Al mar. Por Gertrudis Gómez de Avellaneda

Por redaccionnyl el 04/04/2016

Suspende, mar, suspende tu eterno movimiento,
por un instante acalla tu hórrido bramar,
y pueda sin espanto medirte el pensamiento,
o en tu húmeda llanura, tranquilo reposar.

 
 

Del infinito imagen terrífica y sublime,
concíbete la mente temblando el corazón;
tu inmensidad severa con su poder me oprime,
y comprenderte no osa mi tímida razón.

¡espíritu invisible que reinas en su seno
y oscilación perpetua le imprimes sin cesar!
¿Qué dices cuando bramas, terrible como el trueno?
¿Qué dices cuando imitas doliente suspirar?

Coloso formidable, te he visto en tu osadía,
para escalar el cielo montañas levantar,
y al trueno de la altura tu trueno respondía,
cual si al furor divino quisieras insultar.

Mas luego, quebrando tu poderoso orgullo,
Atleta ya vencido, mirábate rendir,
y en la rivera humilde, con lánguido murmullo,
rodabas por la arena tus olas de zafir.

Así la fe se eleva y en lo interior del alma,
Venciendo tempestades, conserva su vigor:
¡prosigue, mar, prosigue, y en tempestad o calma
proclama la grandeza de tu inmortal autor!

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