Desgarradores testimonios de chicas que sufren porque parecen travestis

Por redaccionnyl el 12/11/2016

Desde que es adolescente, a Lucía, de 30 años, le preguntan recurrentemente si es un hombre. Cuando ella lo niega, muchos insisten y apostillan que son “abiertos de mente”, que a ellos se lo puede contar. Pero Lucía no tiene nada que contar. Otras veces, alguien, en la mesa de al lado en el restaurante donde almuerza, susurra “mira, ese es un travesti” mientras la señala.

Como Lucía, Diana también lamenta que le es imposible encontrar novio. Muchos hombres piensan que ella es un travesti y la rechazan. Ha pensado en hacerse la cirugía para feminizar sus facciones, pero le cuesta demasiado dinero. A Joseline, por su parte, le hicieron la vida imposible en el colegio. Los compañeros la insultaban llamándola “dinosaurio”. Aún cree que nadie la va a aceptar y, si no fuera por su familia, asegura, ya se habría quitado la vida.

Estos son algunos de los testimonios que inundan foros en internet. Son muchas las chicas que cuentan su experiencia, su frustración, los abusos e insultos a los que han sido sometidas porque su cuerpo no presenta los rasgos afeminados que se le suponen.

Al explicar el desarrollo sexual en el colegio, la lección es simple: un bebé con cromosoma XX será una niña y un bebé con cromosoma XY será un niño. Fin del asunto. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja: existen diversas condiciones que no se ajustan al patrón, dificultan la identidad sexual de las personas y condicionan el modo en que la sociedad los percibe. Uno de ellos es el síndrome de insensibilidad androgénica, en virtud del cual, el cuerpo no responde a los efectos de la testosterona.

Volviendo al bebé que nace, si este presenta insensibilidad andrógénica quiere decir que su cromosoma es XY, por tanto, es genéticamente un hombre. Dependiendo de si el grado del síndrome es parcial o total las consecuencias pueden ser muy diversas. Aquellos bebés nacidos con insensibilidad a los andrógenos total son clasificados como niñas porque su cuerpo no presenta ningún rasgo masculino. Es decir, nacen con vagina y sus genitales seguirán siendo femeninos a lo largo de su vida. En la adolescencia, sin embargo, se llevará una sorpresa, ya que, por ejemplo, nunca tendrá la regla, pues carece de los órganos sexuales femeninos internos: no tiene ovarios ni útero, aunque, en apariencia, su cuerpo sea el de una mujer con todos los atributos femeninos.

En los casos en los que la insensibilidad es parcial, el recién nacido es percibido con anomalías en los genitales. Probablemente, su pene sea muy pequeño y los testículos, pese a poder intuirse, no estarán plenamente desarrollados. Y, de hecho, nunca llegarán a hacerlo. En la adolescencia tampoco les saldrá vello en las axilas ni en los genitales porque esto depende de la reacción a la testosterona. Sin embargo, en muchos casos, sí desarrollará senos. Con nueve o diez años, su cuerpo se empezará a moldear de manera parecida a como lo hace el de un cuerpo que sea genéticamente mujer (cromosoma XX).

Es la madre quien trasmite al feto el defecto genético que impide su desarrollo hormonal. Pese a ser concebido con cromosomas masculinos XY, las hormonas masculinas del feto no logran desarrollarse porque el cuerpo exhibe resistencia a los andrógenos (testosterona, androsterona y androstenediona). Sí se produce un incipiente desarrollo de los testículos embrionarios, pero éste se detiene por la insensibilidad androgénica y el feto sigue desarrollando los genitales externos por lo que el grupo de apoyo AISSG llama “ruta por defecto”, es decir, la femenina.

El aspecto general de los cuerpos con síndrome de insensibilidad androgénica parcial puede resultar ambiguo y lleva en muchas ocasiones a que los individuos sean objeto de acoso. En los casos de insensibilidad parcial, muchas personas deciden someterse a una cirugía reparadora para definir los órganos sexuales acordes con su identidad sexual.

Otras mujeres también presentan aspectos más masculinizados porque su cuerpo produce más andrógenos que un cuerpo femenino ‘estándar’. Es, por ejemplo, el caso de la atleta sudafricana Caster Semenya (foto). Medalla de oro olímpica en los 800 metros femenino en Río 2016, algunas de sus rivales se quejaron de que Semenya compite con una ventaja desmedida que hace imposible hacerle frente en la pista.

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Semenya padece hiperandrogenismo, lo que hace que su cuerpo produzca unos niveles de andrógenos superiores a lo considerado ‘normal’ en cuerpos femeninos. Algunos medios han publicado que el tipo de hiperandrogenismo que Semenya padece es, de hecho, insensibilidad androgénica, ya que no tendría útero ni ovarios y sí testículos internos.

La mayoría de la gente asocia lo masculino y femenino con unos determinados caracteres y desconocen la posibilidad de una realidad genética diferente de la realidad visual. Los afectados con insensibilidad androgénica -o, en general, hiperandrogenismo- no son transexuales ni travestis. Entender que hay diversas realidades es esencial para poder entender la situación de quien presenta un desarrollo hormonal distinto. Solo así podremos ser justos con ellos y alcanzar a comprender que el ordenamiento sexual que nos enseñan a aceptar no es el más exacto ni adecuado.

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