El Conde de Lautréamont, el último poeta que vio el rostro de Dios

Por Luis Figuera el 14/02/2016

Jacob se levantó aquella noche, tomó a sus dos mujeres, a sus dos siervas y a sus once hijos, y los hizo cruzar el río junto con todo lo que tenía.

– No puedes estar en este sitio –le gritó un hombre.

Jacob, se quedó solo, y lucho contra el hombre hasta la salida del alba.

– Suéltame, que ya amanece -dijo el hombre, mientras Jacob se colgaba de sus pies. Y este le respondió:
– No te dejaré si no me bendices.
– ¿Cuál es tu nombre?
– Jacob.
– De ahora en adelante te llamarás Israel; porque has luchado con Dios, y con los hombres. Jacob, llamó a aquel lugar Paniel, porque dijo: “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma”.

Igual que Jacob, Isidore Lucien Ducasse, cruzó el Jaboc metafísico, en su poesía, para salvarse a sí mismo buscando encontrarse cara a cara con el Señor para liberar su alma atormentada. Mirando a lo infinito pudo ver el rostro de Dios, . Tal vez logró recibir la bendición, y por eso cambio su nombre por el de El Conde de Lautréamont.

Los cantos de Maldoror, son un lamento nauseabundo contra la bestialidad de la especie humana, un himno de batalla espiritual contra Dios, . Una recriminación eterna y blasfema llena de signos contrarios y asociaciones de imágenes incongruentes que consiguen crear una musicalidad desacompasada que rompe todos los moldes, y donde lo grotesco adquiere a través de imágenes yuxtapuestas un nuevo sentido.

Su poesía no está exenta de musicalidad rítmica, y mucho menos de lucidez intelectual y literaria, , < la poesía debe ser hecha por todos>. Lautréamont, es el iniciador de la poética del azar que muchos años después los surrealistas reinventaran y explotaran con el método de la escritura automática, su frase < El encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección>, se convirtió en un ejemplo clásico de la invocación de elementos contrapuestos en busca de la creatividad irracional.

Isidore Lucien Ducasse nació en Montevideo en 1846, murió a los veinticuatro años en París, en un cuarto de hotel, de una enfermedad desconocida, lo cual aumentó la leyenda negra sobre su vida. Sus primeros propagandistas como León Bloy, y Rubén Dario, ayudaron a esparcir la infamia de su locura, y la fábula de su vida maldita, sin embargo André Bretón, y las mentes más lucidas como Salvador Dalí, Louis Aragón, terminaron reivindicando su genio creativo. Pablo Neruda, lo definió como un Arcángel Maldito.

Canto tercero (fragmento)

“Un farol rojo, bandera del vicio, suspendido del extremo de una varilla, balanceaba su armazón azotada los vientos, sobre una puerta maciza y carcomida. Un corredor sucio que olía a muslo humano, daba sobre un patio en el que buscaban su comida algunos gallos y gallinas. Sobre la pared que servía de cerca y daba al lado oeste, se habían practicado minuciosamente varias aberturas cerradas por ventanas enrejadas. El musgo revestía ese cuerpo de edificio; que había sido, sin duda, un convento y servía en la actualidad, como el resto del edificio, de vivienda a todas esas mujeres que exhiben, día a día, a los que entran, el interior de sus vaginas a cambio de unas monedas. Yo estaba sobre un puente cuyos pilares se hundían en el agua cenagosa de un foso. Desde ese plano elevado, contemplaba aquella construcción en el campo, agobiada por la vejez y los mínimos detalles de su arquitectura interna. A veces, la reja de una ventana se abría rechinando, como por el impulso ascendente de una mano que violentaba la naturaleza del hierro; un hombre asomaba la cabeza por la abertura libre a medias, avanzaba los hombros sobre los que caía el yeso escamoso, y terminaba haciendo salir, mediante esa laboriosa extracción, su cuerpo cubierto de telarañas. Con las manos apoyadas a modo de corona sobre las inmundicias de toda clase que agobiaban el suelo con su peso, mientras la pierna permanecía todavía enganchada en la reja retorcida, recobraba su posición natural, e iba a enjuagar sus manos en una tina roja, cuya agua jabonosa había visto levantarse y caer a generaciones enteras, para alejarse después, lo más rápido posible, de esa calleja de arrabal, y respirar el aire puro en el centro de la ciudad”.

Nalgas y Libros | contacto@nalgasylibros.com