Fallece Jacques Rivette, padre de la ‘nouvelle vague’

Por redaccionnyl el 29/01/2016

El cineasta francés Jacques Rivette, considerado el padre de la “nouvelle vague” del cine galo junto a Jean-Luc Godard, François Truffaut y Claude Chabrol, ha fallecido este viernes a los 87 años de edad, informó su productora, Martine Marignac.

Rivette dio sus primeros pasos en el mundo del cine como crítico, al igual que los futuros pilares de la Nueva Ola francesa, François Truffaut, Jean-Luc Godard y Eric Rohmer, antes de realizar unos veinte filmes, entre los cuales figura “Paris nous appartient” (“París nos pertenece”), “L”Amour fou” (“El amor loco”) o “La Belle noiseuse” (“La bella mentirosa”).

El más misterioso de esa generación de directores que revolucionaron el séptimo arte en Francia ha muerto pocas semanas después de que las pantallas francesas volvieran a proyectar “Out one”, una de sus obras maestras, de más de 12 horas de duración repartidas en ocho episodios.

Como muestra de su carácter rompedor, el más revolucionario de la “nouvelle vague” introdujo técnicas nuevas, como la de pedir a sus actores que improvisaran.
Autor de obras que podían ser de muy larga duración, como “Out 1”, que dura más de 12 horas, Rivette se acercó al cine a través de la crítica cinematográfica, antes de empezar a filmar. Tras fundar en 1950 la Gazette du cinéma, con Eric Rohmer, Rivette fue crítico en los Cahiers du cinéma, publicación de la que fue redactor jefe de 1963 a 1965.

Tras ser asistente de Jean Renoir en los años 50, dirigió la realización del cortometraje “Le Coup du berger”, que jugó un papel determinante en la “nouvelle vague”. Así, su éxito llevó a François Truffaut a convertirse en director de cine y a Claude Chabrol a filmar largometrajes.

Rivette codirigió en 1958 su primer largometraje, “París nos pertenece”. En los años 90, dirigió “La bella mentirosa” (1991), a partir de “La obra maestra desconocida”, de Balzac, con Michel Piccoli y Emmanuelle Béart.

Para él, los filmes podían ser experimentales. En sus películas muy largas intentaba imponer un ritmo lento, dejando al espectador cierta libertad para descubrir a los personajes. “En esos organismos vivos, uno vive su propia vida, durante dos, tres o cuatro horas”, resume un crítico.

Dejaba mucho espacio a los actores y más aún a las actrices, con quienes improvisaba y a quienes filmaba con fineza. Así, filmó en particular con Emmanuelle Béart, Sandrine Bonnaire o Michel Piccoli.

Apasionado por el teatro, Rivette, quien solía trabajar a partir de historias de complot y filmar la deambulación de gente por las calles de París, también podía trabajar sin guión.

En esos casos, daba a los actores el día anterior, o incluso el día del rodaje, un bosquejo de unas 15 páginas a partir del cual los actores tomaban posesión de su personaje. “Nos daba la posibilidad de ser también autores”, ha comentado el actor Sergio Castellito.

El presidente francés, François Hollande, ha recordado a “uno de los mayores cineastas” cuya “obra fuera de normas le valió un reconocimiento internacional”, mientras la ministra gala de Cultura, Fleur Pellerin, ha señalado que se trata de la desaparición de “uno de los principales cineastas de lo íntimo y de la impaciencia amorosa”.

Era “uno de los más lúcidos, más inventivos y más libres de la Nueva Ola”, subraya el excrítico y expresidente del Festival de cine de Cannes, Gilles Jacob. “El cine francés pierde a uno de sus directores más libres e inventivos”, ha coincidido la actriz Anna Karina, que actuó en su película “La religieuse” (“La religiosa”, 1966).

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