Entrevista exclusiva al primero de la fila en un supermercado venezolano

Por Néstor Luis González el 14/05/2016

Eran las 2:00 de la mañana y 65 personas aguardaban en una fila a las puertas del Unicasa de Capuchinos (Caracas, municipio Libertador) sin saber qué producto podrían comprar cuando abrieran el supermercado a las 8:30. Algunas señoras tenían sillas de plástico desteñidas por el sol y el tiempo, otros se sentaban en el suelo y la mayoría solo permanecía de pie.

 
 

Niños también había –dormidos en los brazos maternales, acostados entre cojines y cobijas o despiertos según la edad.

El primero de la fila era un hombre como de 38 años acompañado por una mujer que delató su nombre aunque él no quería decirlo: Kleibert. Comenzó a hacer su fila desde las 6:00 de la tarde del día anterior: “Es que si no, uno no compra nada”.

Kleibert dijo que vive en un sector llamado El Guarataro, “por donde están el Saime y la Plaza Miranda”. Explicó que al salir de la tienda donde trabaja en Chacaíto fue a su casa, se bañó, se puso otra ropa y se fue a hacer la fila. “Ahí mismito llegó María a acompañarme. ¡Ajá! ¿Qué me va a preguntar?”.

¿Siempre hay que llegar tan temprano para ser el primero de la fila?

Bueno, yo nunca había sido el primero. Es que antes me venía a las 9:00 de la noche y salía demasiado tarde. Por lo menos en el trabajo lo entienden a uno… coño, es que si es mi día del número de cédula, no lo puedo perder. A veces hay gente que está aquí desde las 4:00 de la tarde (del día anterior).

¿Usted vende lo que compra aquí o lo usa en su casa?

Mitad y mitad, porque no solo de pan vive el hombre. A veces a uno le queda algo y se lo vende al vecino y entonces uno aprovecha ahí y se gana alguito. No mucho. Es para ayudarse, porque con lo que uno gana en el trabajo… nojoda, anda con 20.000 bolívares a comprar comida en un abasto donde no haya nada regulado para que tú veas que no compras un coño. Que se te le dañe una pieza al carro o a la moto: te jodiste. O anda y enférmate de cualquier vaina: te moriste. Las mujeres de por allá “toítas” lo que hacen es eso: se van a veces hasta con el muchachero a bachaquear (comprar productos subsidiados por el Gobierno para venderlos más caros) y pasan el día en ese trajín.

¿Y qué cree que consiga hoy en el supermercado?

Imagino que aceite y harina, porque me dijeron temprano unos carajos ahí, pero yo no sé. A veces uno hace la cola y resulta que no hay nada. Menos mal que a mí no me ha pasado, pero sí sé de gente que… ¿tú vas a publicar esto? No estés poniendo mi nombre en ningún lado. O bueno, pon el nombre, que esta (María) ya lo dijo, pero no me tomes foto. A mí no me gusta esa mariquera.

¿Hay mafias aquí?

Yo no sé aquí. Debe haber, como en todos lados, pero uno a veces pasa arrechera (rabia). El otro día fui al Farmatodo que está cerca de la Cancillería de madrugada y me dijeron que me anotara. Yo estaba como de quinto en la cola, pero el carajo que me anotó me dijo: “Eres el 105”. Yo le dije que cómo iba a ser eso posible si aquí lo que había era cuatro personas delante de mí, pero el tipo me dijo que no, que era el 105 y que porque los otros estaban comprando en otros lugares. No armé un escándalo porque andaba solo, pero son unos hijos de puta. Salí de ahí como a las 10 de la mañana.

¿Se alegra de ser el primero de la fila?

Alegre voy a estar cuando esta mierda que estamos pasando se acabe, chamo. Esto es humillante.

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