De cómo el hambre tumba gobiernos. Por Álex Vallenilla

Por Álex Vallenilla el 22/06/2016

E l llanto de las madres, por hambre propia y por el de los hijos, tumba gobiernos. Ha sido así siempre. El hambre es el combustible de feroces revueltas, cuando las masas se sienten amenazadas por este flagelo, la reacción de la misma es irracional. Las masas, son hembras, emocionales, se instala en estas un fuerte sentimiento que evoluciona a resentimiento, cuando la dama se siente agredida, abandona al agresor, lo deja, en otras ocasiones, se abalanza furiosa sobre este.

 
 

Entre abril y mayo de 1775 en el norte, oeste y este de Francia, la hambruna hacía su trabajo. Llevar a la dama al sufrimiento. La falta de harina, sostén principal en aquellas épocas, se debía a las malas cosechas. No había pan. Enfurecida la mujer, luego de llorar, con sus lágrimas regó en los campos secos, la desesperanza, la miseria y decepción, que juntos, le dieron la fuerza para retorcerse, levantarse y andar en una feroz sedición.

Antes era consentida, porque el pan se pagaba a un precio a su alcance, el rey que la quería, velaba por ella y se hablaba de la “economía moral”, con precios justos y demás, siempre ha pasado así, pasa que nadie se toma la molestia de enterarse. Era el momento de la ilusión, el cariño mutuo, puesto que el entendimiento era sobre la base de una mentira, que al no poder seguir sosteniéndose, vino el edicto de Turgot, en un amargo 19 de diciembre de 1774, con la realidad angustiante, la liberación de los precios de los granos. Ese día murió el amor, empezó el llanto y la furia ganaba su espacio.

El ruido de las tripas retorciéndose, se hacía oír en todos los rincones, la mujer enfurecida, se tornó violenta y tomó para sí lo que consiguió. Eran movimientos anárquicos, que avanzaban sobre todo lo que a su paso conseguía, saciar el hambre calmaba la furia por momentos, pero esta regresaba. Saqueadores, pillos y revoltosos, obligaban a los comerciantes a vender a “precios justos”. Panaderías y almacenes eran desvalijados sin control alguno. En las vías, se daba cacería al transporte de trigo.

En Dijon, el 18 de abril, se lanzó contra los consejeros de los parlamentos. Alzada y sabiendo que ya nada la detiene, se abalanza contra las zonas urbanas. Desde los campos, todo fue arrasado, hasta las panaderías de París, cuando la dama furiosa, estaba frente a Versalles. Eso fue en la “guerra de las harinas”, previo a la Revolución Francesa. En Venezuela, la misma dama, ya lo hace, con la “guerra del hambre”.

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