El queridísimo Lula, o cuando un “amado líder” enfrenta a la justicia

Por redaccionnyl el 04/03/2016

En el imaginario socialista o de izquierda a nivel global es difícil de entender que Lula haya sido detenido por la Policía brasileña. De inmediato aparece la palabra más utilizada en todas las revoluciones del mundo: “Conspiración”.

Claro, tiene que ser una conspiración. ¿Cómo van a meter preso a un amado líder? ¡Imposible si no hay detrás una conspiración de la derecha internacional y de los Estados Unidos!

Lo que ocurre es que dondequiera que el socialismo es el motor de justificación, la independencia de poderes se hace difusa y jamás ningún organismo del estado se atreve a levantar la mano o a señalar con el dedo al amado líder de la revolución.

Para el historiador británico Thomas Carlyle, “la democracia es la desesperación de no encontrar héroes que nos dirijan”. La frase está sujeta a múltiples revisiones en la práctica, pero sí es notorio que los “héroes” o líderes políticos que han gozado de gran popularidad han podido colocarse muchas veces por encima de las leyes y de la democracia.

Cuando Luiz Inácio Lula da Silva dejó la Presidencia de Brasil en 2011, tras ocho años de mandato, tenía 87% de aceptación entre los votantes. Era tal su dominio de la política amazónica que pudo elegir una sucesora y hacerla ganar las elecciones solo con dar su consentimiento.

Su lenguaje llano y “para el pueblo” y el aparato propagandístico que destacaba su pasión por los más pobres le hizo ganar popularidad entre los brasileños más allá de los resultados reales de su gestión.

Llegó a ser tan querido que ante el primer escándalo de corrupción de la cúpula de su partido, pudo darles la espalda a sus compañeros y aliarse con el centro y la derecha para incluso volver a lanzarse como Presidente y ganar las elecciones.

Ahora que Lula no gobierna y se dedica a dar conferencias a transnacionales, la policía lo retuvo durante tres horas con una acusación firme: se enriqueció a fuerza de sobornos de Petrobras.

“El ex presidente Lula, además de ser el líder del partido, fue el responsable último de la decisión sobre quiénes serían los directores de Petrobras y fue uno de los principales beneficiarios de estos sobornos”, afirma un comunicado de la Policía.

“Hay evidencia de que los sobornos le enriquecieron y financiaron las campañas electorales y las arcas de su partido político”, añade la nota.

Lo cierto es que Lula ya no es Presidente, que la popularidad de Dilma es apenas de 5%, que la economía no va nada bien en Brasil y que la justicia amazónica sabe que es mejor destapar la olla completa porque el cambio de gobierno es inminente y nadie querrá pagar por encubrir a un régimen saliente.

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