El garabato que cobró vida. Por Néstor Luis González

Por Néstor Luis González el 24/09/2016

Mongol 480 número 2, hoja en blanco y mano inocente de niño dibujaron una figura indescifrable que la mamá calificó de garabato antes de echar a la papelera. El infante lloró considerando la importancia de su obra para el desarrollo del movimiento abstracto en el país. En todo caso, de esta historia solo importan los acontecimientos posteriores a la llegada del papel a la basura, porque algún motivo tan ilógico como las fresas pintadas en las cajas de Corn Flakes hizo que el garabato cobrara vida y se saliera de la hoja transformándose en una especie de cabello larguísimo capaz de imitar a una serpiente para recorrer los rincones de la casa y finalmente llegar a mi habitación.

Sí, acepto que tuve miedo al verlo; pero nunca pensé que podía ser tan ágil para llegar a mi boca de un brinco y bajar por mi garganta. Fue lo mismo que tragarse un cabello. De verdad traté de defenderme. Incluso me cuadré como boxeador antes de que me venciera en esa única embestida, en ese brinco que me atoró y me lanzó al piso tal vez por estrangularme desde adentro. Lo cierto es que al menos estoy vivo. Pudo matarme de haberlo querido, pero aparentemente solo quería demostrarme que el más despreciable garabato dibujado por un niño es capaz de hacer cosas tan increíbles como salirse del papel y estrangular a alguien por dentro. Así que tú tampoco subestimes a nadie, nunca.

Nunca.

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