Ed Gein, el criminal que inspiró a grandes iconos del cine de terror

Por redaccionnyl el 22/03/2017

Sabía que el hombre detestaba cualquier tipo de insinuaciones y, como no le caía bien, recordó que solía verlo en el bar, con los ojos puestos sobre Mary.

Aquella actitud solo podía interpretarla como amor por lo que no dudó en soltarle a Gein que de haber confesado sus sentimientos, Mary no estaría desaparecida, sino en la granja, cocinándole la cena. Gein puso los ojos en blanco y sonrió diciendo “no ha desaparecido. Ahora mismo está en mi granja”.

Ueeck le pareció una más de las de Gein; una a las que ni él, ni muchos otros se acostumbraban. Tiempo después recordaría ante las autoridades, entendiendo que se había tratado de una confesión sin remordimientos.

Ya no quedaba duda: Gein había matado a Mary. La había convertido en parte de su museo del terror que los oficiales hallaron asombrados en su granja; una colección tan macabra que inspiró a Robert Bloch a escribir Psycho (que luego Hitchcock llevaría brillantemente al cine).

También sirvió de musa sangrienta para crear el personaje de Leatherface en The Texas Chainsaw Massacre y a Buffalo Bill, en The Silence of the Lambs. No era para menos: lo de Gein era algo nunca antes visto y algo que no se olvidaría fácilmente.

Una madre dominante

Ed Gein nació el 27 de agosto de 1906. Su padre era el típico hombre borracho. Su madre era la típica fanática religiosa. Tuvieron dos hijos y peleaban frente a ellos. Las discusiones terminaban con unos buenos golpes del hombre hacia Augusta, la mujer.

Decidida a que sus hijos no crecieran para ser igual que su padre, Augusta impartió una educación severa a sus hijos. Los castigaba y golpeaba y no mostraba ninguna señal de afecto hacia ellos. Los pequeños crecieron sin contacto con el mundo exterior: cada persona que conocían eran rápidamente vetados por Augusta, quien la consideraba una mala influencia.

Para cuando Gein tenía 39 años quedó solo. Su padre fue el primero morir, luego su hermano en circunstancias extrañas. Ed se quedó al cuidado de su madre quien lo consideraba débil y poca cosa, eso hasta que un ataque al corazón acabó con su vida.

Ed estaba a la deriva: dependiente, reprimido y en el centro de un mundo que no comprendía.

Los asesinatos

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A Ed solo le atribuyen dos homicidios. Mary Hogan fue su primera presa. Un granjero de la zona entró a su taberna el 8 de diciembre de 1954 para beber una cerveza. Lo que encontró fue un río de sangre por lo que dio pronto aviso a las autoridades.

No habían robado nada y el sheriff no dudó que Mary estaba muerta. El quién había cometido el asesinato y dónde estaba el cadáver era un misterio.

Casi tres años después, Gein ya sentía la sed de sangre en su garganta de la que se pudo librar el 16 de noviembre de 1957, en plena temporada de caza, aunque no con un animal. Al contrario, su presa era otra mujer: Bernice Worden, la dueña de una ferretería del lugar.

Bernice ya le había comentado a su hijo que Gein la estaba molestando. Pasaba por el local para hacerle preguntas tontas e incluso, intentó invitarla a salir. Cuando lo vio esa mañana, no se extrañó. Ya había estado allí la noche anterior para preguntar por el precio de un anticongelante.

Gein estaba vez sí quería comprarlo y Bernice marcó la venta en su libro de contabilidad. De ella no se supo más, hasta que su hijo se asomó horas después en la tienda al ver que las luces seguían encendidas. Al entrar, encontró un charco de sangre en la parte trasera del local. No había rastro de Worden.

El museo del terror

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Gein surgió como el primer sospechoso. No solo el hijo de Bernice comentó lo que le había dicho su madre, sino que aparecía registrada la compra del anticongelante. La policía no dudo en ir tras él.

Lo detuvieron mientras cenaba en casa de unos amigos; los poco que tenía. Cuando los oficiales fueron hasta la granja, se toparon con una escena difícil de digerir: había un cadáver colgado boca abajo, sin cabeza y con el estómago rajado desde el vientre hasta el cuello. Y no era esto lo más macabro.

La casa de Ed Gein era digna de una película de terror. Había armado un cinturón con varios pezones, tenía lámparas y sillones hechos con piel humana, algunas “máscaras” del mismo material, huesos y calaveras por doquier, algunos de estos cortados para transformarse en platos hondos. El lugar era una podredumbre de sangre, basura, excremento, revistas pornográficas y de anatomía… todo un museo del terror con un detalle inmaculado: el cuarto de Augusta que había sido clausurado por Gein.

El delirio de Gein

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Cuando fue confrontado por los oficiales, Ed solo admitió el asesinato de Mary y Bernice. Explicó que el resto de sus “tesoros” los había sacado del cementerio. Si, Gein se dedicaba a abrir tumbas y robar los cadáveres o quitarles las partes que considerara más interesantes. Eso sí, los cuerpos eran exclusivamente de mujeres, muchas de ellas conocidas por Ed, quien al enterarse de su fallecimiento, iba al cementerio de noche por ellas. Su idea era crear un museo terrorífico abierto el público.

Ed también dijo que había cerrado el cuarto de su madre por pedido de ella. Aseguraba que había tenido conversaciones con su progenitora durante más de un año después de su muerte en las que ella lo ayudaba a dormir. Curiosamente, la mayoría de las mujeres por las que Gein iba, tenían ciertas similitudes físicas con su madre, por lo que nadie dudaba de la obsesión que Ed padecía.

También dijo estar fascinado por la anatomía y que había considerado operarse para cambiarse de sexo.

Ed fue considerado como enfermo mental y trasladado a una institución donde tuvo un comportamiento ejemplar hasta su muerte en 1984 por insuficiencia respiratoria.

Del museo del terror no quedó nada: los oficiales fotografiaron las evidencias y las destruyeron. La granja quedó reducida a cenizas por un incendio, probablemente provocado por los lugareños.

Para el “público” solo quedó la furgoneta donde Gein transportaba los cadáveres. Fue vendida al mejor postor y convertida en el museo que Gein soñaba, aunque sin elementos terroríficos más allá de saberse que pertenecía a él y una lluvia de sangre falsa lanzada por el nuevo propietario.

La historia de Ed impactó de inmediato y sirvió de inspiración para escritores, cineastas y músicos. De alguna manera, Gein se transformó en una pieza de “cultura pop” a expensas de su enfermedad mental y la sangre de dos mujeres indefensas.

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