10 escritores costarricenses que deberías leer alguna vez en tu vida

Por redaccionnyl el 28/06/2016

Aquileo Echeverría (1866-1911)

Escritor costarricense, natural de San José. Viajero en su primera juventud, conoció en Nicaragua a Rubén Darío, entonces líder en ciernes del futuro modernismo, con quien colaboró en la revista La Unión de El Salvador, en 1884. Retirado a sus posesiones campesinas, enfermó gravemente, se trasladó a París en busca de tratamiento y acabó sus días en Barcelona (Catalunya). Su obra consta de dos volúmenes de poesías, Romances (1909) y Concherías (1905). Este curioso nombre proviene de concho, el campesino costarricense. En estas piezas, que acuden a la narración, la escena y el retrato de personajes típicos, es dable rastrear sus lecturas de los clásicos españoles, mezcladas con el lenguaje popular, a veces a la manera del argentino José Hernández en su famoso poema gauchesco Martín Fierro.

Joaquín García Monge (1881-1958)

 
 

Escritor costarricense nacido en Desamparados, San José. Estudió en el Liceo de Costa Rica, siendo profesor, director de la Biblioteca Nacional (1920) durante 16 años y de la Escuela Normal, prestigiosa institución hoy dependiente de la Universidad Nacional de Costa Rica. Considerado como el creador de la novela realista costarricense, su gran obra, la revista internacional Repertorio Americano (1919-1958), difundida y leída en todo el mundo hispano parlante, y publicada durante casi cuatro décadas, se convirtió en la cuna de las ideas e inquietudes de todo el mundo intelectual latinoamericano de la época. Es autor de las novelas, Hijas del campo (1900), El Moto (1900), Abnegación (1902) y La mala sombra (1917). Murió en San José el 31 de octubre de 1958.

Max Jiménez (1900-1947)

Poeta, novelista, pintor y escultor costarricense nacido en San José. Es el primer escritor de este país que inicia un esfuerzo consciente por incorporar los procedimientos de vanguardia a la literatura nacional como respuesta crítica a las crisis y transformaciones de su época. Figura compleja, polifacética y solitaria, miembro de una generación marcada por el desencanto de entreguerras y por la crisis de 1929, su literatura combina elementos del romanticismo, el modernismo y la experimentación vanguardista. En sus tres obras narrativas, plasma el lamento lírico-existencial ante la ausencia de plenitud y de sentido en un mundo entregado a la corrupción, el absurdo y la muerte. Así en Unos Fantoches (1929), desarrolla un triángulo amoroso; en El domador de Pulgas (1936), los vanos esfuerzos de un domador por redimir el mundo de sus pulgas amaestradas y en El Jaul (1937), narra la vida en San Luis de los Jaules. Es autor también de los libros de poesía, Quijongo (1933), Revenar (1936), Poesías (1936) y Sonaja (1936); además del libro Ensayos (1926). La característica más destacada de Max Jiménez es la sensación de disgregación y caos que provocaba la crisis y la quiebra de la sociedad tradicional y el viejo orden liberal, una respuesta ambigua y compleja que oscila entre la risa carnavalesca, la parodia lúdica, la denuncia patética o el lamento lírico. De aquí el recurso constante a la sátira, la ironía y la parodia, una estética de lo caricaturesco, lo grotesco, lo informe o deforme, que muestra un mundo dislocado o al revés, la ausencia o la perversión del sentido. Cultivó con éxito el amplio espectro de campos artísticos en que incursionó: pintura, escultura, dibujo, grabado, poesía, narrativa y ensayo, además de haber sido un viajero incansable, hecho que le dio oportunidad de estar fuertemente ligado a las vanguardias pictóricas europeas. Murió en Buenos Aires en 1947.

Carlos Luis Fallas (1909-1966)

Escritor costarricense. A lo largo de su vida fue obrero del ferrocarril, peón campesino, cargador de muelles y albañil, por recordar algunos de los muchos oficios que desempeñó y que muy pronto le obligaron a abandonar los estudios. Miembro del Partido Comunista, para la literatura fue fundamental su experiencia como cortador de banano y organizador de las huelgas de los trabajadores en las plantaciones de la United Fruit Company, experiencia en la que basó Mamita Yunai (1941), su novela más conocida y sin duda una muestra destacada de la literatura de protesta social que abundó en esos años. En ella denunció los abusos de los poderosos locales y del imperialismo estadounidense, y mostró una naturaleza que se mostraba hostil con los campesinos. Fallas es también autor de las novelas Gentes y gentecillas (1947), Mi madrina (1950) y Marcos Ramírez (Aventuras de un muchacho) (1952), donde las historias narradas se enriquecen a veces con humor e ironía que recuerdan la novela picaresca. Tres cuentos (1967) se publicó después de su muerte. © M.E.

Yolanda Oreamuno ((1916-1956)

Escritora costarricense que destacó por su obra introspectiva. Nació en San José de Costa Rica, aunque vivió en muchos países americanos, como Chile, Guatemala, México y Estados Unidos de América. Con Fabián Dobles y Joaquín Gutiérrez forma la tríada que renovó las letras de su país, pero ella no siguió la vía de sus compañeros, el realismo social, sino que optó por el psicoanálisis y todo lo que esta disciplina ofrece. Así, en su única novela, La ruta de su evasión (1949), se adentra en los terrenos de la introspección para indagar en mundos y personajes oscuros, amargos, difíciles. Esta exploración, en la que usó el monólogo interior, la sitúa como una gran renovadora de la literatura costarricense. Preocupada por el hecho literario en sí, escribió muchos ensayos críticos que fueron publicados en 1961 con el título de A lo largo del camino.

Joaquín Gutiérrez Mangel (1918-2000)

Escritor costarricense nacido en Limón. Reconocido intelectual y extraordinario jugador de ajedrez, fue uno de los escritores más representativos de la literatura contemporánea de este país. No sólo destacó en la literatura, con obras como Poesía (1937), Jicaral (1938), Cocorí (1947), Manglar (1947, su primera novela), Puerto Limón (1950), La hoja de aire (1968), Murámonos, Federico (1973), Volveremos (1974), Te acordarás, hermano (1978), Chinto Pinto (1982), Vietnam. Crónicas de guerra (1988), Crónicas de otro mundo (1999) o Los azules días (1999), sino que fue reconocido mundialmente por la calidad de sus traducciones de obras de autores clásicos, como Shakespeare, y por su trabajo periodístico, tanto en la Guerra de Vietnam, como en diarios de Chile, país dónde vivió 25 años. Además fue locutor, traductor y reportero, siendo amigo personal de Pablo Neruda y de Salvador Allende, quien personalmente lo puso al mando de la Editorial Quimantú (El Sol del Saber, en mapudungún). Esta editorial fue el proyecto librero de mayor envergadura que ha conocido Chile. Joaquín Gutiérrez Mangel que creó el personaje infantil de Cocorí, que se hizo mundialmente famoso, indagó la historia e identidad costarricenses, defendiendo valores como la independencia de pensamiento, la soberanía, la justicia y la solidaridad.

Fabián Dobles, (1918-1997)

Escritor costarricense en cuyas novelas denuncia las injusticias y privilegios que se dan en la sociedad de su país. Nació en Atenas (Costa Rica) y estudió Derecho, aunque nunca ejerció la profesión de abogado. En torno a la década de 1940, Costa Rica experimentó un cambio social importante; los movimientos populares exigían la reforma agraria a la vez que la industria cafetera cedía ante la bananera, con lo que hubo grandes migraciones desde el campo a las ciudades portuarias. En este ambiente surgió un grupo de escritores, a los que se les conoce como la generación del 40, entre los que se encontraban Joaquín Gutiérrez, Carlos Luis Fallas, Yolanda Oreamuno y el mismo Fabián Dobles, que escribieron novelas sociales. El compromiso político de Dobles le hizo observar la realidad desde ópticas marxistas, y así surgen novelas como Ese que llaman pueblo (1942), sobre las penurias de un joven campesino; Una burbuja en el Limbo (1946), su obra más valorada; El sitio de las abras (1950), sobre su tema más recurrente: el despojo de las tierras a los campesinos; Los leños vivientes (1962) cuenta la represión política que siguió a la guerra civil de 1948 en Costa Rica; En el San Juan hay tiburón (1967) trata de la lucha contra Somoza en Nicaragua. En sus cuentos, la temática es la misma, y entre ellos se pueden destacar: Tú, voz de sombra (1942), Verdad del agua y del viento (1949), Yerbamar (1949). También ha publicado colecciones de cuentos, como Historias de Tata Mundo (1955), El targuá (1960), El violín y la chatarra (1966) y Cuentos de Fabián Dobles (1972).

José León Sánchez (1929-)

Escritor costarricense nacido en Río Cuarto. Frecuentemente considerado como uno de los autores más destacado e inusual en la literatura costarricense, Sánchez posee una manera única de combinar el humor con el realismo crudo y descarnado típico de la época en la que vivió. En 1963, la noticia de que un reo había ganado el Primer Premio del cuento de los Juegos Florales, causó asombro en Costa Rica. Nació como el último de una familia donde solamente había mujeres y abundaba el hambre. Su madre, al no poderlo mantener, lo regaló a los pocos días de nacido. Le tocará vivir el ambiente del Hospicio de Huérfanos y luego en el Reformatorio de San Dimas, donde se convierte en un delincuente juvenil que lo llevará a los 20 años a verse metido en un delito por el que se le condena a 45 años de prisión. Este es el mismo presidiario al que Costa Rica le rinde homenaje un día en el Teatro Nacional ante una silla vacía, que simboliza su nombre ausente en la lejana isla de San Lucas, por ganar el premio Juegos Florales 1963 con el cuento El poeta, El niño y El río. Dos años después ganaba un premio internacional de literatura con su obra Cuando canta el caracol, en el Festival de Artes y Letras de la República de Guatemala. La Editorial Costa Rica ha publicado sus mejores cuentos bajo el título La Cattleya Negra. José León ha pasado sus últimos años de condena, gozando de libertad condicional. Trabaja en la Secretaría Municipal de Desamparados y tiene actividades intelectuales en la capital. Recibió Mención de Honor de los Juegos Florales Costarricences-Centroamericanos, 1969, con la novela La Colina del Buey.

Jorge Debravo (1938-1967)

Poeta costarricense nacido en Guayabo de Turrialba, Cartago. Se dice que su madre le enseñó a escribir las letras y su nombre en hojas de plátano. En 1959 fundó junto a Laureano Albán y Marcos Aguilar, el Círculo de Poetas Turrialbeños. Gran lector de Whitman, Neruda, Vallejo, Darío y Bécquer, tuvo una corta pero prolífica obra que representa en la poesía costarricense un vivo milagro abierto. Dejó en la historia de Costa Rica una imagen entrañable de poeta y de hombre excepcional que supo plasmar un hondo mensaje humano y social. Su obra tiene gran significado y hoy en día su poesía tiene gran difusión en otros países, pues la temática que desarrolló, profundizó y plasmó en sus versos es de carácter universal y tendrá siempre vigencia, pues el hombre, el amor, el dolor y la solidaridad humana son la esencia y centro vital de su producción literaria.

Ana Istarú (1960-)

Escritora costarricense que cultiva la poesía y la dramaturgia. Los críticos destacan que su poesía está cargada de erotismo —lo que ha dado pie a la polémica entre los lectores—, al tiempo que tiene perspectiva de género, es decir, que es muy femenina. En ella Istarú expresa sin ningún temor los sentimientos más profundos de la mujer. Su obra, tanto poética como dramática, y su trabajo de actriz han sido merecedores de varios premios. Antologías americanas y europeas han seleccionado sus poemas, que también han sido traducidos a diversos idomas, como el alemán, francés, holandés, inglés e italiano.

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