Andrés Caicedo, un superstar caníbal y suicida

Por Luis Figuera el 03/01/2016

Andrés Caicedo, era un contador de fabulas que después llevaba a imágenes, creando mitos modernos como el del canibalismo. Se suicido el 4 de marzo de 1977 el mismo día que publicaron su novela, no sin dejar una carta a su madre en la que le decía:

“Mamacita: Un día me prometiste que cualquier cosa que yo hiciera, tú la comprenderías y me darías la razón. Por favor, trata de entender mi muerte. Yo no estaba hecho para vivir más tiempo. Estoy enormemente cansado, decepcionado y triste, y estoy seguro de que cada día que pase, cada una de estas sensaciones o sentimientos me irán matando lentamente. Entonces prefiero acabar de una vez”.

 
 

Nacido en una familia de clase alta, fue un genio incomprendido, una especie de súper niño adicto al cine, líder indiscutible de una generación de jóvenes que exploraba los caminos de la sordidez, y la irreverencia.
Influenciado por la “Beat Generation”, por los escritores del “Boom”, por el movimiento “Cuál es la onda” que en México lidero José Agustín, y por los primeros cuentos de Umberto Valverde en “Bomba Camará”, Caicedo exploró el lenguaje de las pandillas desde el mundo de la adolescencia, creando una policromía donde la soledad, la ternura, y la simplicidad de la vida tienen mucho que decir.

Los orígenes históricos del universo caicediano, se rastrean desde la novela Piedra de Mar del venezolano Francisco Massiani, publicada en 1968, y la del mexicano Gustavo Sainz, Gazapo. Ambas constituyen un sondeo al mundo de la adolescencia, un relato de la intimidad a través de los sucesos típicos de jóvenes clase media.

Sin embargo el imaginario de Caicedo es original, y construido en base a una prosa magistral que hubiese terminado por convertirlo en una referencia obligada de las letras hispanoamericanas. Sus relatos tienen una intensidad, y un ritmo que solo consiguen los grandes escritores.

Caicedo, fue un artista del terror signado por las influencias de Poe y Lovecraft, las cuales se notan en el suspenso que imprime a muchos de sus relatos. Su narración era fragmentada y cambiaba constantemente de puntos de vistas, sin perder el hilo de la trama.

Era un maestro, un especialista en contar múltiples historias con un lenguaje oral que rescataba las más viejas tradiciones del relato colombiano, actualizándolas y convirtiéndolas en símbolos de la expresión de una juventud que se abría caminos en América Latina.

Sus textos giran alrededor de un universo urbano con sus matices, y códigos “El atravesado”, y “el tiempo de la Ciénaga”, son dos joyas que evidencian el talento y la pluma magistral de éste caleño. En ambos el tema de las pandillas y la intimidad de los adolescentes es explorado con un verdadero conocimiento del mundo psicológico del personaje.

El drama, la angustia, el fracaso son códigos recurrentes que como ríos atraviesan la obra de Caicedo. Sus personajes son seres angustiados que lentamente van descendiendo por un abismo, una especie de tobogán sin fin por el que avanza sinuosamente la rubia protagonista de “Que Viva la Música”, guiada por la sensibilidad musical, hasta llegar a los bajos fondos de la ciudad de Cali, construida sobre el mito de la búsqueda de la felicidad que existencialmente siempre le fue esquiva a Caicedo.

La influencia de su narrativa en el panorama literario colombiano es indudable y continúa vigente. Su sensibilidad para vivir en un mundo hostil que lo acechaba, lo acosaba, y lo estrangulaba, y termino por vencerlo, hacen del mito de Caicedo, una especie de superhéroe para la juventud colombiana.

Nalgas y Libros | contacto@nalgasylibros.com