mis sentimientos verdaderos siempre hacia usted, mi amor, no tengo ninguna otra prueba a ofrecer.

Dios sabe que deseo verla feliz, y cuando renuncié a usted, o mejor dicho cuando usted por un sentido del deber a su marido y madre renunció a mí, usted deberá reconocer la verdad de lo que de nuevo prometo y hago voto, que ninguna otra en palabra o hecho ocupará el lugar en mi afecto, que es y será consagrado a usted hasta el fin de mi existencia.

Nunca supe hasta este momento, la locura de mi queridísima y más amada amiga.

No puedo expresarme, éste no es tiempo para palabras, pero encontraré orgullo y un placer melancólico, en el sufrimiento que usted usted misma apenas puede concebir, para usted ponga no conocerlo. Ahora debo salir con el corazón cargado, porque apareciendo esta tarde detendré cualquier historia absurda que los acontecimientos de hoy pudieran originar. Usted piensa ahora que soy frío y severo, y ingenioso -otros pensarán igual, hasta su madre- esa madre a quien debimos sacrificar mucho de hecho, más, mucho más en mi caso, de lo que ella sepa o pueda jamás imaginarse.

“Prometer no amarla”
Ah, Caroline, está más allá de la promesa, pero atribuya todas las concesiones al motivo apropiado y nunca deje de sentir todo que usted ya ha comprobado, y más que puede ser sabido siempre por mi propio corazón, quizás el suyo.

Quiera Dios protegerle, perdonarle y bendecirle, siempre y aún más que siempre

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