Cinco escritores venezolanos del siglo XIX que debes leer

Por redaccionnyl el 11/06/2016

Andrés Bello

(1781-1865) Escritor y político venezolano, nacido en Caracas y muerto en Santiago de Chile. Cursó estudios en la universidad caraqueña, graduándose como Bachiller en Artes. En 1808 redactó la Gaceta de Caracas. En 1809, junto con Simón Bolívar, marchó a Londres, donde permaneció hasta 1829 y coincidió allí con Franciso Miranda y el español Blanco White. Allí estudió en la biblioteca del Museo Británico, realizó traducciones de Lord Byron, Molière, Delille y Boiardi, y dirigió las revistas Biblioteca americana y El repertorio americano. Se instaló en Chile, donde ocupó altos cargos en diversos ministerios, una senaduría y el rectorado de la universidad santiaguina. Redactó el Código Civil y orientó a numerosos intelectuales del país y exilados, como los argentinos Juan María Gutiérrez y Domingo Faustino Sarmiento, con quien polemizó acerca del castellano en América.

 
 

En 1851 la Real Academia Española lo designó miembro honorario. Bello cultivó diversos géneros; sus obras completas ocupan 26 volúmenes. Fue poeta neoclásico de cuidadosa versificación en su “Silva a la agricultura de la zona tórrida”. Tiene trabajos de recopilación histórica como un juvenil Resumen de la historia de Venezuela (1810) y de reflexión filosófica como Filosofía del entendimiento (póstuma, 1881), pero su obra de mayor relieve es Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos (1847), considerada uno de los textos más importantes en la historia científica de la lengua española.

Rafael María Baralt

1810-1860. Escritor y político venezolano. Estudió Derecho y fue partidario de la fragmentación de la Gran Colombia, hecho que permitió la independencia definitiva de su país. En 1842 se afincó en España, primero en Sevilla y más tarde en Madrid, en cumplimiento de la misión diplomática que le había encomendado su gobierno. Participó activamente en la vida política primero en el Partido Progresista y más tarde en la Unión Liberal lo que le permitió ocupar cargos de relieve y realizar una abundante producción periodística. En 1849 dirigió en Madrid el diario El siglo. Notable filólogo, en 1853 ingresó en la Real Academia Española. En 1855 se le nombró director de La Gaceta y administrador de la Imprenta Nacional. Entre sus trabajos lexicográficos destacan el Diccionario Matriz de la Lengua Castellana (1850) —sólo se publicó el “Prospecto”, aunque las fichas redactadas se aprovecharían posteriormente— y el Diccionario de Galicismos, o sea, de las voces, locuciones y frases de la lengua francesa que se han introducido en el habla castellana moderna (1855). Entre sus escritos sobre temas históricos merece recordarse sobre todo su Breve Historia de Venezuela (1841) escrita antes de abandonar su país. También cultivó la poesía, perpetuando la tradición neoclásica en Oda a Cristóbal Colón.

Juan Vicente González

1810-1866. Poeta, escritor, político y biógrafo venezolano. Sin la consideración de la figura de González, la cultura venezolana quedaría mutilada. Es un autor insoslayable. González fue el primer prosista romántico de Venezuela. Sobre su obra literaria propiamente dicha habría que advertir que, aunque cultivó la poesía, no pasó de ser un versificador. En cambio en la prosa dejó forjadas sus mejores páginas. Son ellas las que le hacen el mayor prosista del romanticismo venezolano y una de las principales figuras de la misma escuela a nivel hispanoamericano. Como biógrafo, su libro más representativo es su Biografía de José Félix Ribas (1865), la cual es una de las once obras más destacadas del romanticismo en América Latina; en sus evocaciones ocupan singular lugar las prosas poéticas de Mis exequias a Bolívar (1842) y la serie de poemas en prosa titulada Mesenianas, gracias a las cuales González puede ser considerado uno de los mayores líricos. Escribió también un conjunto de textos de crítica literaria, los cuales permiten comprender las líneas de su pensamiento estético. Al analizar la obra realizada por González no se pueden soslayar tampoco las obras que preparó para ser utilizadas como libros de texto. Otra línea de sus escritos la presenta como pensador político. Gracias a estos textos, la parte más amplia de su obra, ocupa un lugar relevante en la historia de las ideas venezolanas.

Juan Antonio Pérez Bonalde

1846-1892. Escritor venezolano. Pasó su juventud en Puerto Rico, donde su padre tuvo que exiliarse, y razones también políticas -sus ideas liberales lo enfrentaron al presidente Antonio Guzmán Blanco- le llevaron después a refugiarse en Nueva York y a viajar por distintos países de Europa, Asia y América, hasta su regreso definitivo en 1889 a su patria. Su dominio del alemán y el inglés le permitió llevar a cabo la traducción del Cancionero de Heinrich Heine, en 1885, y la muy alabada del poema El cuervo de Edgar Allan Poe, en 1887. Esas y otras lecturas enriquecieron el peculiar romanticismo de su propia obra poética, en gran parte reunida en Estrofas (1877), cuyo poema Vuelta a la patria muestra con acierto el sentir del desterrado, y Ritmos (1880), donde incluyó el famoso Poema del Niágara, que merecería un excelente comentario de José Martí. Sus versos ofrecen con frecuencia un sentimiento elegíaco y pesimista, consecuencia de inquietudes metafísicas relacionadas con el destino del hombre y los misterios del universo.

Manuel Vicente Romero García

1864-1917. Escritor y político venezolano nacido no se sabe exactamente si en Valencia o en Camatagua. Trabajaba como telegrafista cuando se alzó contra el régimen de Antonio Guzmán Blanco, por lo que pagó cárceles y sucesivos exilios en Estados Unidos, Perú y Trinidad. Expresó sus críticas al mencionado gobernante en La Delpinada. Escritor de vocación, publicó sus artículos de carácter literario o político en periódicos y revistas de la época, tales como Eco Andino, El Cojo Ilustrado y Cosmópolis. En estas dos últimas publicaciones, sus artículos recibían el nombre de “bocetos” o “acuarelas”. Su novela Peonía (1890) es considerada como uno de los primeros símbolos del criollismo en la literatura venezolana. Durante largo tiempo se sostuvo siempre que esta obra de Romero García era cronológicamente la primera novela venezolana y, junto con ello, el primer libro a través del cual se reflejó la naturaleza y la sociedad venezolana en personajes propios, con su idiosincrasia característica. Pero la novela, como género literario, sólo llegaría a su madurez con Doña Bárbara (1929) del maestro Rómulo Gallegos. Pese al éxito de su obra, la política lo absorbe. Actúa como jefe de Estado Mayor en la revolución encabezada por Cipriano Castro (1899). Después de un fervoroso apoyo, rompe con Castro en 1902; se exilia y regresa cuando Juan Vicente Gómez detenta el poder; una vez más se va del país hasta radicarse en Aracataca. Vicente Romero García dejó varias obras inconclusas, Marcelo, Escenas de la vida revolucionaria, Mi parroquia y Los pigmeos. En 1966 se publicaron sus Obras completas y en 1977 sus Notas personales.

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