Cinco comentarios de Ernesto Sabato sobre el oficio de escribir

Por redaccionnyl el 06/07/2017

1. “Haber escrito algo que te deja como un fusil disparado, que aún se sacude y humea, haberte vaciado por entero de vos mismo, pues no solo has descargado lo que sabés de vos mismo sino también lo que sospechás y suponés, así como tus estremecimientos, tus fantasmas, tu vida inconsciente y haberlo hecho con sostenida fatiga y tensión, con constante cautela, temblores, repentinos descubrimientos y fracasos, haberlo hecho de modo que toda la vida se concentrará en ese punto dado, y advertir que todo ello es como si no existiera si no lo acoge y le da calor un signo humano, una palabra, una presencia; y morir de frío, hablar en el desierto, estar solo noche y día como un muerto”.

2. “En esta vida única y limitada que tenemos, en cada instante nos vemos obligados a elegir un solo camino entre otros infinitos que se nos presentan; eso representa abandonar los otros a la nada. Esa posibilidad que ni siquiera sabemos dónde va a llevar […] más allá está la inevitable muerte, que hace de nuestra elección algo único e irreversible […]”

3. “En la ficción ensayamos otros caminos, lanzando al mundo esos personajes que parecen ser de carne y hueso, pero que pertenecen al mundo de los fantasmas, entes que realizan por nosotros, y de algún modo en nosotros, destinos que la única vida nos vedó. La novela, concreta pero irreal, es la forma que el hombre ha inventado para escapar a ese acorralamiento. […] casi tan precario como los sueños, pero al menos, más voluntariosa. Esa es una de las raíces de la ficción; la otra, acaso, es el ansia de eternidad […] La búsqueda del tiempo perdido, el rescate de alguna infancia o alguna pasión, la petrificación de un éxtasis.
Otro simulacro, en suma”.

4. “El tema no se debe elegir; hay que dejar que el tema lo elija a uno. No se debe escribir si esa obsesión no acosa, persigue y presiona desde las más recónditas regiones del ser. A veces, durante años. […] A un artista no solo hay que valorarlo por lo que es capaz de crear, sino por lo que es capaz de sacrificar […] tarde o temprano se presentarán de nuevo y no es difícil que consigan un trabajo más adecuado a sus aptitudes. […] [los personajes] no carecen de libertad, por el contrario, si han se ser criaturas vivas, han de ser libres, como todo ser humano; de lo contrario la novela se convierte en un simulacro. El escritor se sienta delante de un personaje suyo, que emana de la inconsciencia, como espectador ineficaz frente a un ser carnal; puede ver y hasta prever sus actos, pero no los puede evitar.
[…] una parte [del autor] es testigo de la otra parte, y testigo impotente”.

5. “En la ficción, como en los sueños, el hombre puede vivir otras vidas y realizar ansiedades infinitamente vedadas por su conciencia o por su impotencia. No es raro, en tales ocasiones, que si él es compasivo en su vida normal, aparezcan en sus ficciones individuos despiadados y hasta sádicos; si es de espíritu religioso, feroces ateos.
Creo que en este fenómeno reside el valor catártico de la novela o el teatro”.

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