Cinco libros tan difíciles que leerlos resulta una decisión de vida

Por Néstor Luis González el 19/08/2016

Todo comenzó con el “Ulises” de James Joyce. Comencé a leerlo y solo al segundo día comprendí que en la primera página el rollizo Buck Mulligan estaba afeitándose la barba sobre una torre y no oficiando una misa verdadera. Con el tiempo avancé en la lectura y como a los dos meses comprendí que estaba metido en un problemón: aquel libro era demasiado difícil y ya iba por la mitad del primer tomo.

Lo peor de todo es que lo estaba disfrutando. Por eso resolví culminar un capítulo más y descansar un rato con algunos relatos de Enrique Jardiel Poncela, cuatro relatos para ser preciso: El amor que no podía ocultarse, El amor tomado del natural, Los vecinos del principal derecha y Un marido sin vocación. Una semana después volví a Joyce con los ánimos recobrados y un manual que saqué de Wikipedia llamado Esquema de Linati, que fue escrito por el mismo Joyce para que su amigo Carlo Linati entendiera el libro.

Cuando al fin terminé vi muchas comedias románticas con Jennifer Aniston para que el cerebro descansara y la vista se me recreara. Pero ya el masoquismo había comenzado a obrar sobre mí y decidí entrarle de nuevo –cinco años después del primer intento– a la Divina comedia –otra travesía, otra vuelta al mundo en quién sabe cuántos días.

Lo cierto fue que me hice adepto a esos libros por un tiempo y a veces los retomo para leer pedacitos que fui dejando subrayados con un resaltador amarillo. Quise contar un poco de esa experiencia no para recomendarle los siguientes volúmenes, sino para que ni se le ocurra: para advertirle que deben alejarse de ellos. En todo caso, si no se aguanta, sepa que comenzar con cada uno de estos monstruos es una decisión de vida.

5. La Divina Comedia

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Lo realmente tedioso de este libro es que su autor, Dante Alighieri, se empeñó en provocar a la sociedad de su época metiendo en el infierno a personas que estaban vivas y que él conocía. Eso hace que la lectura se vuelva complicada si no se cuenta con una explicación sobre las concomitancias históricas. Lo bueno es que si usted no es tan curioso como para querer saber quiénes eran esas personas, igual podrá entender el devenir de la trama teniendo un poco de calma y concentración.

4. El hombre sin atributos

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El hombre de 32 años que protagoniza esta novela de Robert Musil tiene la particularidad de detenerse a pensar en todo lo que tiene que ver con su existencia. No con el oscurantismo de aquellos personajes de Dostoievski, sino con particularidades muy propias. Además, hay un contexto social que nos obliga a leer un poco sobre el Imperio Austrohúngaro, aunque luego nos demos cuenta de que esa información no nos sirve del todo porque lo que ocurre en la novela está lleno de alegorías nunca directas con el tiempo de aquella sociedad que parece hoy extinta pero que apenas ha mutado.

3. El ruido y la furia

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Sucede que William Faulkner escribió esta novela bajo la innegable influencia de su admiración por James Joyce, y por eso es que parece tan caótica al principio aunque realmente no lo sea. A quienes quieran emprender este viaje y no entiendan nada en las primeras páginas hay que aclararle que las primeras 60 páginas son el testimonio de una persona con retraso mental de la que más adelante se tendrán noticias. Eso hace que la dificultad sea enorme desde el principio, pero luego todo comienza a valer la pena.

4. Ulises

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¿Cómo que Ulises no es el más difícil? Bueno, es que James Joyce no dejó de superarse a sí mismo hasta el último día de su vida, aunque sea en complejidad. De este libro he hablado tantas veces que lo más sano es que le dé clic AQUÍ para saber más.

Finnegans Wake

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Jorge Luis Borges dijo que si hubiese que prescindir de toda la literatura universal y solo dejar dos libros, esos sería en Ulises y Finnegans Wake, aunque ambos tengan la pequeña dificultad de ser casi absolutamente ilegibles. Lo bueno de Finnegans Wake es que es resulta muy cómico cuando se logra entender algo.

Tras haber leído los cuatro primeros y decidir que nunca dedicaré aliento al último de estos libros, mi recomendación general es que no lea ninguno y que más bien se dedique al fútbol de salón, al ejercicio y a las series de HBO, porque la vida es demasiado corta como para llenarse la cabeza de vanidades absurdas.

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