Así fue mi visita al burdel de muñecas de Barcelona

Por sensualidad el 13/04/2017

Tres condones, un tubo de lubricante y una botella de Moet Chandon sobre la mesa. De fondo, los gemidos de una película porno intentan en vano generar cierto ambiente erótico y sobre la cama, ajena a la cuidada puesta en escena, está Katy. Una especie de Pamela Anderson de 40 kilos de silicona y aluminio a la que cinco minutos después tendré que penetrar para confirmar si un tío cualquiera como yo es capaz de llegar al orgasmo con una muñeca.

 
 

“Los medios de comunicación han querido polemizar lo que no es más que un juguete sexual”, me explica antes de consumar el acto la cara visible de la primera empresa de muñecas hiperrealistas para el sexo de Europa, Sergi Prieto. Hace algunas semanas, cuando Lumidolls abrió sus puertas en el centro de Barcelona, me llamó completamente indignado por la crónica publicada por un periódico de Madrid. El periodista se había hecho pasar por cliente y se había dedicado a manosear y fotografiar a la muñeca, pero no la probó. En Código Nuevo sabíamos que no se podía escribir una primera persona sin que hubiera sexo de por medio.

Es un viernes por la mañana y estoy ante la puerta de Apricots, una conocida casa de citas de Barcelona a escasos 100 metros del Camp Nou. Nada más llegar, tanto Sergi como Núria Golanó, responsable de marketing del local, me reciben y me explican las precauciones a la hora de grabar nuestro reportaje. En el momento de la grabación habrá varios clientes en el interior, uno de ellos con una Lumidoll, y la discreción es una norma imprescindible en este tipo de establecimientos. Mientras preparamos los focos, los clubes de citas no son el lugar más iluminado del mundo, critican la hipocresía sobre el tema.

“Así es la doble moral de este país con la prostitución. El que más la critica es el que más la consume”, resume Sergi quien, ante la polémica surgida en los medios de comunicación y la fuerte demanda del servicio en la primera semana, decidió abandonar el piso en el que ofrecían el servicio en el centro de Barcelona para instalarse en el local de Apricots en Les Corts. “Cuando lo vimos en las noticias no entendimos el negocio como una competencia sino como un complemento. Por eso, ante sus problemas de infraestructura, les ofrecimos utilizar nuestras instalaciones”, añade Núria.

Cuando todo está listo, y ningún cliente está por los pasillos, entramos hasta la habitación donde me espera Katy. La primera impresión no puede ser más impactante: recostada sobre la cama, la muñeca viste un body blanco que a duras penas es capaz de contener sus enormes pechos. “Creo que es el equivalente a una copa H de sujetador”, comenta Sergi mientras se ríe de mi cara de espanto. Tampoco la expresión de la muñeca es demasiado alentadora a pesar de tener ojos azules y unos labios carnosos de lo más sugerente.

 
 

Tanta exuberancia me abruma pero no hay marcha atrás. Me ha costado semanas conseguir la exclusiva de probar la muñeca y no pienso desaprovecharla. El primer contacto con la piel de la muñeca es extraño. Aunque resulta bastante suave, la temperatura de Katy está muy lejos de los 37 grados de un ser humano. Sin embargo, también es verdad que sin ropa y con poca luz la muñeca gana muchísimos puntos. Su abdomen definido y las curvas de sus caderas son, más allá de la obviedad de las tetas, el mayor atractivo de Katy.

Otra cosa es el tema de la maniobrabilidad. Con una estatura de 170 cms y 40 kilos de peso, el esqueleto de aluminio de la sex doll (nombre técnico de estas muñecas) no está para muchas fiestas. Pensar en una postura que no sea la del clásico ‘misionero’ me parece poco factible mientras intento, con todas mis fuerzas, colocarla en posición. Por lo demás, el aspecto de su vagina es bastante similar al de un ‘chocho en lata’ fleshlight: 17 centímetros con rugosidades para estimular el placer. Eso sí, el ano podría haber estado más conseguido.

No te voy a mentir, por muy elaborada que esté Katy no consigo tener una erección. Quizás tiene algo que ver con lo que me ha comentado Sergi momentos antes de dejarme a solas con la muñeca: “normalmente los que más disfrutan la muñeca son los que ya vienen con una fantasía sexual en mente”. Y es que, más allá del morbo de la novedad, la muñeca no me excita lo más mínimo por lo que tengo que recurrir a la masturbación de toda la vida para conseguir empalmarme y colocarme el preservativo.

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