España tuvo su propio Donald Trump, y se llamaba Jesús Gil

Por redaccionnyl el 21/01/2017

Si Jesús Gil siguiese vivo, ¿habría llegado a presidir el Gobierno de España? La pregunta plantea una distopía de andar por casa, cierto, pero es el mejor paralelismo que hemos hallado en nuestra historia política reciente para ilustrar la personalidad de esa apisonadora llamada Donald Trump.

El nuevo presidente de EE.UU. y quien fuese plenipotenciario alcalde Marbella presentan inquietantes analogías. Desde la vertiente constructora a una afición nada disimulada por las mujeres jóvenes y, desde luego, su rudeza, tosquedad, machismo y desprecio absoluto por el concepto ‘políticamente correcto’ que les ha llevado a ofender a casi todos los colectivos posibles.

Algo peor que temperamento

Y es que la principal similitud entre ellos es, efectivamente, el carácter. La recopilación de salidas de tono protagonizadas por el 45º presidente de EE.UU. nos llevaría más espacio del que cabe en nuestros servidores, así que les dejamos solo estas píldoras, sin entrecomillar, porque son todas literales: Barack Obama ni siquiera es norteamericano sino de algún país africano, probablemente Kenia; los mexicanos son violadores y traen consigo drogas y enfermedades; los inmigrantes de credo musulmán no deberían poder entrar en EE.UU.; si no pago impuestos es porque soy más listo; las mujeres se dejan agarrar por el coño si tú eres una estrella –insistimos, esto es literal– y Hillary Clinton debería estar en la cárcel. La grosería de Jesús Gil no llegó jamás tan lejos si bien le rompió las gafas de un puñetazo a un representante de la SD Compostela de fútbol con las cámaras de TV delante. De Gil recordamos que sus ídolos eran Franco, el Che y Jesucristo; que el árbitro francés Michel Vautrot es maricón; le hubiese cortado el cuello al negro (un defensa rival que cubría a un jugador del Atleti) y la prensa es carroña que ha hundido España.

Partido Republicano vs el GIL

La siguiente concordancia es, lógicamente, la actividad política. El populismo del americano lo ha llevado a presidir el país más poderoso del mundo mientras que Gil consiguió comandar el ayuntamiento de aquella Marbella del ladrillo en cuyas fiestas el champán no se acababa nunca.

El poder de Gil palidece, por más que el saudí rey Fahd fuese amigo suyo –o eso decía él–, frente al de un magnate con capacidad de apretar el botón rojo. Sin embargo, a nivel doméstico, tuvo su mérito: fundó un partido propio, el GIL (Grupo Independiente Liberal), mientras que Trump ha parasitado a los republicanos, y si bien la posible carrera política de Gil a nivel nacional fue conjurada definitivamente por los tribunales, que lo apartaron del poder, y por una trombosis con complicación coronaria que se lo llevó de este mundo, su ambición era la Moncloa. Para limpiar España, como Trump con su país.

El mármol y el ladrillo

trump-gil

Trump estudió en la Universidad de Fordham (Nueva York) y se graduó en Economía en la Escuela de Negocios Warthon. Hoy es un próspero magnate inmobiliario que cuenta en Manhattan con edificios tan emblemáticos como la Trump Tower, el 40 de Wall Street y el 1260 de la Avenida de las Américas así como torres de apartamentos, hoteles y oficinas por todo EE.UU y varios países del Caribe. Más modestamente, Jesús Gil comenzó a estudiar también Ciencias Económicas pero lo dejó para montar un taller de repuestos de automóviles. De ahí pasó a la compraventa de solares y con 36 años se inició en el negocio de la construcción. Conocido es que fue indultado por Franco tras pasar una temporada en la cárcel de Segovia, en 1969, por el derrumbe de parte del complejo Los ángeles de San Rafael, en que murieron 58 personas. Al salir de prisión, continuó con sus negocios.

El jacuzzi y tal y tal

el-jacuzzi-y-tal-y-tal

Los nativos digitales ni siquiera saben quién era Jesús Gil pero cualquiera con los 30 cumplidos, recuerda aquel engendro televisivo que fue Las noches de tal y tal. Y la imagen que más ha perdurado del mismo es un semidesnudo Jesús Gil sumergido hasta el pecho (afortunadamente) en un jacuzzi y rodeado de chicas jóvenes que lo enjabonaban (literalmente), mientras él pontificaba sobre temas de actualidad. El colgante de oro que en ocasiones adornó su velludo esternón, cual patriarca gitano, queda para la historia como un símbolo cañí de la subcultura del pelotazo. Donald Trump también tuvo su programa televisivo; fue un reality de la NBC que se llamó The Apprentice, en el que 16 hombres de negocios competían entre sí cada temporada. Comenzó en 2004 y Trump lo presentó durante catorce ediciones, embolsándose por cada episodio alrededor de 3 millones de dólares. Además de la diferencia obvia entre señoritas anónimas y tiburones financieros, se da la circunstancia que el plató era la propia Trump Tower de Manhattan y no una piscina con burbujas de tres al cuarto. No en vano el avispado Donald era el productor.

Y por fin, Imperioso

Si el nuevo presidente de EE.UU. dirige la Trump Organization, posee el equipo de los New Jersey Generals y vive en el ático de la Trump Tower, Gil fue alcalde, compró y presidió el Atlético de Madrid y tenía una casa que pintó de rosa en Marbella. Mientras que Trump podría haber evitado pagar impuestos durante 18 años, Gil desvió al Atleti 450 millones de pesetas del ayuntamiento de Marbella. Y si Trump posee tres casinos, Gil era un fanático de las apuestas, afición de la que se volvió experto en la cárcel de Segovia. Tras la victoria del bravucón de piel naranja, en Twitter circuló la analogía de que el mundo moderno ya tiene su Calígula. En eso Gil fue precursor: si el emperador romano nombró cónsul a su caballo, él entrevistó en la tele a Imperioso.

No hay duda de que Trump es hoy el hombre más famoso del planeta. Pero Gil lo fue mucho antes, según él mismo: “Yo no tengo la culpa de ser el mejor; el fenómeno Gil es mundial. Después del rey [Juan Carlos], soy el hombre más conocido del mundo”.

Andrés Guerra, La Vanguardia

Nalgas y Libros | contacto@nalgasylibros.com