El disurso de Martin Luther King que cambio al mundo

Por redaccionnyl el 16/01/2016

Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy di?a en esta que sera?, en la historia, la ma?s grande demostracio?n para la libertad en la historia de nuestro Pai?s.

Hace cien an?os, un gran Americano, en cuya simbo?lica sombra estamos hoy parados, firmo? la Proclamacio?n de la Emancipacio?n. Este trascendental decreto vino como un gran rayo de luz de esperanza para millones de esclavos Negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Vino como un lindo amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero cien an?os despue?s, el Negro au?n no es libre; cien an?os despue?s, la vida del Negro au?n es tristemente lisiada por las esposas de la segregacio?n y las cadenas de la discriminacio?n; cien an?os despue?s, el Negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso oce?ano de prosperidad material; cien an?os despue?s, el Negro todavi?a languidece en las esquinas de la sociedad Americana y se encuentra desterrado en su propia tierra.

Entonces hemos venido hoy di?a aqui? a dramatizar una condicio?n vergonzosa. En un sentido hemos venido a la capital de nuestro Pai?s a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra repu?blica escribieron las magni?ficas palabras de la Constitucio?n y la Declaracio?n de Independencia, ellos firmaban un pagare? del cual cada Americano seri?a el heredero. Este pagare? era la promesa que todo hombre, si?, el hombre negro y el hombre blanco, tendri?an garantizados los derechos inalienables de vida, libertad, y bu?squeda de la felicidad.

Es obvio hoy di?a que Ame?rica ha incumplido este pagare? en lo que concierne a sus ciudadanos de color. En lugar de honrar esta sagrada obligacio?n, Ame?rica ha dado a la gente Negra un cheque malo; un cheque que ha regresado con el sello “fondos insuficientes.” Pero rehusamos creer que el Banco de Justicia esta? quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bo?vedas de oportunidad de este Pai?s. Y entonces hemos venido a cobrar este cheque, el cheque que nos dara? sobre manera la riqueza de libertad y la seguridad de justicia.

Tambie?n hemos venido a este sagrado lugar para recordar a Ame?rica la urgencia impetuosa de ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de Democracia; ahora es el momento de salir del obscuro y desolado valle de la segregacio?n al camino alumbrado de la justicia racial; ahora es el momento de sacar nuestro Pai?s de las arenas movedizas de la injusticia racial, a la piedra so?lida de la hermandad; ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Seri?a fatal para la nacio?n pasar por alto la urgencia del momento. Este verano ardiente por el legi?timo descontento del Negro, no pasara? hasta que no haya un oton?o vigoroso de libertad e igualdad.

1963 no es el fin, si no el principio. Y los que pensaban que el Negro necesitaba desahogarse para sentirse contento, tendra?n un rudo despertar si el Pai?s regresa al mismo oficio. No habra? ni descanso ni tranquilidad en Ame?rica hasta que al Negro se le garantice sus derechos de ciudadani?a. Los remolinos de la rebelio?n continuara?n a sacudir las bases de nuestra nacio?n hasta que surja el esplendoroso di?a de la justicia. Pero hay algo que yo debo decir a mi gente, los cuales esta?n parados en el umbral gastado que conduce al palacio de la justicia.

En el proceso de ganar el lugar que nos corresponde, no debemos ser culpables de hechos censurables. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad con tomar de la taza de la amargura y del odio. Siempre tendremos que conducir nuestra lucha en el plano alto de la dignidad y disciplina. No podemos permitir que nuestras protestas creativas se degeneren en violencia fi?sica. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas del encuentro de la fuerza fi?sica con la fuerza del alma.

La maravillosa nueva militancia, la cual ha envuelto a la comunidad Negra, no deberi?a llevarnos a desconfiar de toda la gente blanca; porque varios de nuestros hermanos blancos, como se ve hoy di?a por su presencia aqui?, han venido a darse cuenta que su destino esta amarrado con nuestro destino. Y ellos han llegado a darse cuenta que su libertad esta inseparablemente unida a nuestra libertad. No podemos caminar solos. Y al caminar, debemos hacer la promesa que siempre marcharemos adelante. No podemos volver atra?s.

Hay aquellos que esta?n preguntando a los devotos de los Derechos Civiles, Cuando estara?n satisfechos?” Nunca podremos estar satisfechos mientras que el Negro sea vi?ctima de horrores indescriptibles de brutalidad policial; nunca podremos estar satisfechos mientras que nuestros cuerpos, pesados por la fatiga de viajar, no podemos alojarnos en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades; no podremos estar satisfechos mientras que la movilidad ba?sica del Negro es de un barrio pequen?o a uno ma?s grande; nunca podremos estar satisfechos mientras que nuestros hijos esta?n despojados de su personalidad y robados de su dignidad por un letrero escrito “So?lo Para Blancos,” no podremos estar satisfechos mientras que el Negro de Mississippi no pueda votar y el Negro de New York crea que no tiene nadie por quie?n votar. No! No, no estamos satisfechos, y no estaremos satisfechos hasta “que la justicia corra como el agua y las virtudes como una fuerte quebrada,”

Yo no desconozco que algunos de ustedes han venido pasta aqui? con grandes esfuerzos y tribulaciones. Algunos de ustedes han llegado recie?n de unas angostas celdas. Algunos de ustedes han venido de a?reas donde su bu?squeda de libertad los ha dejado golpeados por la tormenta de persecucio?n y derrumbados por los vientos de la brutalidad polici?aca. Ustedes han sido los veteranos de sufrimiento creativo. Continu?en trabajando con la fe? de que el sufrimiento no merecido es redentorio. Regresen a Mississippi; Regresen a Alabama; Regresen a South Carolina; Regresen a Georgia; Regresen a Louisiana; Regresen a los barrios bajos y a los ghettos de nuestras ciudades Norten?as, sabiendo que de alguna manera esta situacio?n podra? y sera? cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperacio?n.

Entonces les digo a ustedes, mis amigos, que aunque nosotros enfrentemos las dificultades de hoy y de man?ana, au?n yo tengo un suen?o. Es un suen?o profundamente arraigado en el suen?o Americano, que un di?a esta nacio?n surgira? y vivira? verdaderamente de su credo, “nosotros mantenemos estos derechos patentes, que todo hombre es creado igual.” Yo tengo un suen?o que ese di?a en las tierras rojas de Georgia, hijos de esclavos anteriores e hijos de duen?os de esclavos anteriores se podra?n sentar juntos a la mesa de la hermandad. Yo tengo un suen?o que un di?a au?n el estado de Mississippi, un estado ardiente por e1 calor de justicia, ardiente por el calor de la opresio?n, sera? transformado en un oasis de libertad y justicia. Yo tengo un suen?o que mis cuatro pequen?os hijos algu?n di?a vivira?n en una nacio?n donde no sera?n juzgados por el color de la piel, sino por el contenido de sus cara?cteres.

Hoy yo tengo un suen?o!

Yo tengo un suen?o que un di?a en Alabama, con sus racistas viciosos, con su Gobernador con sus labios goteando palabras de interposicio?n y nulificacio?n, un di?a alli? en Alabama los pequen?os negros, nin?os y nin?as, podra?n unir las manos con pequen?os blancos, nin?os y nin?as, como hermanos y hermanas.

Hoy yo tengo un suen?o!

Yo tengo un suen?o que algu?n di?a cada valle sera? elevado, y cada colina y montan?a sera?n hechas llanas. Los lugares ma?s a?speros sera?n aplanados y los lugares torcidos sera?n hechos rectos, y la gloria de Dios sera? revelada y todo ge?nero humano se vera? junto.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual yo regreso al Sur. Con esta fe podremos labrar de la montan?a de la desesperacio?n, una piedra de esperanza. Con esta fe podremos transformar el sonido discordante de nuestra nacio?n en una hermosa sinfoni?a de hermandad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la ca?rcel juntos, pararse juntos por la libertad, sabiendo que algu?n di?a seremos libres, y este es el di?a. Este sera? el di?a cuando todos los hijos de Dios podra?n

cantar con nuevos sentidos “Mi Pai?s es de ti, dulce tierra de libertad a ti yo canto. Tierra donde mi padre murio?, tierra del orgullo de los peregrinos, de cada lado de la montan?a, dejemos resonar la libertad.” Y si Ame?rica va a ser una grande nacio?n, esto tendra? que hacerse realidad.

Entonces dejen resonar la libertad desde la cima de los montes prodigiosos de New Hampshire; dejen resonar la libertad desde las poderosas montan?as de New York; dejen resonar la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pennsylvania; dejen resonar la libertad desde las rocas cubiertas de nieve de Colorado; dejen resonar la libertad desde las curvosas cuestas de California. Pero no so?lo e?sto. Dejen resonar la libertad de la Montan?a de Piedra de Georgia; dejen resonar la libertad desde la montan?a Lookout de Tennessee; dejen resonar la libertad desde cada colina y montan?a de Mississippi. “De cada lado de montan?a dejen resonar la libertad.” Y cuando e?sto pase y cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar de cada aldea y cada caseri?o, de cada estado y cada ciudad, podemos apurar el di?a en que todos los hijos de Dios, hombre negro y hombre blanco, Judi?os y Cristianos, Protestantes y Cato?licos, podemos unir nuestras manos y cantar en las palabras del viejo espiritual Negro:

“Libre al Fin, Libre al Fin; Gracias Dios Omnipotente, somos libres al fin.”

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