Así le conté a mi abuela que uso su nombre para hacer porno. Por Stoya

Por redaccionnyl el 28/01/2016

La ley de Murphy del comportamiento inapropiado dice que si tienes el habito de quitarte la ropa en publico, eventualmente toda tu familia (incluso aquellos tan lejanos que el rastro de ADN es imperceptible) de alguna forma u otra se toparán con algún tipo de evidencia de lo que has estado haciendo.

Mi abuela es una persona muy inteligente, y yo había estado evitando la pregunta acerca de qué hacía con mi vida por tres años de carrera en la pornografía. Siempre había tenido la intensión de decirle acerca de mi trabajo, siempre quise que se enterara a través de mí y no de la televisión, un periódico o algo por el estilo. Pero siempre pensaba: lo haré cuando me sienta lista. El problema era que “lista” parecía ser cualquier momento menos el presente.

Pero entonces me agarró completamente fuera de lugar cuando me llamo y me dijo: “Tu madre me ha dicho que eres una especie de modelo. Yo no sé a qué se refiere, porque si fueras un modelo simplemente, me hubieras dicho que eras un modelo y listo, aparte eres un poco bajita para ser modelo, sin ofender, cariño. Cuéntame, ¿qué haces con tu vida en estos días?

Hubiera deseado haber discutido esto con mi madre o por lo menos tener una razón legitima para poder colgar el teléfono. Estaba preocupada de lo que pasaría. ¿Qué tal si no era capaz de calmarla al contarle que tenia una carrera en la industria de la pornografía y ella muriera de un ataque al corazón por el shock? ¿Quedaría por siempre con la carga de conciencia de ser una mata-abuelas? ¿Qué sucedería si decidía sacarme de su vida para siempre? Más difícil aun. ¿cómo me las ingeniaría para explicarle lo que hace una actriz de pornografía moderna a un mujer que no sabe utilizar un teléfono celular y todavía conserva sus herramientas de tipo de sus viejos días de cuando trabajaba en publicidad?

– Bueno, uhm… ¿Te recuerdas de Bettie Page y el pin-up? Lo que yo hago es algo parecido, solo que más explicito, es decir, sin ropa.”

– ¡Ah! ¡Entonces eres una de esas niñas traviesas!

No sabia si estaba alucinando, pero parecía que había enviado el mensaje usando un tono positivo.

– Sí, señora. Pero, uhm… Es algo más atrevido ahora de lo que lo era en los años 50. Así que en realidad tengo sexo con extraños y eso es grabado para video o DVD.

– ¡Clarooooooo! ¡En las fotos con movimiento! ¿Lo disfrutas?

– Me divierto, siempre es interesante. Solo hago cosas que quiero hacer con personas con quien quiero hacerlo. La verdad es que es bastante bueno.

– Entonces, déjame decirte que eso está muy bien. Me alegró de que estés haciendo algo que te gusta.

Ya que la conversación estaba yendo tan bien, decidí que debería aprovechar y serle sincera con todo de una buena vez.

– Hay algo más que creo que deberías saber y que probablemente debería decirte.

– ¿ohhhhh?

Además de ser una mujer muy inteligente mi abuela es una mujer muy expresiva ¿Has escuchado acerca de la regla de Mehrabian que dice que el 93% de la comunicación es no verbal? Bueno en el caso de mi abuela el 99% son puras expresiones verbales. Hay algo en la forma en la que dice las vocales, al hablar la conversación se vuelve una completa aventura.

Ese “¿ohhhhh?” en particular había comenzado con un tono de curiosidad, luego había pasado por el fantasma-que-más-podría-haber-por-arriba-de-esas-montañas, y por último, había culminado en pacientemente-esperando-escuchar-más-planicies-y-menos-montañas.

– Estoy usando tu nombre. Es mi pseudónimo en el escenario. Bueno, estoy usando el diminutivo americano de tu nombre. El punto es que estoy usando tu nombre como parte de mi espectáculo.

– ¿Vera? Ese no es nombre muy sexy.

– No, señora. Aunque pienso que Vera sería un excelente nombre para la escena neo burlesques, me refería a Stoya.

– ¿Oh? Oh.

El primer oh fue de sorprendida, y el segundo sonó un poco menos entusiasta. En mi cabeza me quede anonadada viendo al abismo imaginario más profundo. Me preguntaba si ella era capaz de escuchar los latidos de mi corazón chocando contra el teléfono. Mi mano izquierda empezó a pellizcar de forma frenética los clavitos ubicados en el doblez de mi camisa, en un momento hasta estaba preocupada de que la que sufriría el ataque al corazón iba a ser yo, y no iba a morir sin antes fumar un último cigarrillo. Prendí, inhale y exhale, inhale y exhale de nuevo y finalmente me decidí a acabar con el incomodo silencio.

– ¿Abuela?

– Solo estaba pensando. Espero que ninguno de esos hombres con los que tienes relaciones se confundan y traten de poner su pie detrás de mi cabeza. Ya no soy capaz de doblarme de esa manera.

Aparentemente, desde a muerte de su antiguo marido, mi abuela había conquistado tres novios, eso se debe a que son necesarios por lo menos tres hombres para llevarle el ritmo. Mi dramático y estresante momento de salida-del-closet-con-mi-abuela resulto ser una farsa, ya que a pesar de que el gen de promiscuidad se salto una generación, lo más seguro es que este gen viene de familia.

Este artículo fue extraído de su nuevo libro “Coming Out Like a Porn Star” (Saliendo como una estrella porno). Si quieres saber más sobre ella o sobre su libro puedes ingresar en comingoutlikeapornstar.com.

Traducido por: TIM

Stoya es una interprete para adultos, escritora y “experta evitando a los pantalones”. Ha publicado en distintos periódicos como, The Guardian, the New York Times y the New Inquiry, de igual forma es una bloguera experta para GraphicDescrptions.com.

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