13 reglas para que sepas si eres un verdadero revolucionario o solo un disfraz

Por redaccionnyl el 12/03/2017

Hay gente que dice ser de izquierda, revolucionaria, contracultural y antiimperialita, y que, sin embargo, lleva una vida tan suavecita que nadie podría creerle una palabra de toda esa mierda. Menos mal que Saul Alinsky diseñó las siguientes 13 reglas para que los buenos revolucionarios se identifiquen y para que los malos dejen de hablar tonterías.

Alinsky es conocido por su libro de reglas para radicales y por su lucha a favor de los más pobres en gringolandia. Hillary Clinton hizo su tesis doctoral sobre él, y otros mandatarios como Barack Obama o César Chávez —un líder campesino estadounidense— lo han citado en sus biografías. Ahora que sabe quién es el sujeto en cuestión, lea sus reglas de buen revolucionario y trate de darse cuenta de su realidad propia.

Regla 1: “El poder no es solo lo que tienes, también lo que el enemigo piensa que tienes”

Tu perorata de que un individuo no puede cambiar nada porque el poder lo tienen otros, es cansina. Debes aprender que no solo del dinero emana el poder. Según Alinsky, los pobres tienen un valor mucho más potente: su cuerpo y su sangre. ¿Acaso no tienes tú también un cuerpecito para salir a la calle a pelear por tus ideales?

Regla 2: “Nunca salgas de tu entorno”

Las cosas se deben cambiar desde la raíz (de hecho la palabra radical viene de aquí). Plantearte transformaciones de larga distancia, solo hará que fracases. ¿Por qué no sales de casa y empiezas a ver los problemas que hay en tu barrio?

Regla 3: “No entres en el discurso de los enemigos”

Te dicen que eres un utópico, que las cosas son imposibles de cambiar, etc. Pero, ojo, nunca debes entrar en las acusaciones de tus enemigos (ya sean colegas aposentados o tus padres carcas). Quédate en silencio y golpéales con tus actos.

Regla 4: “Haz que el enemigo cumpla sus propias reglas”

Cuando los que opinan distinto que tú empiecen con sus mítines y sus palabras grandilocuentes, escúchalos bien y apunta todo lo que dicen. La próxima ocasión en que os veáis, recuérdales todo lo que comentaron que harían y en realidad no han hecho.

Regla 5: “El ridículo es el arma más poderosa”

Aquí puedes ganar una enemistad de por vida. Con todo, si tu objetivo es verdaderamente acabar con los que piensan opuesto a ti, la mejor forma que tienes de hacerlo es ridiculizándoles. Ejemplo: cuando tu enemigo empiece a hablar de África y los pobres, saca el móvil y enseña a todo el mundo las fotos en Facebook de sus últimas vacaciones en la playa. Luego sueltas: sí, sí, vas de que te preocupa todo esto, pero en realidad eres un ‘burguesito’.

Regla 6: “Una buena táctica es aquella en la que disfrutas”

Si para ser radical y vivir según tus ideales tienes que ser como un monje, más te vale abandonar tu lucha. Tal y como dijo la periodista June Fernández: “Si no puedo perrear, no es mi revolución”.

Regla 7: “Una táctica o una estrategia que se arrastra demasiado, acaba aburriendo”

Si quieres convencer a amigos y familia de tus ideales, no puedes ser el típico pelmazo. Cada vez que quedas con gente sueltas tu mitin que en realidad son cuatro ideas que cambian de orden según el día. Al final acabarás aburriendo y nadie se acercará a ti.

Regla 8: “Mantén la presión con diferentes tácticas. Pero nunca dejes de presionar”

Envía algún enlace de Twitter con información transformadora, suelta mítines (¡claro que sí!), ponle a tus colegas una canción molona en la que la letra habla de injusticia o libertad. Juega las diferentes cartas del radical.

Regla 9: “La amenaza es más aterradora que la realidad”

Hay que reconocer que este punto te puede convertir en un ser odioso, pero bueno, lo haces para cambiar las cosas. Exagera tus informaciones, ponle salsa a tus ideas. Vale, no mola mucho, pero tal y como está el mundo hoy día, no tendrás que dramatizar excesivamente.

Regla 10: “Presiona constantemente a la oposición”

Si quieres que tu padre y tu madre conservadores cambien de ideas, no puedes dejar de asaltarlos con tu postura siempre que puedas. Alíate con tus hermanas y hermanos, con los primos o con los vecinos para formar un frente común y para que tus padres no pasen un momento al día sin escuchar tus ideas radicales. Tal vez acabes desheredado, pero habrá valido la pena… o no.

Regla 11: “No tengas ideas vagas”

Las frases que contienen los conceptos “mundo”, “pobreza”, “reto global” o “cambio general” están destinadas a fracasar. Los buenos radicales focalizan y delimitan sus críticas: ¿Dónde? En el Estado Español. ¿Quién? El Ministro del Interior. ¿Qué? Ha dado la medalla de oro del orden policial a la Virgen María.

Regla 12: “Si defiendes con intensidad una idea negativa, puede acabarse convirtiendo en positiva”

Otra idea de las chungas. Si tienes el convencimiento de que la violencia es un camino a seguir (aunque Alinsky no la contempla) debes defenderla con muchísima intensidad, hasta las últimas consecuencias. Puede que algún día esa idea se convierta en algo bueno. No sería la primera vez en la historia que la violencia está justificada.

Regla 13: “Cualquier ataque exitoso, tiene como consecuencia una iniciativa constructiva”

Finalmente, tu enemigo (el típico compañero de la universidad con el que discutes de política en el bar) ha reconocido que tienes razón. Podrías, entonces, recrearte en tu victoria y decirle al resto de amigos presentes que eres el tipo más sabio del lugar. En vez de eso, lo que tienes que hacer en ese instante de gloria es buscar una opción de consenso con todo el grupo.

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