“A través del espejo”, el reflejo imposible

Por redaccionnyl el 06/01/2017

En la cubierta de «A través del espejo», un cuadro miente o delira. Se trata de «La reproducción prohibida», de René Magritte, la icónica imagen de un espejo que refleja la espalda de un hombre que lo mira de frente.

Este reflejo imposible es una buena aproximación al contenido de las páginas de esta cuidada antología a cargo de Andrés Ibáñez (Madrid, 1961). En ella, el escritor reúne las mejores historias escritas al hilo de la fascinación por esta ventana al infinito que son los espejos.

Autores de la talla de Borges, Poe, Chesterton, Virginia Woolf, Schwob o Lovecraft y otros escritores menos conocidos como Arthur Quiller-Couch, Edogawa Rampo o Jurgis Baltrušaitis se dan cita en esta magnífica selección de textos de ficción, ensayo y otras disciplinas. Una selección que es, en realidad, un paseo por nuestra civilización a través de la búsqueda del yo, desde el reflejo de nuestros antepasados en los lagos y los primeros azogues de cobre.

Una piedra mágica

En el prólogo, Ibáñez cuenta que su fascinación por estos misteriosos pero cotidianos objetos empezó con un espejo azteca de obsidiana que se encuentra en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Se trata de un espejo que tiene una pequeña singularidad; es negro y cuando uno intenta buscarse en su reflejo, no se ve. La obsidiana es una piedra mágica y quizás revele el misterio de los espejos, a saber: que solo muestran un cierto tipo de oscuridad, la que conformamos nosotros disueltos en el reflejo, en lo otro.

Los espejos son objetos metafísicos, casi mágicos, y su función no es otra que la de duplicar el mundo, como lo hace también nuestra mente, o el arte. De hecho, el propio acto de escribir puede entenderse como el de construir un espejo de palabras. En el primero de los relatos de esta antología, el mito de Eco y Narciso tal y como lo cuenta Ovidio en las «Metamorfosis», Narciso muere ahogado, incapaz de separarse de su propio reflejo, advirtiéndonos del peligro que entraña la vanidad: la muerte de disolverse en la propia contemplación. Sin embargo, a esta advertencia se le suma más tarde un recordatorio, el de que los espejos nunca mienten, ejemplificado en el ya mítico relato de Jacob y Wilhelm Grimm, «Blancanieves y los siete enanitos».

Desgracia inminente

Vanidad, verdad o autoconocimiento son conceptos estrechamente ligados a los espejos. Pero no hay que olvidarse del lado oscuro, el del ocultismo o la maldición, recogidos en esta antología en «Creencias sobre los espejos», el curioso texto de Otto Rank que ahonda en las supersticiones que giran a su alrededor: muertos que se reflejan a media noche en su superficie o la desgracia inminente que acarrea un espejo que cae al suelo y se rompe.

Otro de los relatos fascinantes es un tratado de ciencia ficción antigua de Jurgis Baltrušaitis que se pregunta sobre los espejos de Arquímedes. O los dos textos firmados por Jorge Luis Borges, quien, siendo niño, vivía aterrado por los espejos puesto que estos duplicaban el número de seres. La atracción que sentía el escritor argentino por los espejos no solo estaba relacionada con su ceguera sino también con otro tema central: la obsesión por ver el propio rostro, una obsesión infinita que nos devuelve al punto de partida, a ese cuadro de Magritte que es un recordatorio de que la visión de nuestro rostro nos está vedada.

Nalgas y Libros | contacto@nalgasylibros.com