Estudio sobre el incesto desmiente la teoría freudiana del complejo de Edipo

Por redaccionnyl el 16/01/2017

La Universidad de California en Santa Bárbara y la Universidad de Hawái dieron a conocer que el grado en el que sentimos asco por el incesto está gobernado por señales que no tienen nada que ver con las creencias ni con el tipo de educación.

 
 

El resultado del estudio fue publicado en la revista Nature, y mostró conclusiones que desafían algunos principios básicos de la teoría freudiana. Según John Tooby y Leda Cosmides, de la Universidad de California, el instinto evoluciona naturalmente y no puede educarse.

De acuerdo con estos investigadores, todo lo que se necesita es vivir en el mismo hogar y ver el cuidado de tu madre para tu hermano o hermana.

Según estos investigadores, que trabajaron con Debra Lieberman, de la Universidad de Hawái, todo es subconsciente y eso crea una reafirmación sobre una suerte de regulación relacionada tanto con el altruismo como el asco por el incesto. Y precisamente, según estos académicos, los seres humanos tenemos un sistema innato que regula ambas actitudes.

Los datos del estudio demuestran que “el grado en que sentimos esas cosas está gobernado por estas señales que (…) predicen si alguien es un hermano. Y funciona sin importar nuestras creencias.”

También quedó claro que había una relación directamente proporcional entre el asco por el incesto y lo que el estudio llama altruismo, es decir, mientras más tiempo un hermano había visto el cuidado de su madre hacia su hermano, mayor era el asco medido por el estudio hacia el incesto.

Medidas similares se observaron al comparar el tiempo que familiares habían pasado juntos en la misma casa. De hecho, se encontró que “si se reside en la misma casa mucho tiempo cuando niño, se los tratará como se trataría a cualquier hermano”, un fenómeno que parece operar a nivel no consciente.

Pero el efecto más fuerte que se observó en aquellos que vieron a la propia madre cuidando de un niño menor. “Eso los haría muy altruistas hacia ese bebé y les daría asco extraordinario la idea de tener relaciones con ese pequeño cuando sea adulto”.

Los resultados del trabajo mostraron que el sexo femenino es más sensible a esto. Aparentemente ellas tienen un olfato especial, por llamarlo de algún modo, ante las posibilidades hermandad.

Esta investigación parece arruinar lo que en los términos de Sigmund Freud hasta ahora conocemos como complejo de edipo. El famoso psicólogo austríaco pensó que, en el fondo, “uno se sentía atraído a los parientes, los hermanos y los padres y que se necesitaba la fuerza de la cultura y de la sociedad para mantenernos alejados del incesto”, el cual supuestamente estaría en nuestros corazones.

Según la Dra. Cosmides, probablemente las ideas de Freud pudieron haber estado influenciadas por sus propios sentimientos; ya que él tuvo una nodriza que lo crió y amamantó. En estas circunstancias, pudo haber ocurrido que: “Lo que el cerebro piensa es que mamá es alguien diferente de quien conscientemente saben que es mamá”. De modo que podría parecer más o menos razonable sentir una atracción hacia su madre.

Bueno, admito que el asunto es demasiado controversial y hasta desagradable, de modo que por lo pronto preferimos dejarlo en manos de los científicos para que sigan investigando…

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