El rostro más oculto de los cuentos de hadas

Por redaccionnyl el 24/04/2017

Los cuentos de hadas populares son un conjunto de arquetipos tan antiguos como el propio pueblo que los creó, o incluso más. Todos estos cuentos tienen una historia parecida: una bruja hechiza a una princesa guapísima, un príncipe la salva, se casan y son felices para siempre. O algo por el estilo.

Hay una buena razón por la que existe este esquema en el desarrollo de la acción de la narrativa popular. Tiene que ver con las creencias paganas y posee un simbolismo profundo. Este simbolismo alude a veces a procesos mentales y aberraciones psicológicas, advierte el portal científico-popular Naked Science.

Si piensas que el personaje de Caperucita Roja es una niña, te equivocas. Especialistas en folclore y psicoanalistas sugieren que una capa de color rojo simboliza el comienzo del ciclo menstrual. Ante nosotros se presenta una adolescente en pleno proceso de maduración, que seguramente habrá empezado a hartar a su madre. De ahí que esta la envíe al bosque, directamente a las fauces del lobo. El lobo aquí simboliza un varón, por supuesto.

En la historia original, el lobo descubre la casa donde vive la abuela de la chica, mata a la abuelita, hace comida y bebida de su cuerpo y sangre, se viste con su ropa y se acuesta en su cama. Cuando Caperucita llega, le ofrece probar la comida, quitarse la ropa y acostarse junto a él. Cuando le empieza a hacer preguntas “incómodas” sobre el tamaño de sus dientes afilados y otras partes del cuerpo, el lobo se la come. Quitarse la ropa y comérsela simbolizan el acto sexual.

La bella y la bestia

La codependencia es el diagnóstico para los personajes del cuento de hadas “La Bella y la Bestia”. También padecen los estragos del sadomasoquismo, típico en familias donde las mujeres se casan con alcohólicos o drogadictos.

Las parejas codependientes se necesitan mutuamente y están constantemente cambiando los roles del tirano y la víctima. La esposa se convierte en un tirano periódicamente (cuando regaña a su marido por emborracharse), y luego este papel lo toma el marido (pegando a la mujer).

No obstante, esta dinámica se observa en relaciones sin presencia alguna de sustancias tóxicas. Uno de los cónyuges puede ser simplemente un déspota, y el segundo, una víctima. Así son la bella y la bestia: el monstruo conversa con una hermosa mujer, le entrega regalos, viven en un palacio con sirvientes invisibles. Los caracteres de los protagonistas se ven reflejados en su apariencia física: ella es una mujer perfecta que lo aguanta todo para que el monstruo se convierta en el príncipe que, por supuesto, ya estaba en su alma, aunque su apariencia era engañosa.

Cenicienta

Un caso similar lo representa “Cenicienta”, muy popular en todo el mundo. Hermosa, humilde, altruista y desinteresada. Todo el día cumple con las duras tareas domésticas, desde la mañana hasta la noche, con los ojos mirando al suelo. En la vida, una chica así no conseguiría nada, pero en el cuento el príncipe se enamora de ella y la busca por toda la ciudad. El diagnóstico es sadomasoquismo.

Blancanieves

“Blancanieves y los siete enanitos”, también conocido como “La princesa muerta y los siete caballeros”, no es sino un eco de la antigua poliandria tribal y está asociado a los ritos de iniciación sexual masculina. En aquel entonces, los jóvenes que se transformaban en adultos vivían durante algún tiempo en una “casa masculina” en pleno bosque, donde cazaban y realizaban ritos especiales e iniciáticos, mientras que una mujer joven les prestaba cualquier servicio necesario a los presentes, concluye el medio.

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