Cómo saber si has empezado a salir con un Pérez-Reverte de la vida

Por redaccionnyl el 28/08/2017

Consagrado como autor, Pérez Reverte ha alcanzado el rango de personaje en el panorama social (y virtual). Sus opiniones y artículos son a menudo un alarde de provocación y consiguiente polémica. Hay gente que cree que es un progre incomprendido y quien, por el contrario, lo acusa de carcamal. Pese al odio que le rodea, Pérez Reverte no está prohibido e inspira a muchos tíos. Lo imitan. Lo veneran. Lo defienden. La esencia de Reverte flota por multitud de ambientes. Hasta Javier Marías amenaza al modelo original. Si quieres saber si has empezado a salir con una de sus copias (y tomar las decisiones pertinentes) continúa leyendo…

Cree que es un rebelde

Pero no. Ni niño malo ni adolescente en la edad del pavo. Es un adulto más que con asiduidad recurre a tonterías para incendiar las redes sociales. Parece obsesionado con lo políticamente incorrecto y más que gracia, lo que provoca es una obscena compasión. A veces cumple su propósito y agita las redes aludiendo a la juventud, la lucha de clases o a cuestiones de género. No tiene filtro ni pudor. Así, es capaz de identificar a las mujeres por el tamaño de sus tetas y convencerse de que el gesto no es machista sino “trasgresor”. Y que además, mola y reconforta si lo haces entre amigos. Sin embargo, tal actitud demuestra que su lugar es otro: ¿alguien conoce algún museo para exponer a las momias del siglo pasado?

Tiene complejo de académico

Alardea de sus cualidades profesionales como traductor de etiquetas de cosmética. Sueña con publicar otro poemario sobre damas airadas que lo calientan y nunca le mandan nudes ni por error. Lo entona de tal forma que casi crees que estás delante de algún autor de la Generación del 27. Detrás de su pose de caballero trasnochado emerge un tic: sea el tema que sea y no habiéndola pedido, cree que nos importa su opinión. Derrocha autoridad y magnetismo. Minimiza tus logros y cualidades. Te hará sentir una hormiga, pero una hormiga afortunada: disfrutas de su inteligencia y compañía.

No pierde la ocasión y entre copa y copa, presume de que la literatura no es para él una afición sino un estilo de vida. Te lo crees porque usa fular, no te escupe cuando habla y estudió dos años de Filología Inglesa en Gran Bretaña. Sin embargo, cuando después de follar amaneces en su casa, más allá del Capitán Ala Triste, solo encuentras números viejos del Marca, algún suplemento espeso de la Jot Down y un libro de autoayuda sobre Cómo ligar con éxito en Tinder. En el mejor de los casos, puedes tropezarte con una colección de grandes obras de la literatura de ayer y de hoy para darle sentido a una de esas estanterías de Ikea.

Se siente oprimido por el feminismo

El telediario abre todos los días alertando sobre lo indefensos y amenazados que están los hombres ahora que las mujeres consolidan sus derechos, no son tratadas por la ley como ciudadanas de segunda categoría y han alcanzado mayor independencia económica. Está asustado. La prensa española lleva en portada a grupos radicales feministas que defienden la educación sexual, la sanidad pública y un mayor presupuesto para acabar con la violencia machista. Sus reivindicaciones son tan exageradas y locas que se ha declarado el estado de excepción.

¿No te da pena? ¿No te conmueve ni un poquito su quejido lastimero? Para él es todavía muy difícil comprender que los derechos humanos no son el monopolio de los tíos, que el lenguaje es sexista o que se llama guarra a aquella mujer que tiene la misma moralidad sexual que su mejor amigo. ¿Acaso no estará aterrado porque hemos perdido el miedo a que nos llamen feminazis?

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