El erotismo de la política

Por Luis Figuera el 08/05/2017

Los sistemas políticos imponen el abandono de la razón individual por la razón colectiva, no en vano Aristóteles, el primer antropólogo afirmaba que la polis es la unidad y el reconocimiento de todos los miembros. En el primer libro de la política, manifestaba ?Es evidente que la ciudad- estado es una cosa natural y que el hombre es por naturaleza un animal político o social […].

El hecho político surge entonces como la posición racional del hombre libre, ante la concepción general de esa unidad, impuesta por las clases dominantes.

El erotismo es por su parte la razón espiritual que nos libera del instinto salvaje y animal que implica el acto de reproducción. Erotismo y política se encuentran en el silencio de la reflexión, donde se concibe el corpus de la polis, y en la soledad de la contemplación del cuerpo ajeno.

El poder que emana de la acción política es un placer que se impone como un ejercicio de la voluntad racional. El erotismo es la llama fugaz que fascina y nos hace desearlo solo en la prolongación del deseo.

A Henry Kissinger se le atribuye haber afirmado que el poder es erótico. La frase en su contexto real se refiere al nivel de seducción que se puede despertar en el sexo opuesto, a través del ejercicio de la política. Según un informe hecho de la Agencia Trasparencias y Pudores, republicado en el Blog Sexo y Poder: los dos líderes más deseado por las mujeres del mundo han sido Jhon F. Kenedy; y el legendario guerrillero Ernesto Che Guevara.

En su libro la llama Doble Octavio Paz afirma: “En Occidente se repitió el fenómeno de la primera postguerra: triunfó y se extendió una nueva y más libre moral erótica. Este período presenta dos características que no aparecen en el anterior: una, la participación activa y pública de las mujeres y de los homosexuales; otra, la tonalidad política de las demandas de muchos de esos grupos. Fue y es una lucha por la igualdad de derechos y por el reconocimiento jurídico y social; en el caso de las mujeres, de una condición biológica y social; en el caso de los homosexuales, de una excepción. Ambas demandas, la igualdad y el reconocimiento de la diferencia, eran y son legítimas; sin embargo, ante ellas los comensales de El banquete platónico se habrían restregado los ojos: el sexo ¿materia de debate político? En el pasado había sido frecuente la fusión entre erotismo y religión: el tantrismo, el taoísmo, los gnósticos; en nuestra época la política absorbe al erotismo y lo transforma: ya no es una pasión sino un derecho. Ganancia y pérdida: se conquista la legitimidad pero desaparece la otra dimensión, la pasional y espiritual. Durante todos estos años se han publicado, según ya dije, muchos artículos, ensayos y libros sobre sexología y otras cuestiones afines, como la sociología y la política del sexo, todas ellas ajenas al tema de estas reflexiones. El gran ausente de la revuelta erótica de este fin de siglo ha sido el amor”.

El erotismo se encuentra con la política en el espacio de la contemplación individual, allí donde se mira y se escudriña el cuerpo ajeno o el propio, la imaginación se convierte en un animal instintivo que busca atrapar los secretos de las formas. La reflexión es a la política lo que la contemplación es al erotismo.

Sin lugar a dudas que entre zurdos y derechos, los primeros deben ser más eróticos, por algo se escoge el color rojo como símbolo y bandera de luchas, el puño cerrado que visto invertidamente tiene forma fálica, y por si queda alguna duda allí majestuosa e imponente, está el asta de la bandera que siempre han arriado los socialistas.

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