Disney y Dalí, su amistad y el hermoso fracaso que los separó

Por redaccionnyl el 22/02/2016

Walt Disney y Salvador Dalí se profesaron una amistad maravillosa hasta el día en que se conocieron. Al principio todo fue cartas con elogios, pero una vez que se encontraron frente a frente no pudieron evitar la tentación de sentarse a trabajar juntos para darse cuenta de que era mejor que cada quien se fuera por su lado.

 
 

Sus vidas arrancaron a principios del siglo XX con padres dominantes y madres afectuosas, lo que de alguna manera en ambos cerebros resultó en un optimismo inquebrantable que siempre los impulsó a seguir hacia adelante.

Fue en 1936 cuando el trabajo del productor de películas animadas y el del pintor surrealista se juntaron por primera vez. El lugar fue el Museo de Arte Moderno de Nueva York (Moma) a propósito de una exposición sobre el arte fantástico, el dadaísmo y el surrealismo, en la que también se mostró el cortometraje de Disney “Los tres cerditos y el lobo”. Sin embargo, los artistas no se verían en persona todavía.

En 1944, ambos comenzaron a enviarse cartas aprovechando que Dalí se había mudado a Estados Unidos desde los años previos a la II Guerra Mundial.

Aquellas epístolas muestran incluso una insospechada calidez humana por parte de Dalí: por ejemplo, “el Divino” invita a Disney a pescar cangrejos en el río Carmel de California como para recordar que los dos nacieron en localidades rurales y en contacto directo con la naturaleza.

Se conocieron en persona en 1945. Un año después ya estaban trabajando en su primer y último proyecto juntos: “Destino”.

Antes de arrancar con “Destino” ya habían hablado con entusiasmo de hacer luego una película animada de “El Quijote” y otras maravillas, pero el proceso de la primera producción hizo que se dieran cuenta de la realidad: no podían trabajar juntos.

Tenían puntos de vista distintos sobre cómo contar una historia. A Dalí no le importaban los personajes. Para él las historias no eran narrativas que empezaban en el punto A y continuaban en B y C. Para él, una historia era una sucesión de imágenes como si fuesen sueños; y eso, claro, no tenía nada que ver con Disney.

A mitad del camino de tanto trabajo los artistas desistieron y se separaron dejando “Destino” a sin completar. Sin embargo, en 2003, 58 años después, un sobrino de Disney rescató y acabó el trabajo que no quisieron mostrarle al mundo sus creadores.

A continuación el cortometraje que separó a dos de los más talentosos artistas del siglo XX.

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