Emily Ratajkowski y el encumbramiento de la tontería

Por redaccionnyl el 25/04/2017

Emily Ratajkowski es capaz de venderle piedras a un árabe. Cualquier cosa que ella haga se convierte en contenido viral o en tendencia inmediata. El motivo no está mucho más allá de su apariencia y no hay que buscarle nunca otra explicación que el interés siempre erótico que despierta.

Una prueba perfecta es el video que grabó para la directora Ruth Hogben hace un par de años. Ella bailando con un oso panda de felpa. Suficiente. No necesitamos más. La tontería encumbrada una vez más por la belleza.

A todo esto le hemos dado también el nombre de arte para poder justificarlo, pero habrá que advertir que el arte tonto existe porque hay mucho público sin libros en la cabeza. Entonces ya no hace falta una intención social en el fondo de un cuadro o un video, mientras les guste a quienes tienen poder adquisitivo está bien.

En los años 60 esa polémica ya estaba viva gracias al surgimiento del pop art. ¿Debe el arte corresponder a la necesidad de comprender un entorno o puede justificarse en sí mismo? Los cinetistas también estuvieron en el ojo de aquel huracán, y 50 años antes, cuando Kandinsky presentó la primera obra abstracta, ya comenzaba a configurarse la discusión.

Nosotros nos vamos a permitir recordar la siguiente tontería solo porque Emily Ratajkowski la protagoniza, porque si es capaz de venderle piedras a un árabe también es perfectamente capaz de venderle tonterías a gente como nosotros.

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