De la reflexión filosófica a la salvación: “Poesía y prosa” de Gustavo Pereira

Por Luis Figuera el 18/02/2016

La Biblioteca Ayacucho publicó con el número 248 “Poesía y prosa”, de Gustavo Pereira, que recopila parte de la labor literaria de éste conocido autor. Con prologo de José Balza, y un estudio bibliográfico del filólogo José Pérez, el libro es un recorrido por la vida, y el estilo de una de nuestras grandes voces.

En esta muestra se pueden apreciar los cambios graduales en la voz interior del poeta, desde la búsqueda azarosa de la salvación a través de la metáfora, hasta la reflexión filosófica contenida en forma de poema breve que fue bautizado como Somaris, y que sintetiza de manera luminosa su experiencia con las milenarias tradiciones de la buena poesía, y cuyo origen se remonta a “la antigua poesía japonesa, (de la china de la dinastía Tan`g y Ming), de la árabe e indostánica, de las canciones y proverbios de los pueblos africanos y asiáticos, de los viejos poetas griegos, de los epigramistas romanos, principalmente Marcial y Catulo, del buen Leónidas, y por último y en no menor grado – acaso al contrario-, de las canciones y mitos de los pueblos indígenas americanos”.

Pereira es uno de los cinco poetas más importantes de Venezuela. La fuerza de sus versos ha construido un territorio para el amor, la ternura y la amistad, a través de la precisión y el buen uso del lenguaje, ha logrado crear un mundo donde la sugerencias de las imágenes se disfrutan como el olor de del té antes de ser servido.

Revisar el libro es encontrar los orígenes de una inspiración inicial, una especie de relámpago que ilumina los ojos de los marineros, y trae los ecos lejanos de las viejas canciones de los puertos, “Espero a un muelle que vendrá a largar mis barcos”, que va dejando de ser melancolía y tristeza, para construirse a sí misma en el sumario y la precisión de un lenguaje poético que explota y se revela capaz de conjurar la desesperanza “Un país que amo/ un país que amo locamente/ un país que ciegamente amo”.

El viaje a través de los poemas reunidos en la antología permite escudriñar como el conjuro de la desesperanza y la melancolía se hace dolor en la sensibilidad de poeta “Me paseo por las avenidas con mi rojo cigarro/ y mi gastada pluma/ y la angustia que comienzo a enterrar/ Conozco en el aire las desconocidas espaldas/ y las abiertas heridas que tiemblan”. Hasta llegar a la salvación, el abandono, la comunión de un mismo dolor que desgarra, y se hace canción solidaria “Esa música que penetra mis huesos este violín que sangra / o llama en la noche solitaria/ a alguien o a nadie o a aquella que tembló/ y tuvo el frío o el calor de mis brazos/ también bajaran a otras profundidades también tocarán otros huesos/ también serán una canción solidaria y melancólica y terrible”.

Sin duda que Pereira ha creado una voz que espiritualmente identifica los grandes sentimientos del ser humano, y abre espacios para la reflexión y el compromiso ineludible por construir una país más humano, haciendo de la poesía un oficio para la dignidad.

Por los nuestros

Por aquellos que amaron o fueron amados sin medida
Por aquellos que escribieron cartas de amor sin esperanza
Por aquellos que rehicieron con ceniza cuánto les fue arraigado o prohibido
Por quienes no renegaron de sí mismo en la desolación de sus tormentas
Por quienes se negaron a pactar con la astucia
Por aquellos que optaron por un pedazo de pan duro entre el coraje y la vergüenza
Por aquellos que en el desconcierto se precipitaron en la alucinación de la audacia y convocaron el Samán compartido
Por los que no supieron de treta despreciable
Por los que atravesaron sin herirse zarpazos y mordeduras
Por los que hechos polvo aún guardan en el pecho pobres poderes para franquear la inclemencia
Por quienes resistieron sin quejarse ni pedir nada a cambio
Por quienes aunque solo recibieron afrentas y desprecios hallaron en nosotros motivos para resistir
Por aquellos que nos dejaron la llave de los primeros paraísos y descifraron por nosotros los jeroglíficos de lo inescrutable
Por todos los que lucharon y nos enseñaron a luchar
Por quienes entregaron huesos y sueños como disculpándose
Por los que no ambicionaron más gloria que su pobre intemperie sin amparo
Por aquellos que se abismaron ante la maravilla y se reconocieron en sus llamas
escribo estos versos.

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