Aperturar y otros verbos que tampoco existen

Por Néstor Luis González el 13/09/2016

Hay errores que se repiten tanto que se convierten en norma porque es costumbre de la masa desestimar a los académicos y por aquella frase tan lamentablemente latinoamericana de “sabes tanto que sabes a mierda”.

Luego ocurre que las academias terminan cediendo ante la masa porque en el idioma tal circunstancia es perfectamente válida. Sin embargo, -y aunque crear palabras es una de esas bellas posibilidades que ofrece la literatura- hay invenciones absolutamente absurdas. Por ejemplo: si existe abrir, ¿qué necesidad había de inventar eso de aperturar?

A continuación hablaremos de cuatro verbos que no existen y cuya invención no puede ser justificada desde ningún punto de vista.

Aperturar.

Se puso de moda porque algún banquero -sí, un banquero y no un filólogo ni un escritor- lo utilizó alguna vez y la gente comenzó a aceptarlo con tanta naturalidad que ahora lo dicen incluso en procedimientos legales o administrativos. Lo cierto es que el único verbo que sirve para el sustantivo ‘apertura’ es ‘abrir’.

Direccionar.

¿De dónde salió? Seguro de alguien que quiso sonar metódico, profesional y seguro de sí mismo. Fue creado a partir del sustantivo dirección, pero todos los posibles sentidos que se le puedan otorgar a dirección ya los tiene el verbo ‘dirigir’.

Textear.

Tampoco existe. Debe decirse ‘escribir un texto’. Fíjese qué curioso que la palabra texto viene del latín textus, que significa tejido.

Recepcionar.

Aquí me atrevo a hablar de este verbo, que algunos diccionarios aceptan, porque tiene las mismas características de ‘recibir’. Se trata de un neologismo completamente superfluo que no le agrega ninguna cualidad diferente a lo que puede decirse con la palabra ‘recibir’.

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