“El examen” de Cortázar, a propósito de Hebe de Bonafini

Por Luis Figuera el 08/08/2016

Escrita en 1950 y sólo publicada 36 años después, “El examen”, es un relato poco publicitado dentro de la obra del argentino, aunque guarda el germen inicial de aquel inmortal que sedujo a sus lectores machos.

Escrito en un conjunto de códigos insinuantes que nunca terminan por concretarse, y que describen fenómenos extraños en una Buenos Aires cubierta de niebla densa, y donde se suceden extraños rituales de multitudes que parecen anticipar desde una memoria sagrada, esculpida con el martillo de los Dioses, liturgias para grandes y memoriosos sucesos.

La aventura de cinco jóvenes argentinos que vagabundean por la ciudad, sirve de pretexto para armar una especie de sinfonía porteña que para los amantes de los fenómenos paranormales es una premonición literaria de lo que vivió Argentina después de la muerte de Evita de Perón.

Sin embargo el relato puede interpretarse como una anticipación en el tiempo y en otra realidad, a los sucesos en la capital durante el año dos mil uno, y que con el lema “que se vayan todos”, generaron la destitución del presidente De La Rúa, después de una cruel represión, y sus sustitutos en un lapso de aproximadamente 25 días. . “…la Casa Rosada crecía en el aire de niebla, asomando a jirones, con luces en los balcones y en las puertas. “Recepción”, pensó Juan. “O cambio de gabinete”. Pero esto último era absurdo no prendían luces extras para tal cosa…

Recuerdo haber leído “El examen”, meses antes de la crisis institucional, y en sus páginas pude intuir y aún lo sostengo, una alegoría casi premonitoria al nacimiento de Las Madres de la Plaza de Mayo, lo que se describe con una prosa maravillosa y a veces surrealista en algunas páginas se aproxima de alguna manera a los ritos de las mujeres que acudían a la plaza a reclamar sus hijos. “Era un círculo, los tipos se tenían del brazo y rodeaban a la mujer vestida de blanco, una túnica entre delantal de maestra y alegoría de la patria nunca pisoteada por ningún tirano, el pelo muy rubio desmelenado cayéndole hasta los senos. Y en el redil había dos o tres hombres de negro, achinados y enjutos, Clara los vio que oficiaban algo, que servían en la ceremonia con movimientos de pericón desganado”.

Entre esas mujeres estaba Hebe de Bonafini, convertida, gracia a su constancia y dignidad, en un símbolo de la lucha contra uno de los horrores más grandes que ha conocido la humanidad, merecedor de una antología universal de la infamia junto al holocausto, la guerra en Yugoslavia, y la dictadura chilena.

El horror contra el que tuvo que luchar la organización Madres de la Plaza de Mayo, no tiene comparación en el mundo moderno. Una dictadura que no solo desaparecía a sus hijos, sino que se apropiaba de sus nietos y los regalaba, muchas veces a los torturadores y jefes de la dictadura militar. Hebe de Bonafini, jugó un papel crucial en la lucha contra ese barbarismo, ese primitivismo ancestral que se instaló en el país sureño.

“El examen” es un relato perturbador que recupera el habla del hombre común y ahonda en el miedo de un país complejo que se auto flagela, y esculpe sus bendiciones y sus maldiciones, hurga en la psiquis de una sociedad conservadora que vive sus horrores puertas adentro con sus simbologías y sus anticipaciones.

Unos diálogos entre los protagonistas son reveladores “- No sé para que vamos a la plaza de Mayo. – A Stella le gustaba – dijo Clara-. …Parece que siguen con las ceremonias… – No hablés así – dijo Andrés, muy serio-. La gente no viene solo por el diario. Ninguna campaña publicitaria puede explicar ciertos furores y ciertos entusiasmos. Me han dicho que los rituales son espontáneos, que a cada rato inventan nuevos…”

Los presentimientos que acosaban a un joven llamado Julio Cortázar, continúan allí acezantes en las boca calles porteñas, el barbarismo de la pampa, con su gaucho a caballo y los juegos de cuchillo que describió Borges anidan en la memoria, el miedo de las castas a perder privilegios también es ancestral, y que ahora lo represente un “hijo de las remil putas”, como ha definido Bonifani a Macri es simple cuestión de gustos.

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