El mito del planeta de los pequeños tiranos

Por Néstor Luis González el 22/03/2016

Érase una vez un mundo no muy lejano del nuestro en el que los hijos gobernaban a sus padres desde que cumplían quince años hasta los veinte, cuando generalmente se iban de la casa dispuestos a abrirse camino en la vida.

La causa de tal proceder era que supuestamente las nuevas generaciones serían por lógica más evolucionadas que las anteriores, y como consecuencia directa los padres se esmeraban en la formación de sus hijos de manera que no les salieran con alguna patada cuando agarraran las riendas del hogar a los quince. Hablo de un mundo más o menos centralizado y medio dictatorial, pues el vástago tenía derecho a quedarse en casa mandando durante toda su vida, obvia culpa de malos padres.

De cualquier modo, los padres podían demandar cualquier exceso por parte de sus hijos así como en nuestro mundo sucede lo mismo pero al revés. Cierto decreto permitía a las parejas reproducirse una sola vez, pero con el tiempo no pudo evitarse que por miedo a engendrar un tirano la gente optara por no tener descendencia. En menos de cien años la población se diezmó por culpa de los métodos anticonceptivos permanentes, y un buen día murió de soledad el último representante de aquella raza.

Con los siglos la existencia de ese mundo se convirtió en mito, y poco a poco fueron desapareciendo los rapsodas que cantaban su historia, pero hay acontecimientos que parecen tener vida propia y se niegan a quedar en el olvido dispuestos incluso a reaparecer en la mente de un escritor como yo aunque por eso se los tilde de ficción.

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