Cortázar y Bioy Casares, una peculiar amistad

Por redaccionnyl el 12/01/2017

Además de la cercanía de la fecha en que nacieron: Julio Cortázar, el 26 de agosto de 1914 (en Bruselas); Adolfo Bioy Casares, el 15 de septiembre del mismo año (en Buenos Aires), a los dos los hermana una historia poco conocida de mutua admiración, sorprendentes coincidencias y un sentimiento de amistad.

 
 

“Yo creo que es uno de los mejores escritores argentinos y con eso estoy diciendo que es uno de los mejores de la literatura universal”, lo elogió Bioy a Cortázar, quien no se quedó atrás y dijo: “Quisiera ser Bioy porque siempre lo admiré como escritor y lo estimé como persona”.

Fuera de las maravillosas y celebradas páginas que escribieron, tanto Bioy como Cortázar fueron personas tímidas, una de las razones que, junto con ese “océano temprana y literalmente tendido entre los dos”, como señaló Cortázar, no les permitieron acercarse como hubieran deseado.

Recordaba Bioy: “Lo conocí en París y lo conocí muy tarde. Habrá sido en el 64. Creo que nos sentimos bastante amigos desde la primera vez que nos vimos. Alguna vez nos escribimos cartas, aunque muy pocas. Pero sabíamos que éramos amigos. Cortázar era bastante ceremonioso. Era un poco como un chambelán, como un maestro de ceremonias, pero muy simpáticamente, ¿no? Quiero decir que tenía gestos ceremoniosos. Por otra parte, también de mí se ha dicho eso. Porque yo, a veces, cuando entro en un lugar hago una reverencia: no sé por qué hago esa reverencia, es que no sé cómo saludar. Bueno, entonces la gente ve eso como un gesto muy ceremonioso: es tal vez una manera que tiene el tímido de expresarse rápidamente cuando no sabe cómo proceder. Y creo que, como yo, Cortázar era una persona tímida. Hay muchos tímidos que nos engañan porque no parecen tímidos, pero Cortázar sí me pareció tímido”.

En su relato “Diario para un cuento”, Cortázar se refirió a uno de sus escasos encuentros con Bioy, signados por la timidez: “Creo que Bioy y yo nos hemos visto tres veces en esta vida. La primera en un banquete de la Cámara Argentina del Libro, en el curso del cual nos presentamos por encima de una fuente de ravioles, nos sonreímos con simpatía, y nuestra conversación se redujo a que en algún momento él me pidió que le pasara el salero”. Cortázar y Bioy cultivaron el mismo sentido del humor.

“El humor de Bioy me gusta mucho porque, al igual que el humor de Borges, es de directa raíz anglosajona”, decía Cortázar. Y explicaba que Bioy supo introducir ese humor “en la estructura mental y lingüística del español y darle una especie de derecho de ciudad que le quita, digamos, el fondo anglosajón y lo vuelve perfectamente argentino y latinoamericano. En ese sentido, yo encuentro una gran afinidad de mi propio humor con el de Bioy”.

Observaba Bioy: “Una de las cosas que más nos unía era el sentido lúdico, no nos tomarnos en serio para nada. Y ese es un secreto para la vida. Compartíamos con él una mirada escéptica en relación con el mundo, aunque un escepticismo esperanzado, no de rechazo.”

Otro dato curioso que los hermana de una manera tan fantástica como la temática de sus libros es que ambos, sin saberlo, escribieron el mismo cuento o, mejor dicho, dos cuentos con idéntico argumento: “La puerta condenada” (Cortázar) y “Un viaje o El mago inmortal” (Bioy). Ambos relatos suceden en Montevideo. Sus protagonistas viajan por negocios, caminan por las mismas calles, se alojan en similares hoteles, y se desvelan por las noches ante los sorprendentes y fastidiosos sonidos que provienen de las habitaciones contiguas. Sobre estas coincidencias, Bioy dijo: “Fue una cosa extrañísima. Creo que Cortázar y yo lo sentimos como una prueba del destino, de que éramos amigos.”

Una misma pasión disimulaba sus diferencias. Escribió Bioy: “¿Cómo explicar, sin exageraciones, sin falsear las cosas, la afinidad que siento con él si en política muchas veces hemos estado en posiciones encontradas? Es comunista, soy liberal. Apoyó la guerrilla; la aborrezco, aunque las modalidades de la represión en nuestro país me horrorizaron. Nos hemos visto pocas veces. Me he sentido muy amigo de él. Si estuviéramos en un mundo en que la verdad se comunicara directamente, sin necesidad de las palabras, que exageran o disminuyen, le hubiera dicho que siempre lo sentí cerca y que en lo esencial estábamos de acuerdo. Pero, ¿la política no era esencial para él? Voy a contestar por mí. Aunque sea difícil distinguir el hombre de sus circunstancias, es posible y muchas veces lo hacemos. Yo sentía cierta hermandad con Cortázar, como hombre y como escritor. Sentí afecto por la persona. Además estaba seguro de que para él y para mí este oficio de escribir era el mismo y lo principal de nuestras vidas. No porque lo creyéramos sublime; simplemente porque fue siempre nuestro afán.”

Nalgas y Libros | contacto@nalgasylibros.com