Cinco películas que reinventaron el terror

Por Aglaia Berlutti el 08/08/2016

Hablar de una lista definitiva sobre las mejores películas de terror siempre será un poco osado. Porque la misma idea sobre el miedo parece variar y transformarse no sólo de cultura en cultura, sino también de época en época. De manera que al hablar del género del terror, nos referimos a un tipo de cine que juega con una serie de símbolos y metáforas visuales y hasta emocionales muy distintas, todas con la capacidad de construir una idea única: ¿Qué nos produce terror y angustia? ¿Qué nos asombra? ¿Cual es el elemento que puede hacernos recordar las fronteras de lo que consideramos normal e incluso comprensible? Porque si algo está claro, es que el poder del miedo es evocar esa límite sinuoso y la mayoría de las veces abstracto de lo cotidiano con lo desconocido. Esa visión de quienes somos y lo que contradice nuestras impresiones y creencias sobre el mundo. El miedo como la última línea de nuestra mente hacia lo desconocido. Sobre todo en los últimos treinta o cuarenta años donde la barrera de lo sugerido parece desaparecer en favor de la espectacularidad, lo obvio y lo sangriento. ¿Qué puede asustar a una generación que creció no sólo mirando películas de terror sino además, rodeada y abrumada de todo tipo de informaciones del terror en el mundo real? ¿Como sugerir el miedo para un público endurecido por la insistencia en antiguos símbolos sobre lo que nos aterroriza?

De manera que al momento de escoger cinco ejemplos de películas de terror que reinventaron el género, lo más práctico resulta analizar la idea desde su perspectiva más elemental: ¿Cuales películas realmente crearon una nueva manera de concebir el terror? ¿Cuales aportaron nuevos elementos y formas de comprender un sentimiento tan viejo como primitivo? ¿Cual director logró cruzar la línea entre el mero sobresalto y un análisis sobre lo que se teme y por qué se teme? Aún así, la selección continúa siendo incompleta, personal y sobre todo injusta. Pero haré el intento no sólo de reunir lo que considero lo más representativo del cine de terror, sino también de su herencia hacia esa visión del miedo que suele construirse a partir de ellas.

Siendo así, podría decir que las películas del género de terror que considero más originales de las últimas décadas son las siguientes:

“El exorcista”, de William Friedkin

Un clásico por donde se le mire. Basada en el libro homónimo de Wlliam P. Blatty, la película tiene la particularidad de haber logrado una atmósfera malsana, inquietante y dura que aún hoy, ha sido difícil de imitar y no digamos, de superar. El director, asume la labor de crear una visión del miedo real, a partir de detalles y una cuidada puesta en escena que brinda una apariencia de total normalidad. El miedo nace a partir de un fenómeno inexplicable, que se manifiesta en pequeños síntomas y luego, en una verdadera destrucción de ese concepto de lo que consideramos habitual, comprensible y corriente.

Toda la película mantiene un pulso tenso, un juego de símbolos y metáforas que se hacen cada vez más claustrofobicos. Muy lejos de recurrir al impacto gratuito o mucho menos, al sobresalto facilón, Friedkin administra con enorme cuidado los momentos de verdadero terror sobrenatural, mezclandolos con otras tantas escenas de aire cotidiano, para lograr un efecto chocante y ambiguo. El director jamás se apresura: el discurso de la película parece asumir su propia improbabilidad, como si brindara al espectador la oportunidad de analizar lo que ocurre desde varias puntos de vista. Para cuando el terror se muestra de manera muy clara, el espectador se encuentra convencido de la posibilidad de su existencia. Un logro argumental y técnico que transformó la película en un referente inmediato en cuanto a películas de terror se refiere.

“Los Otros” de Alejandro Amenábar

En más de una ocasión, se ha dicho que “Los Otros” de Alejandro Amenábar habría sido un clásico del terror casi de manera instantánea, de no haber estado precedida por el rotundo éxito de taquilla de “The Sixth Sense” del director M. Night Shyamalan. Una casualidad que restó impacto a su cuidado guión y sobre todo, a su muy bien pensado giro argumental que sin la referencia inmediata de la película del director hindú, habría causado una verdadera sorpresa dentro de lo que a la percepción del cine de terror conceptual se refiere. Pero aún así, Amenábar logró crear un universo inquietante que se sostiene por si solo y una nueva visión del miedo, en esta ocasión construido desde esa percepción esencial del espacio humanizado. La casa que se asimila no sólo como parte de la historia que se cuenta, sino que además es una parte esencial del entramado dramático de lo que se insinúa. Tal vez debido a eso, pesar de todo, se considera a “Los Otros” como una pequeña joya del subgénero o al menos, entre los amantes del cine de terror basado más en la sutileza que en la capacidad para provocar gritos y sobresaltos por mera concesiones del guión. Como la cuidada producción que es, la película basa el mayor peso de la trama, no sólo en un correcto e inteligente desarrollo de los personales, sino que además, construye un ambiente único, donde la mirada objetiva – la cámara que espia y sigue las secuencias, que siempre observa, desde una distancia considerable que llega a resultar chocante – parece crear algo más duro y menos evidente de lo que suele ser el argumento de una película de terror. En un evidente homenaje a películas donde la casa juega un papel casi emocional y argumental por derecho propio, con ‘Suspense’ (Clayton, 1961) y ‘Al final de la escalera’ (Medak, 1980) Amenábar juega con puertas abiertas y cerradas, pasillos estrechos, habitaciones medio abandonadas. La luz – personificada además como un enemigo silente y tenaz por el argumento de la historia – parece marcar el límite entre la realidad y lo que se esconde más allá de ella, con una precisión encomiable. Más allá, la historia parece pasearse por una serie de opiniones y reflexiones sobre la muerte, la naturaleza de la vida y lo que ocurre más allá, el terrorífico elemento desconocido que abarca no sólo la imaginación sino los temores del espectador.

“El Espinazo del Diablo” de Guillermo del Toro

En más de una ocasión, se ha insistido que el “Espinazo del Diablo” no es en realidad una película de terror sino una metáfora conmovedora sobre la perdida de la niñez, la muerte y el horror de la guerra. Un argumento válido, claro está, pero que aún así no abarca la meticulosa puesta en escena, el sólido guión y el maravilloso desenvolvimiento de la trama, que construyen una original propuesta sobre el terror, el miedo como elemento espiritual y algo más denso que el director méxicano transforma en algo totalmente nuevo: el origen de la supervivencia del alma humana después de la muerte. Porque no hablamos unicamente del terror a secas, sino de una reconstrucción de una época, una forma de contar la historia que brindó una notoria importa al contexto histórico para brindar al terror una sustancia única, significativa. Pero también, el director elaboró un relato muy bien logrado sobre el terror, la vulnerabilidad y la desesperanza. Una combinación improbable, sin excesivas florituras pero que logra mostrar esa visión del miedo más allá de lo obvio, de lo simple y lo circunstancial.

“La profecía” de Richard Donner

En esta ocasión se analiza de una manera novedosa: a través de las creencias y la religión, un golpe de efecto que consiguió que un argumento relativamente sencillo pudiera lograr construir un discurso sobre el terror tan original como consistente. Y es que para Richard Donner, el terror no sólo se basa en esa noción de lo desconocido sino en la necesidad del hombre de comprender su relación con lo sobrenatural, en este caso, con lo divino. Resulta desconcertante como el argumento desmenuza algunas primitivas creencias cristianas para crear un logradísimo ambiente contemporáneo, donde el miedo radica en esa obsesión por el mal en estado puro, por la omnipresencia de la amenaza y más allá, por el terror que invade esa normalidad aparente que el director muestra con una estética impecable. No obstante, esa pulcritud del mundo real, parece desmoronarse ante el asedio incesante de lo desconocido, encarnado para la ocasión con un perfecto disfraz de inocencia. Para el recuerdo: las secuencias del rostro del pequeño Damian Thorne (interpretado por Harvey Stephens ) como una máscara de aparente ternura infantil.

“Dos Hermanas” de Kim Ji-Woon

Durante la primera década del nuevo milenio, el cine de terror japones – y posteriormente oriental en general – asombró y aterrorizó al mundo occidental. Por supuesto que luego del asombro por lo original de la propuesta y sobre todo, la manera de crear una nueva percepción sobre lo que el terror puede ser, la propuesta asiática comenzó a perder frescura y a imitar modelos muy concretos, con una recurrencia que pareció simplicar el concepto original. Es por ese motivo que “Dos hermanas” del director Kim Ji-Woon simbolizó en su momento una vuelta de tuerca a un concepto muy manido, a toda esa insistencia en propuestas cada vez menos firmes. Con una atmosfera malsana, un ritmo lento que puede incluso resultar tedioso por momentos, es sin duda una apuesta arriesgada de cara a un público acostumbrado a propuestas mucho más sencillas y efectistas. Pero aún triunfa en su cualidad casi onírica, en esa construcción del terror a piezas que elaborando un concepto alterno, donde lo espeluznante y lo directamente Gore crean algo por completo original. La estética, además, brinda una nueva interpretación sobre lo que se cuenta, logrando una doble lectura que sorprende por su precisión.

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