El libro que te hará masturbarte o vomitar

Por redaccionnyl el 19/08/2016

Helen es una joven de 19 años que piensa que lavarse está sobrevalorado. A Helen le gusta el sexo y experimenta con todos los orificios de su cuerpo. A Helen le importa una mierda lo que opines de ella. Porque Helen es asquerosa e incómodamente libre. Y la novela Zonas Húmedas (Anagrama, 2009) de Charlotte Roche te lo explica todo.

Así que, si te parece sumamente asqueroso algo como mear en la ducha, te recomiendo – por tu salud física y mental – que no abras el libro bajo ningún concepto. Es más, deja de leer ahora mismo este artículo, porque no vamos a tener más remedio que entrar en materia.

Al grano. A Helen, nuestra adolescente libertina, le repugna la higiene y le encanta el sexo en todas sus variantes. Sola o acompañada por una o todas las personas que quepan en la cama. Por supuesto, no es de esas que sientan pudor porque su acompañante se disponga a bajar al pilón sin que ella haya pasado por el bidé recientemente. Más bien al contrario. Es una chica muy húmeda a la que le excita manchar las braguitas de flujo a las pocas horas de ponérselas y, además, mete el dedito para probarlo a cada rato y no perderse el manjar que saboreará su pareja sexual. Es bueno saber de primera mano lo que uno vende, dicen.

El argumento gira en torno a una infección anal que se ha provocado ella misma al depilarse y por la que ha tenido que ser operada de urgencia. Mientras está en el hospital recuperándose, rememora sus peripecias sexuales (y antihigiénicas), sus traumas infantiles y su obsesión por que sus padres divorciados se vuelvan a enamorar.

Este libro consigue convertir la escatología extrema (o sea, las mayores cerdadas que leerás jamás) en una especie de autoestima corporal desbordada, describiendo a una persona que ama todos sus orificios y lo que entra y sale de ellos. Al leerlo, no podrás evitar pensar que o bien ella está trastornada o que tú desconoces tu cuerpo y sus posibilidades por completo.

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“¿Por qué me van a dar asco el pus o la sangre?”, se pregunta Helen, “cuando me abro un grano y el pus se me queda pegado al dedo, me lo como con mucho placer”, sigue explicando la joven, a la que también le gusta refregar sus partes íntimas en los WCs públicos para “recoger” las gotitas de pis de otras mujeres.

No hay ninguna norma de higiene básica que esta chica no se pase por el forro (nunca mejor dicho). Pero además de dejarte perplejo a cada frase, consigue despertar también cierta ternura. Y es que Helen solo es, al fin y al cabo y de la manera más natural y retorcida posible, una adolescente que va al instituto. Una chiquilla llena de inseguridades y ganas de explorar la sexualidad hasta límites insospechados o, mejor dicho, sin ningún tipo de límite.

Porque Helen, en lugar de abstenerse cuando tiene la regla, prefiere poner una buena sábana blanca y elegir para la penetración las posturas que favorezcan manchar la cama todo lo posible. Y, si alguien cree que tendrá algún reparo en que le coman el coño durante el sangrado, se equivoca, y MUCHO. Es más, cuando su acompañante haya terminado la faena, no dudará en besarle apasionadamente para acabar, ambos, como dos lobos que acaban de devorar un cabritillo.

Esto no es más que una pequeña muestra de lo perturbadoras que pueden llegar a ser estas líneas. Una historia que nos lleva más allá del aséptico mundo de higiene y pulcritud en el que nos hemos encerrado, una visión del sexo que nunca habíamos imaginado.

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