De lo que te enteras cuando vas a tu primer taller literario

Por redaccionnyl el 10/01/2016

No. 1 Hay otros como tú.
Uno de los primeros descubrimientos es que toda esa idea que el escritor novato se hace acerca de que es único, tiene intereses y necesidades únicas se desvanece cuando entra en su primer taller literario y encuentra a otras personas bastante similares a él. Es curioso, esto no lo toman todos de la misma manera. A algunos les decepciona no ser tan únicos como creían, otros rápidamente aprovechan las ventajas de tener compañeros en la aventura de la escritura.

No. 2 Una cosa es crear, otra escribir.
El momento de la creación, cuando con libertad se imagina y se plasma todo lo que pasa por la mente sobre el papel, como bien dice en un ensayo el novelista español Antonio Muñoz Molina, es “pura alegría”. Pero eso apenas es el primer paso de un texto literario, porque a esos embriagadores momentos de creación les sigue la ardua corrección, el añadido de razón para que lo que inicialmente fueron intenciones cuajen en un producto terminado.

No. 3 Leer y escribir son caras de una misma moneda.
En un taller literario, cuando se hacen verdaderas disecciones de los textos de los participantes, así como de obras de maestros consagrados, el escritor novato entiende que no se lee “para ser culto” o “para tener vocabulario” sino porque es la única manera de exponerse a suficientes modelos para entender las complejidades de la creación literaria.

No. 4 Inspirarse, imitar y plagiar son profundamente diferentes.
Y no sólo por la connotación ilegal del último término sino porque, casi sin excepciones, en cada taller literario los talleristas auténticos u originales son una minoría evidente mientras que los demás se reparten en estas categorías. Los que gracias a Borges o Cortázar comenzaron a escribir, los borgecitos y minicortázar que imitan sin pudor y aquellos que simplemente trasplantan la escritura de otros en textos que orgullosamente firman. Generalmente, quienes se “inspiran” e imitan tienen remedio y pueden evolucionar a convertirse en verdaderos escritores mientras que los interesados en el plagio suelen darse por irrecuperables.

No. 5 La tertulia literaria está lejos del taller literario.
Siempre existe, incluso en esta época de incredulidades y negaciones de manifiestos y gremialismos, la tendencia en el escritor a unirse con sus pares y pasar horas y horas en casas, bares, plazas, cines y teatros compartiendo puntos de vista y alimentando la vida de intelectual a la manera clásica. Son experiencias necesarias, que impactan el carácter del escritor pero, en el fondo, no son más que momentos recreativos. El taller literario, por definición, no puede ser una tertulia, hay un trabajo en la lectura y comentario de los textos, en la corrección de los mismos, en la lectura guíada de los libros que serán el combustible y materia prima de la escritura. Esto puede suceder en una atmósfera amigable, agradable pero no en la mera tertulia. Es fácil confundir vivir la vida de escritor con escribir. Las tertulias alimentan lo primero, los talleres lo segundo.

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