El margariteño que asombró a Juan Rulfo

Por Luis Figuera el 16/07/2016

Un día la actriz venezolana Teresa Selma, le entregó a Juan Rulfo, un librito de un amigo venezolano que estuvo varias semanas junto a un montón de correspondencias, hasta que una noche volvió a preguntarle a Rulfo, días después el mexicano le dijo que había quedado asombrado con la novela, que era muy buena. Posteriormente en el marco de la organización de un congreso de escritores, indagó por la presencia de aquel autor al que nadie conocía.

El escritor resultó ser Renato Rodríguez, creador de una de las mejores novelas de la Venezuela literaria, Al Sur del Equanil, cuyo nombre surgió de una conversación, con Salvador Garmendia, en un bar de Bello monte, cuando Renato, confundió el nombre que era Al Sur del Ecuador, y lo pronunció como al Sur del equanil, a lo que Garmendia respondió que era una vaina bien buena, en referencia a la pastilla equanil que es un anti depresivo, que se utilizaba mucho en la época. El mismo Renato Rodríguez contó que eso acrecentó su fama porque decían que había escrito una novela que era una vaina bien buena.

Renato tuvo una vida nómada desde que su familia decidió mudarse de Margarita a Cumana, hasta aquel viaje imprevisto que hizo en un viejo barco que iba a ser desincorporado, después recorrió Quito, Perú, Chile, Nueva York, Paris, Bélgica, Suiza, Italia, Hamburgo, ganándose la vida en diversos oficios, trabajo en 11 películas del cine venezolano, vivió en sitios increíbles lo que agiganta su estampa de escritor extraño. En Venezuela era prácticamente desconocido por quienes negaban la calidad literaria de sus textos, especialmente a su primera novela, al Sur del Equanil, publicada en 1963, y que genero una gran controversia al ser comparada con Días de Ceniza, de Salvador Garmendia, uno de los escritores más renombrados de la época.

Sin embargo sería esa novela que empezó a garabatear a los veinticuatro años, la que lo elevaría al olimpo, posteriormente se realizó una nueva tirada con prólogo de Orlando Araujo. Lo que aumentó el aura y la leyenda de escritor de culto. Conocedor del mundo literario logró codearse con fenómenos de la talla de Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, y conoció a Merv Griffin, y Andy Whorl. La novela de viajes de Renato Rodríguez, incipiente acercamiento al globalismo literario, tal vez solo tenga un antecedente en las memorias del General De Nogales Méndez, y sus interminables fabulas colmadas de peripecias, y personajes maravillosos. Sin embargo su propuesta fue una de las más originales y sinceras que se planteó a inicios del sesenta, logrando anticiparse al boom de la nueva narrativa venezolana. Al Sur del Equanil, País Portátil, de Adriano González León, Marzo Anterior, de José Balza, Piedra de Mar, de Francisco Massiani, Cubagua, de Enrique Bernardo Núñez, son las novelas más singulares que se han editado en nuestro país.

Era un trashumante que escribió con desenfado, y vivió para la literatura, sus múltiples peripecias están recogidas en sus libros, casi todos con recuerdos y andanzas reales. Su vida es una gran novela de angustias y viajes constantes . Mantuvo una lucha con sus padres que deseaban verlo graduarse de ingeniero. Después sufrió una angustia permanente que mezclaba el miedo al fracaso como escritor, con la necesidad de expresión de un espíritu que nació para las letras, que siguió los consejos de un tal William Faulkner que un día le dijo a un joven que comenzaba en las letras: consígase un trabajo en un burdel, fue así como recalo en un cuartico pequeño en el prostíbulo de Doña Elvira en Lima.

Fue un fabulador innato que exagero muchas de las anécdotas de una vida azarosa, en la que cuesta separar la ficción de los acontecimientos reales, ese desparpajo, ese desenfado literario es una constante en toda su obra, y la que lo lleva a crear esa especie de ficción múltiple que además de una prosa sin adornos son el sello distintivo del trabajo literario de éste margariteño que publico muchas de sus obras con esfuerzo propio bajo el sello RARo, otra genialidad creativa al unir las tres letras de su nombre .

Lo ficcional en su obra es una forma de analepsis constante, va y viene sobre los recuerdos y las anécdotas de una vida a imagen y semejanza de sus personajes. Sus historias esconden un gran sentido del humor negro, un sarcasmo sin igual, son el reflejo de una vida al límite como su estadía en New York, que relata en el Bonche, y donde pasó noches enteras en los mejores clubes bailando para quitarse el cansancio, por lo que recibió el apodo de piernas de goma. Sin duda que Renato, nació para la literatura. Según sus palabras “Para mí, la escritura nunca fue un pretexto, fue mi vida” o como diría Vargas Llosa .

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