10 fraudes científicos que dejaron en ridículo a los supuestos sabios del planeta

Por redaccionnyl el 07/07/2017

Un perro en la junta

Un perro australiano formó parte de la junta de siete revistas científicas después de que su dueño, el investigador Mike Daube, le creara una personalidad falsa con el objetivo de denunciar el escaso rigor de muchas publicaciones. En su nutrido (y ridículo) currículum, Ollie (bajo el nombre de Olivia Doll) afirmaba ser experto, en masajes caninos y en campos como la medicina respiratoria, la psiquiatría y el abuso de drogas.

Un avatar polaco

Ollie no es el único miembro de una junta cuestionable. En 2015, un equipo de investigadores se inventó a Anna Olga Szust, una falsa investigadora con un CV imaginado que escribió correos a 360 revistas científicas para trabajar en ellas. Aunque muchas rechazaron el ofrecimiento o no respondieron a él, varias, y entre ellas una española, aceptaron su solicitud.

La firma de los Simpsons

Lo firmaban Edna Krabappel y Maggie Simpson y también un tal Kim Jong Fun. Además, estaba lleno de sinsentidos. Y aún así, el paper fue fue aceptado por dos revistas científicas: Journal of Computational Intelligence and Electronic Systems y Aperito Journal of NanoScience Technology. ¿Cómo? Porque son dos revistas depredadoras, publicaciones fraudulentas que acepta los estudios sin revisar (a pesar de proclamar lo contrario) con el objetivo de engañar a jóvenes científicos a los que hacen pagar una cuota por aceptar el texto.

La falsa clonación

En dos publicaciones en los años 2004 y 2005, el científico Hwang Woo-suk anunciaba que había conseguido clonar un embrión humano y extraer células madre de él, algo que abría la puerta a grandes avances en la curación de enfermedades. Sin embargo, solo un año más tarde una comisión de investigación de la Universidad de Seúl confirmaba que había falsificado los experimentos y que nunca existieron dichas células madre. Condenado a dos años de cárcel que no tuvo que cumplir, el logro que sí que se le reconoce es el de la primera clonación con éxito de un perro en 2005.

El falso escándalo de las vacunas

Tristemente de moda, el falso nexo entre vacunas y autismo tiene parte de su origen en un estudio fraudulento llevado a cabo por el por el doctor Andrew Wakefield. En 1998, este médico publicaba un artículo en la revista The Lancet en el que afirmaba que la vacuna de la triple vírica causaba autismo en niños. Aunque luego se descubrió que el estudio era fraudulento, los métodos erróneos y que él tenía conflictos de intereses financieros, el daño ya estaba hecho y una parte de la sociedad se creyó las afirmaciones de este especialista al que se le retiró la licencia para ejercer la medicina en Reino Unido y que todavía hoy sigue siendo estandarte del movimiento antivacunas.

Una teoría sin probar

La ciencia sueca no gana últimamente para disgustos y es que después de que la cúpula del Instituto Karolinska de Suecia, que alberga al organismo que otorga el premio Nobel de Medicina, tuviera que dimitir por un escándalo relacionado los trasplantes de tráquea, un estudio de la Universidad de Upsala fue retirado y calificado de fraudulento. El trabajo defendía que los desechos en forma microplásticos que abundan en el mar aumentan la mortalidad de algunos peces. Sin embargo, tras la alerta de varios científicos, un comité dictaminó que el trabajo tenía irregularidades y falta de datos básicos y recomendó su retirado afirmando que sus autores eran culpables de deshonestidad científica.

El récord de la falsificación

Aunque algunos científicos han sido acusados de fraude en uno (o varios) papers, hay un japonés que les saca ventaja a todos en el arte de la mentira científica. Se trata de Yoshitaka Fujii, un médico anestesista que publicó un total de 212 estudios. Después de una investigación exhaustiva de su trabajo, tras surgir cuestiones sobre él, se descubrió que solo tres de sus trabajos estaban claramente libres de duda y que 193 empleaban datos falsificados.

El hombre de Piltdown

El hombre de Piltdown es uno de los fraudes científicos más antiguos y también el que más tiempo se mantuvo. En 1912 se presentaba una calavera que, según los expertos de la época, se correspondía con el eslabón perdido entre hombre y mono. Sin embargo, en 1953 el fraude era expuesto y se daba a conocer que los restos eran en realidad parte de un cráneo humano y una mandíbula de orangután machados para igualarlos y darles apariencia de antigüedad. Aún así, el hombre de Piltdown sigue teniendo consigo otro misterio por exponer, ya que todavía no se ha podido probar quién fue el falsificador que fabricó el cráneo (aunque todas las miradas recaen sobre Charles Dawson, el arqueólogo que lo descubrió y que también falsificó otros objetos durante su carrera).

Enterrados y desenterrados

No es el único escándalo de la paleontología. En Japón, a partir de la década de los 70 el arqueólogo Shinichi Fujimura revolucionó la concepción existente hasta entonces de las fechas en las que se inició el Paleolítico en el país debido a sus hallazgos. Sin embargo, después de una meteórica carrera, en el año 2000 una publicación japonesa reveló imágenes del científico plantando los objetos que después descubría y exponiendo su gran mentira.

Los que están por venir

Según un estudio reciente, decenas de ensayos clínicos contienen patrones estadísticos sospechosos, lo que podría indicar que sus datos son incorrectos o están falsificados. Y aunque las conclusiones del análisis pueden parecer exageradas, la persona detrás del estudio es John Carlisle, el experto que destapó el escándalo del anestesistas japonés y su fraude de récord. ¿Será alguno de los estudios señalados por el trabajo de este investigador realmente fraudulento?

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