Absurdas soledades detrás de Un Cuento Chino

Por Javier Morales el 21/06/2016

Que una vaca caiga del cielo y mate a la mujer a la que acabas de pedir matrimonio no puede tratarse de un simple absurdo, tiene que ser algo más; tal vez sea Dios en su infinito ocio buscando una nueva manera de añadir sufrimiento a un pobre desgraciado (que se cree feliz, para colmo) explotando al máximo su creatividad.

 
 

Así lo ve Roberto, el protagonista de la más reciente película del cineasta argentino Sebastián Borensztein.

Roberto es dueño de una modesta ferretería en Buenos Aires y es feliz porque está solo; su compañía se reduce a los clientes (a quienes detesta), Mari, una bella mujer (a quien rechaza), un monumento de figuras de cristal en honor a su fallecida madre (que es lo único que le queda de esa mujer que adora aunque nunca la haya conocido), y un libro lleno de recortes de periódico con noticias absurdas de todo el mundo (que alimentan su certeza sobre la burlona desgracia que es para todos nosotros el hecho de estar vivos). Así es el protagonista de esta historia que nos enseña que, más que huir de los hechos absurdos de la vida, podríamos, tal vez, entender que esos hechos inexplicables alimentan aquello que hace de nuestra existencia un suceso único e irrepetible.

¿Cómo se puede convertir la vida de un hombre como Roberto, un cascarrabias solitario por elección y convicción, en una historia que nos enseñe a valorar las desgracias de lo absurdo que es vivir? Esto solo es posible cuando aquello en lo que tanto creemos y que nos da aliento, o que de alguna manera le da sentido a nuestras vidas, toca a nuestra puerta y nos vemos obligados a enfrentarnos cara a cara con ello. Así, las noticias absurdas, que alimentan de cruel ironía el sentido de la existencia de Roberto, llegan a su vida como menos las esperaba.

Jun, un joven chino de apenas veinte años, se encuentra perdido en Buenos Aires, sin dinero, sin hablar una pisca de español, buscando a un tío que lo reciba después de haber tenido que huir por una tragedia vivida en su país. Jun no encuentra a su tío, pero encuentra a Roberto, tal vez el último hombre con el que se debió encontrar en una ciudad tan basta como Buenos Aires. Al menos es lo que imaginamos sabiendo que Roberto sencillamente es incapaz de relacionarse con otro ser humano, ¡cómo rayos se va a relacionar con un chino! Pero dentro de la dureza del carácter de Roberto aflora un sentimiento más de obligación que de solidaridad con el pobre Jun y lo aloja en su casa.

Mari, la mujer que logra ver en Roberto las cualidades y virtudes que nadie más puede ver, o siquiera imaginar, aprovecha la situación con el chino desamparado para acercarse a Roberto, para ablandar su corazón. Pero, ¿cómo ablandar el corazón de un hombre que tiene todo el peso de su existencia sobre sus hombros, que se siente culpable de la muerte de su madre quien fallece al traerlo al mundo, un hombre que tuvo que sufrir la horrible experiencia que pesa sobre toda una generación de hombres y mujeres argentinos: la Guerra de las Malvinas? La simple alusión a la pregunta es ya otro claro absurdo dentro de las obscenas particularidades de la vida.

Un Cuento Chino retrata el cambio interior de un hombre que ve la vida como un chiste de muy mal gusto, un chiste que a él mismo le hace gracia, y que, cuando entiende que ese sinsentido, que tanto lo fascinó toda la vida, está frente a él en la triste tragedia del pobre Jun, ahí Roberto sabe que no hay razón para agregarle más sinsentidos a la vida, pero, sobre todo, que no es posible afrontar el absurdo en soledad.

La historia de Borensztein, protagonizada por el reconocido actor Ricardo Darín, es maravillosa porque a pesar de ser un tributo a los hechos inexplicables de nuestra existencia, está basada en hechos reales: una vaca que hundió un barco pesquero japonés al ser arrojada desde un avión por ladrones rusos, y una historia cuyo titular en su momento, según Borensztein, fue la cumbre del sinsentido para todos los argentinos: “Argentina entra en guerra con Inglaterra…”.

No lo dudemos más, así se trate de un simple “cuento chino”, la realidad supera toda ficción.

Nalgas y Libros | contacto@nalgasylibros.com