Así fue cómo la PH fue reemplazada por la F en el español

Por redaccionnyl el 05/09/2017

Raphael, el famosos cantante español, se llama en realidad Rafael Martos Sánchez. Tenía 18 años cuando un día acudió a una prueba para ver si lograba grabar un vinilo con la compañía discográfica Philips. Y entonces cambió su vida…

Estaba en la sala de espera, aguardando nervioso su turno para entrar en el estudio, cuando sus ojos se posaron en un cartel publicitario de Philips. Observó el anuncio, lo volvió a observar y tomó una decisión: a partir de ese momento se cambiaría el prosaico nombre Rafael por el mucho más sofisticado de Raphael.
El caso es que superó la prueba, grabó con Philips su primer disco y comenzó ahí su escalada hacia la fama.

Lo que Raphael probablemente no sabía entonces es que, al elegir cambiar la “f” de su nombre por “ph”, en realidad no estaba siendo moderno, sino profundamente anticuado. Por no decir directamente arcaico, absolutamente anacrónico.

Una historia de romanos

Hasta el siglo XIX en la lengua española el sonido “f” no se conseguía sólo con esa letra. Había también una secuencia de dos letras (lo que se conoce en lingüística como dígrafo) que producía exactamente el mismo sonido obstruyente, fricativo labiodental y sordo que la consonante “f”: la grafía “ph”.
Y aunque ambas se pronunciaban de igual modo, “f” y “ph” convivían tan tranquilas en la lengua española.

La historia viene de lejos. Concretamente, de la época de los romanos, quienes adquirieron la costumbre de escribir con “ph” las palabras de origen griego y con “f” las palabras de su lengua materna.

Y esa costumbre no sólo se traspasó al castellano, lengua que al fin y al cabo procede del latín, sino que se mantuvo hasta nada menos que 1803.

Así, hace dos siglos y medio lo que hoy es fantasía era phantasía. Los faraones del antiguo Egipto eran pharaones. La falange del dedo se escribía phalange. La farmacopea, el arte de preparar los fármacos, aparecía en los manuales u textos como pharmacopea. Los farmacéuticos eran pharmacéuticos, y obviamente atendían a sus clientes no es una farmacia sino en una pharmacia.

Y frases como esta eran en realidad phrases

En 1753 salían libros con títulos como “Índice de la Philosofia Moral”, de Antonio Codirniú. Y antes aún en 1596, Alonso López Pinciano ya escribía su “Philosofía antigua poética”.

De “ortographia” a “ortografía”

Pero la prueba definitiva del poder del dígrafo “ph” es que la primera ortografía que publicó en 1741 la Academia de la Lengua Española, a los 28 años de su creación, se titulaba nada menos que “Ortographia Española”.

“La segunda edición de esa manual es de 1754 y ya entonces sí que iba sin “ph”, se llamaba “Ortografía de la lengua castellana”, nos cuenta Lola Pons Rodríguez, profesora titular de Lengua Española de la Universidad de Sevilla y autora de “Una lengua muy larga, un libro delicioso que contiene cien historias curiosas sobre el español y donde no falta un capítulo dedicado al dígrafo “ph”.

Fue en esa segunda edición de la “Ortografía de la lengua castellana”, concretamente en su página 63, donde se le asestó la primera puñalada a la grafía “ph”.

“La Ph que tienen algunas voces tomadas del Hebreo, ó del Griego, se debe omitir en Castellano, sustituyéndose en su lugar la F que tiene la misma pronunciación, y es una de las letras propias de nuestra Lengua, á excepción de algunos nombres propios, ó facultativos, en que hay uso común y constante de escribirlos con la Ph de su origen, como Pharaon, Joseph, Pharmacopea”, sentenciaba textualmente la Academia.

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